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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

viernes, 21 de abril de 2017

Perlicas


- Que nos dé igual lo que piensen de nosotros eso es sólo el principio de la liberación. El paso decisivo es que nos dé también igual lo que pensamos de nosotros mismos. El contenido de nuestra mente no es una elección propia. Obsérvala y verás cuán caótica, maniática y repetitiva es, y cuán poco tiene que ver contigo.

- ¿Somos lo que hacemos o somos lo que pensamos? Esa pregunta está trasnochada, es un mendigo vestido de príncipe, no tiene profundidad alguna y genera un debate infantiloide. Si no sabes por qué es que estás profundamente dormido. Disfruta del sueño. Ya despertarás... o no.

- ¿Crees que hay Dios o crees que no hay Dios? 
Que tienes pies lo sabes aunque no los veas ni camines, pero en Dios tienes que creer o descreer, ¿por qué?

- Ningún pensamiento puede encapsular la Verdad.

- No se trata de resolver problemas, se trata de disolver eso que llamamos problema.

- El genocida inocente más grande de todos los tiempos se llama René Descartes.

- El Efecto Observador postulado por el experimento de la doble ranura en el que se demuestra que la observación hace colapsar la onda en partícula es la llave conceptual que explica la creación del universo, es el desfiladero por el que la mente se suicida, es la aduana misma de la espiritualidad. La pena es que los sofás no viajen y tengamos el pasaporte ranciado. 

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