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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Escucha

Hechos: 

Primero: Giordano Bruno fue un astrónomo del siglo XVI que acabó quemado en una hoguera por decir que el Sol era una estrella. 

Segundo: La bomba atómica, que técnicamente es un ejemplo sublime de inteligencia racional, mató a más de doscientas mil personas el 6 de agosto de 1945, lo cual es un ejemplo igualmente sublime de disfunción mental.

Si analizamos la historia del ser humano desde un punto de vista psicológico podríamos con toda tranquilidad decir que presenta un cuadro psicótico severo de deformación de la realidad con acentuada tendencia a la violencia. En fin, un ser loco, peligrosamente inteligente y muy violento. Hay sin embargo en la RAE una acepción del término humano que reza así: Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos. En fin, la única forma de maridar tan opuestos puntos de vista es la esquizofrenia, así que empezamos en la locura y terminamos en ella. Teniendo esto en cuenta yo me pregunto: ¿nos podemos fiar de nuestros propios axiomas sobre la vida con lo esquizofrénicos que estamos?

Hay un axioma en concreto tan comúnmente aceptado que creo que cuando lo superemos nos llamará tanto la atención haber estado sometidos a él como nos la llama ahora que alguien fuera quemado por decir que el Sol es una estrella. Se trata del axioma de las expectativas. En la vida hay que tener expectativas, hay que hacer algo para algo. ¿Cómo vamos a vivir sin expectativas? Eso va contra natura. Nos parece poco menos que una falta de respeto a la vida no tenerlas. No esperar nada de la vida es como no querer desenvolver un regalo, como poner mala cara a una comida cocinada con cariño. ¿Qué tipo de vida es la vida sin expectativas? Así vemos las cosas ahora.

Con la misma claridad con la que sabemos hoy que el Sol es una estrella y que no es él el que gira alrededor de nosotros sino al revés, sabremos también un día -aunque sólo lo sabrán los que quieran saber, claro- que la vida sin expectativas es vida de verdad, en estado puro, y que las expectativas no sirven para vivir, sino para que nos desvivamos. ¿Qué sentido tiene querer algo que no se tiene? -diremos algún día con toda naturalidad.

La vida es un curioso fenómeno que se enuncia en forma pasiva. Cuando llegamos, ella ya está ahí, es decir, que cada uno de nosotros al nacer se incorpora a un proceso que ya está en marcha -el proceso vital- que consiste en que ella se expresa a través de nosotros. La vida como sujeto agente nos utiliza para decir algo. Somos, pues, vividos por la vida. 

Debería vivirse siendo escuchada, dejándose llevar en un baile en el que ella marca los pasos. Ella es el bailarín, tú eres el baile. Es la consecuencia de algo, así que no tiene que hacer nada para completarse, precisamente porque ella es el fin en sí. No se trata, pues, de un ser para, sino de un ser, sin más. 

Si te preocupa la idea de progreso párate a preguntarte qué entiendes por progreso. Probablemente te des cuenta de que lo has confundido con tecnología, pero la tecnología no es progreso, es sólo algo que acelera el paso, y también lo acelera si se va hacia atrás. 

Vivir es escuchar a la vida, y vivir con plenitud consiste en no pedirle nada, precisamente porque es imposible pedir algo mientras se está escuchando, de la misma manera que es imposible espirar mientras se inspira.  

lunes, 28 de agosto de 2017

Mis experimentos con la psique IV. Mi abuelo.


Mi abuelo José Antonio era una persona de una ingenuidad legendaria. No tuve tiempo de conocerle muy bien, pero entre lo que recuerdo y lo que me han contado mis padres y mis tíos he podido hacer de él un mosaico de tres piezas con sendas frases que ha pasado a la historia de mi familia y de mi patrimonio de grandes ideas.

