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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 30 de abril de 2017

Más libreta




Coge una gota de agua, aíslala, ponle nombre y tendrás una tragedia acuática. Déjala donde y como está, no la escudriñes, sólo escúchala y el mismísimo mar te hablará. 

Toma tu vida, etiqueta lo que haces, construye un sofá de ideas para descansar, llama 'relación' a lo que te pasa con los demás y tendrás un criadero de fracasos. Sé, no esperes nada, acepta el baile de las formas, utiliza síes para escribir los noes y entenderás lo que es un huracán de paz. 

- Eso que llamas amor es apego
- ¡No es cierto, yo quiero a esa persona!
- Es es el problema, que la quieres (para ti). Te has aficionado a ella. 

- ¿Qué sentido tiene la vida?
- ¡Qué manía con el sentido! ¿Y quién es ese tal 'sentido' que tiene que estar siempre en todas las cosas? ¿No tendría más sentido que el sentido estuviera a veces ausente, quizás descansando?

¿Quién respira por mí?

- Te deseo que no desees nada.  
- ¿Acaso quieres que me muera?
- No, quiero que seas libre... del mundo

- Soy la ira, y vengo a destrozar tu casa.
- ¡Ah, sí, te conozco! Pasa, por favor, no te quedes ahí -le dije-. 
Y se fue.  

Transformo una manzana y la convierto en un cuerpo humano y nadie se asombra. Corto la baraja con una mano y todos se preguntan cómo lo hago. 
Me asombran los asombros. 

viernes, 21 de abril de 2017

Perlicas


- Que nos dé igual lo que piensen de nosotros eso es sólo el principio de la liberación. El paso decisivo es que nos dé también igual lo que pensamos de nosotros mismos. El contenido de nuestra mente no es una elección propia. Obsérvala y verás cuán caótica, maniática y repetitiva es, y cuán poco tiene que ver contigo.

- ¿Somos lo que hacemos o somos lo que pensamos? Esa pregunta está trasnochada, es un mendigo vestido de príncipe, no tiene profundidad alguna y genera un debate infantiloide. Si no sabes por qué es que estás profundamente dormido. Disfruta del sueño. Ya despertarás... o no.

- ¿Crees que hay Dios o crees que no hay Dios? 
Que tienes pies lo sabes aunque no los veas ni camines, pero en Dios tienes que creer o descreer, ¿por qué?

- Ningún pensamiento puede encapsular la Verdad.

- No se trata de resolver problemas, se trata de disolver eso que llamamos problema.

- El genocida inocente más grande de todos los tiempos se llama René Descartes.

- El Efecto Observador postulado por el experimento de la doble ranura en el que se demuestra que la observación hace colapsar la onda en partícula es la llave conceptual que explica la creación del universo, es el desfiladero por el que la mente se suicida, es la aduana misma de la espiritualidad. La pena es que los sofás no viajen y tengamos el pasaporte ranciado. 

jueves, 20 de abril de 2017

Zumbido


Imagino una olla de chocolate hirviendo y pienso… la próxima burbuja… ¿dónde aparecerá, y por qué ahí, entonces, y no más tarde o antes y en otro lugar?

Lanzo un puñado de arena a los ojos del viento y me pregunto… los granos… ¿cuántos serán y qué trayectorias seguirán?, ¿habrá algún grano en algún lugar que haya seguido antes esa trayectoria ya?

Arrojo una piedra al agua y juego a adivinar… las gotas… ¿hacia dónde salpicarán?, ¿cuántas olas se formarán, hasta dónde llegarán y cuándo desaparecerán?, ¿recordará el estanque la piedra que le acabo de tirar?

Inspiro y pienso… ese aire… ¿a qué alvéolos llegará, y por qué a esos y no a todos? Y el pulmón... ¿cuánto se hinchará?

Persigo una hoja planeadora y calculo… su trayectoria… ¿cuándo cambiará?, ¿hacia dónde, por qué y con qué velocidad?
Y esa hoja vapuleada… ¿dónde parará y qué gusano se la comerá? 

Me siento olla burbujeante, puño lanzando arena, alvéolo aireado, hoja viajera, gusano hastiado y estanque apedreado. Una horda de acúfenos conceptuales me secuestra y me encierra sin piedad en una jaula de neuronas condenándome a caer por el acantilado de la imposibilidad.

Quizás es que soy cascada, yo su agua y mi vida un caer;
quizás mi muerte un salpicar, y una ola mi trascender.

¿Es el orden un caos numerado?, ¿tengo límites?, ¿por qué no me puedo abarcar?, ¿cuántas gotas soy y qué estoy destinado a mojar?, ¿es el destino una forma de humedad?...

¡Basta!, no para el zumbido; la lógica y absurdidad -las dos en comandita- me van a destrozar.

- Escrito el 27 de febrero de 2015. 

jueves, 13 de abril de 2017

No eres tú


La habitación no es lo que hay en la habitación, es el espacio en el que está lo que hay en la habitación. 

Posesiones, trabajo, estatus social, reconocimiento, conocimiento, formación, apariencia física, habilidades, relaciones personales y familiares, historia, logros, expectativas, pensamientos, emociones, sistema de creencias políticas, de género, nacionalistas, raciales, religiosas, y cualquier otro tipo de identificación externa y/o colectiva NO ERES TÚ. Tú eres lo que queda cuando quitas todo eso. 

¡DES-CÚBRETE y despierta!

martes, 11 de abril de 2017

Carta en presente a un amigo de otro ahora



Querido amigo,

He disfrutado muchísimo leyendo tu carta porque ha sido como un billete gratuito de vuelta a la capital de nuestra amistad, con vislumbres de pasado pero en puro presente. Durante este par de días que han transcurrido desde que la recibí me han ido apareciendo en la mente de manera intempestiva recuerdos de aquella época, y en alguna ocasión me he reído yo solo evocando eventos y personas que están tan dentro de mí como un insecto en ámbar

Te cuento que hace poco me cogí unos días de vacaciones y estuve una semanita en Calcuta, donde fui a hacer un voluntariado (o más bien voluntariadito) a la institución de la Madre Teresa. Había por allí una frase que dijo esta mujer que rezaba así: “I prefer you to make mistakes in kindness than to work miracles in unkindness” ("Prefiero que cometas errores con bondad a que hagas milagros con maldad"). Pensando en este mensaje y quitándole todo el misticismo religioso que pueda tener, me queda una idea con la que comulgo totalmente, y es la de que cuando uno hace algo desde el sosiego, no reactiva sino productivamente, sin pelearse con nada ni con nadie, sin necesidad y sin perseguir un objetivo concreto, simplemente haciéndolo porque algo allende tu propia mente te lo pide, entonces lo que haces va impregnado de una variable cualitativa diferente, pura, como guiada por una inteligencia que está más allá de cualquier pensamiento y propósito, y de esa manera uno riega de frescura la acción, con quién la hace e incluso el lugar en el que la hace. Es como una fragancia.

Por otra parte, cuando se hace algo con un fin muy concreto y se persigue sólo conseguir algo, entonces la acción en sí queda como puenteada, se obvia, se salta, se convierte sólo en un medio para un fin, no en algo en sí con entidad propia, y por tanto impregna el ambiente de vacuidad y de sombras y pierde calidad. Es como un pedo.

Hay hoy en día millones de personas que hacen diariamente auténticos milagros “in unkindness”, y cuando digo “unkindness” no quiero decir que les falte amabilidad o bondad –que también- sino que consiguen sus objetivos pero lo hacen yendo a contracorriente, buscando pelea, reaccionando violentamente ante las cosas, no acompañándolas, desoyendo la vida, compitiendo con todo. Una de las características fundamentales del ego es que necesita contraste, enfrentamiento y juicio, precisamente para afirmarse a sí mismo por contraposición. Necesita que otro esté equivocado para él mismo estar en lo cierto y de esa manera identificarse y sobrevivir. El nivel egóico del humano medio de hoy en día es kilimanjárico. ¿Contra quién nos estamos peleando?