En cierta ocasión, mientras mi padre cortaba leña en el pueblo, en Entrambasaguas (Cantabria), a mi abuelo, que pasaba por allí, le dio por coger unas cuantas astillas de las que mi padre iba dejando amontonadas a medida que iba dando hachazos, y las cambió de sitio. Supongo que el objetivo era ordenarlas según su criterio. Pero parece ser que este criterio no coincidía con el de mi padre, quien, sorprendido y molesto con lo que mi abuelo venía de hacer, le preguntó: 

- ¡Pero bueno!, ¿¡por qué pone usted eso ahí!?

Y mi abuelo, sintiéndose interrogado, juzgado y condenado al mismo tiempo (mi padre era capaz de provocar todas esas emociones con un sola pregunta), respondió empequeñecido: 

- ¡Na, pa quitarlo!

Y con la misma naturalidad con la que había movido las astillas de un sitio a otro las volvió a poner donde las encontró.
Desde aquel día, en mi casa las mofas eran muy facilonas:

- ¿Para qué enciences la tele?
- ¡Na, p´apagarla!

- ¿Para qué vas a tal sitio?
- ¡Na, pa volver!

Y así una detrás de otra, pues la frase no era una frase, sino una apología de la tontería, por así decirlo. Sin embargo, con el paso del tiempo, después de mucho reír y mucho llorar de risa, he pensado en la frase y me parece que tiene más miga de la que podría parecer, porque en realidad no hay nada que se ponga en algún sitio que no acabe también quitándose de ese sitio, empezando por los objetos y siguiendo con los conceptos, las situaciones y las ideas. Lo que quiero decir es que todo cambia: cambiamos de trabajo, de casa, de novia. Nuestro cuerpo cambia de la infancia a la adolescencia, y de ahí a la edad adulta y a la vejez, nuestra idea mental o emocional de nosotros mismos o de los demás cambia, los planetas se mueven constantemente, y está demostrado que la materia está también está en permanente cambio. No hay más que ver el trajín que se traen los átomos y las partículas subatómicas de todo lo que existe. La quietud como tal, no existe en este mundo. Todo está puesto en un sitio “pa quitarse”. Nada es permanente, y nuestra vida, aunque suela olvidársenos, tampoco.

En otra ocasión, no siendo yo muy grande ni muy pequeño, pero lo suficientemente avispado como para hacer cuentas, hice un día un cálculo que no me cuadraba muy bien y lo comenté abiertamente en una comida familiar, también en el pueblo. No sé por qué azar llegó a mi conocimiento el día de la boda de mis abuelos, y como yo ya sabía cuándo nació mi madre, simplemente me puse a restar meses. No sé qué me me llevó a eso, pero resultó que la resta daba menos de nueve, y por eso, con la inocencia más grande del mundo pregunté:

- Abuela, ¿cómo es que mamá nació después de menos de nueve meses después de que usted y abuelo se casaran? Porque los niños tardar nueve meses en nacer, ¿no?

En aquel momento pensé que a mi abuela le había dado un apretón, o algo así, porque la mujer desapareció de la mesa como si nunca más fuera a aparecer. La pobre, con las consideraciones de la época, guardaba aquella circunstancia en lo más profundo del cofre de sus vergonzosos secretos. Pero lo más llamativo de esta circunstancia, que yo no llegué a entender hasta pasados varios años, no fue mi abuela convirtiéndose en relámpago, sino la explicación que mi abuelo dio para tal eventualidad. Ante esto, que todos sabemos tenía una sola explicación, mi abuelo dijo, quedándose más ancho que largo: “¡Na, fue un pocu na más!”.

Si tuvimos mofa en mi casa con lo de “pa quitarlo”, lo de “un pocu na más” ya se hizo más que proverbial. Podía uno ducharse “un pocu na más”, ir a dar un paseo “un pocu na más”, coger el autobús “un pocu na más”, etc. Pero también a esta frase, con el pasar del tiempo, le he encontrado la grandeza, porque me he dado cuenta de que gracias a pequeños pocos puede haber enormes cambios en todos los órdenes: político, social, económico, profesional... y por supuesto también mental. Cambios diminutos, circunstancias aparentemente irrelevantes pueden ocasionar enormes consecuencias, ya sea para bien como para mal. El mundo en el que vivimos está sometido a infinitas variables, y un pequeño desliz puede hacer, por ejemplo, que yo exista y esté aquí ahora mismo escribiendo esto, aunque sólo sea “un pocu na más”. ¡Ojo, pues, con los pequeños cambios, porque no hay ninguno grande que no empiece por ellos!