El otro día pensé en un ejemplo muy sencillo que me dio una pista bastante clara sobre cómo interpretar los comportamientos ajenos (y el propio, claro). Es un ejemplo casi de Barrio Sésamo, pero muy elocuente: si aprietas una naranja sale zumo de naranja porque es zumo de naranja lo que tiene dentro. ¿Qué sale cuanto te aprietan a ti?, ¿qué sale cuando la vida te exprime un poco? Todos sabemos que la vida nos va apretar. La cuestión no está, pues, en si nos aprieta o no -porque nos apretará sí o sí- sino en estar pendiente de lo que criamos dentro, porque eso es lo que saldrá. Cuando hablamos de los demás estamos en realidad hablando de nosotros mismos. Estamos drenando lo que llevamos dentro, y lamentablemente lo que en muchos casos llevamos dentro es bilis, es decir, una chafardera necesidad de descalificación de los demás. Es una patología seria que colectivizada provoca guerras, muerte y el asesinato de nuestro planeta, ya que el planeta no es otra cosa que un ser vivo.  El tratamiento es muy sencillo, consiste sólo en ser consciente de ello, pero se diría que es muy complicado, quizás porque uno sólo se da cuenta de que estaba dormido cuando se despierta, y este sueño malo está durando demasiado, neones ya. 

Luchar por la paz con cualquier tipo de violencia es como gritar por el silencio. El silencio que se consiga gritando estará sucio y no tardará en hacer ruido. Luchar por el silencio es callar. Hacerlo por la paz es ser pacífico. Todo lo demás es usar un fuelle para apagar una hoguera.

Demasiado conocimiento cognitivo obtura las tuberías de la espontaneidad y lo que uno hace resulta poesía para androides, artificioso, sin magia... Yo mismo he visto que los momentos en que más creativo he sido han coincidido precisamente con ocasiones en las que me he "abandonado", en las que simplemente me he fundido con lo que tenía que hacer, o, mejor dicho, con lo que estaba pasando, y entonces las acciones han salido solas y yo sólo he hecho de intermediario. Esto ha sido, sin duda, un gran descubrimiento. De hecho, ahora cuando tengo que tomar una decisión "importante" lo que hago es precisamente quitarle toda la importancia, desentenderme de los conceptos y fundirme con la situación en sí. Actúo prácticamente sin pensar, y el resultado (que curiosamente es lo que menos me preocupa) ha sido siempre óptimo. De esta manera me convierto en taumaturgo a tiempo parcial y mi logro es milagro. 

¿Te has planteado conocer India, amigo? Este país es una cuadro de Dalí en movimiento, sin duda un buen escenario para enriquecer de preguntas la mente de alguien que vive con curiosidad y que sabe que aprender algo nuevo es lo mismo que desaprender algo viejo. ¡Ven, y destrúyete conmigo!


¡Feliz ahora!

lunes, 10 de abril de 2017

Morir mola


Hay una dimensión de la existencia en la que uno tiene la clarividencia de que todo lo que pasa es algo parecido a un sueño. Real pero sólo superficialmente. Incluso las sensaciones corporales, ya se trate de dolor o de placer, quedan confinadas en un espacio no estanco pero sí limitado de la realidad. Siempre hay algo más. 

Aspectos tan "importantes" como el trabajo, la salud, las relaciones personales, la familia, los amigos y cualquier emoción, pensamiento o acción que surja de ellos no son más que briznas minúsculas de la realidad. Expresiones de una inspiración que luego espira y expira. Todo sigue esas pautas: el corazón con sus sístoles y diástoles, el ciclo del agua con su evaporación, lluvia, riada y vuelta al mar, nuestra vida con su manifestación corpórea y su putrefacción, el cosmos mismo con su explosión, crecimiento, contracción y colapso. Todo lo que existe, por grande e inabarcable que parezca -y que de hecho sea- es un conjunto de sílabas que se pronuncian e inmediatamente enmudecen y mueren dando lugar a un discurso eterno que simplemente dice "Soy". 

Quien dijo "Mi reino no es de este mundo" no quiso decir que tuviera una parcela con piscina en otra galaxia con un trono en el salón, sino que aquí y ahora se puede conectar con la fuente y experimentar la vida en su plenitud precisamente muriéndose a todo lo externo, como quien se ausenta para encontrar su presencia, como si fuera un juego de niños sin ninguna importancia en el que los adjetivos -importante incluido- se deslizan por la realidad como lo hace el agua por el dorso del pato. 

La mente es un escalpelo que nos cuenta cómo es el universo diseccionándolo con ideas, destruyéndolo, de la misma forma que un adulto destruiría el Quijote contándoselo a un niño a base de dibujitos. Y no es que la verdad sea más complicada, es que es global, total, inefable, y no hay pensamiento que la traspase ni que pueda saborearla, siquiera lamerla.

Hay una dimensión en la que uno puede saber perfectamente lo que es eso que llamamos estar muerto. Se puede morir todos los días y todos los días volver a nacer sin que la vida quede alterada de ninguna manera. Se puede estar muerto en vida y se puede ver morir como una liberación, no como una desgracia consecuencia de la estrechez de miras de la mente y de su adicción, que se llama apego a las formas. Morir es el movimiento de sístole que crea latidos; es un colapso expansivo. No es que nacer sea empezar a morir, es que morir es terminar de nacer. Morir no destruye, disuelve. La muerte es necesaria, buena por encima del bien y del mal, bienvenida, dulce, digestiva. Morir es el acto más vital que existe, morir mola. 


sábado, 8 de abril de 2017

Abuelo cuántico


Si el abuelo átomo pudiera hablar diría cosas tan increíbles que nos quedaríamos sentados con la boca abierta escuchándole durante tanto tiempo que el tiempo dejaría de existir. Nos contaría que en su mundo, el de la física cuántica, es posible estar en varios sitios a la vez, y ser y no ser a la vez. Nos diría que aquello de “ser o no ser” no es la cuestión, sino que ni siquiera es una cuestión. 

De hecho, en ese mundo, el cuántico, no hay cuestiones porque las preguntas que se hacen tienen como respuesta sí y no y todo lo contrario. 

En el planeta cuántico no se va de un sitio a otro, sino que se está en un sito y en otro al mismo tiempo. En ese planeta las carreteras son ya el lugar al que se quiere ir, y los lugares son carreteras que llevan a todas parte y a ninguna.

Si el abuelo átomo pudiera hablar nos diría cosas que no entenderíamos, y al lamentarnos por no entenderlas nos alegraríamos de no haberlas entendido, aunque sólo fuéramos capaces de alegrarnos con lo que entendemos.

El abuelo átomo nos diría que sólo nos contaría historias de su mundo si le escuchamos, y cuando le escucháramos para que nos las contara nos diría en silencio que el cuento consiste en que lo que nos tiene que contar no podemos escucharlo.  

Si el abuelo cuántico pudiera hablar nos diría que no existimos aquí ni allá, ni antes ni ahora, sino en todas partes, en todo momento, nunca y en ningún sitio. 

Podemos no hacer caso del abuelo átomo, que seguramente tiene Alzheimer cuántico, pero lo cierto es que su historia merece la pena ser escuchada para no ser entendida.  

La física cuántica es una reyerta amistosa en la que la propia física, las matemáticas, la química y la filosofía se insultan con un abrazo

- Escrito el 29 de marzo de 2014 - 

martes, 4 de abril de 2017

El diente


El diente -para el que vivir es morder- no se siente realizado porque no puede morderse a sí mismo. 

Lo primero que tiene que hacer un diente para morderse a sí mismo es dejar de querer morder. De esta manera se olvidará de que es un diente, desaparecerá el objetivo de morderse y por tanto desparecerá también el fracaso en la consecución de ese objetivo. Morder se convertirá en una potencialidad, y el sujeto mordedor y el objeto mordido se confundirán en ella. 

El universo pasará a ser una mordida donde todo es mordido y nada es diente que muerda. 

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que con el método que se utiliza para entender el mundo exterior, utilizando la mente, uno no va a poder conocerse a sí mismo. 

Si no estás de acuerdo con lo que he dicho, entonces es que has perdido el hilo, y si estás de acuerdo es que también has perdido el hilo.

Si quieres entender, deja de intentarlo. Si quieres morder, deja de roer.