Y para terminar, su tercera salida. Para mí, otra gran afirmación digna del mismísimo Buda. Se conoce que, aparte de trabajar con vacas, cerdos, tierras y colmenas, el hombre también recogía nueces, y tenía por costumbre ir a venderlas al mercado de Reinosa. En una ocasión una mujer interesada en comprarle algunas le preguntó:

- Oiga, las nueces estas estarán buenas, ¿no?

Hay que reconocer que la pregunta era ya en sí un poco absurda, porque todos sabemos lo que iba a decir el vendedor independientemente de la bondad de las nueces. ¿Qué iba a decir si quería venderlas? Diría que sí, que estaban buenas, y punto. Pero mi abuelo, haciendo otra vez gala de su extremadamente imprevisible forma de pensar le soltó:

- Usted no se preocupe, señora. Si encuentra alguna mala, la tira y ya está.

¡Qué obviedades tan grandes!, tanto la pregunta como la respuesta. Pero aún así, creo que la respuesta, al igual que las anteriores, lleva sucinta filosofía pura. Por supuesto que puede haber nueces malas. ¿Quién puede garantizar que no las haya? La cuestión es qué hacer con ellas si toca alguna. Pues está bien claro: ni caso. ¿Cuántas veces no podríamos haber aplicado lo mismo a diferentes situaciones de la vida que nos han hecho sufrir? ¿Por qué no las ignoramos con la naturalidad con la que se ignoraría una nuez pocha? Esta tercera frase es una apología maravillosa de la aceptación. En primer lugar aceptación de que nueces malas puede haber y habrá, y en segundo lugar de que lo mejor que se puede hacer cuando a uno le toque una es tirarla e ignorarla.

Y aquí se completa la enjundiosa trilogía filosófica de mi abuelo, alguien a quien vi hipnotizar enormes enjambres con una piedra, al que las abejas no picaban, sino que le besaban, que me explicó por qué si el mismo enjambre se pone en dos colmenas diferentes entonces en una de ellas se mueren todas las abejas, y que me dio a probar la única verdadera miel pura que he catado en mi vida, manchándome gustosísimamente el hocico según caía de un saco de arpillera a través de cuyo tejido él la colaba. Lo he contado por un par de razones. La primera, porque necesitaba introducir los conceptos de la impermanencia de las cosas, la importancia de los pequeños cambios, y la conveniencia de la aceptación como actitud mental, porque haré alusión a ellos en sucesivos capítulos, y resulta que estas ocurrencias de mi abuelo me venían que ni de molde porque esas ideas se corresponden respectivamente a lo que él acuñó en sus frases de “pa quitarlo, “un pocu na más” y “si está mala, la tira”. Y la segunda razón para contar todo esto ha sido sencillamente que creo que en mi casa se van a reír mucho viéndolo por escrito.  

Ni que decir tiene que dedico estas líneas a la memoria de mi abuelo José Antonio, el hombre más ingenuamente sabio que he medioconocido en toda mi vida. 

- Jaipur (Rajasthan) - India, 24 de septiembre de 2015.

viernes, 4 de agosto de 2017

Concierto desconcertante


Recuerdo que cuando he tenido pareja he estado muy bien y muy mal. Podría decir que he estado fetén y fatal. Luego, pasado el toro me he dado cuenta de que lo bien o mal que yo estuve nunca tuvo nada que ver con mi compañera sino con mi compañero, mi otro yo. 

Ahora que ya no sólo ha pasado el toro sino que no hay corridas, he tomado la mansa determinación de relacionarme pero sin tener relaciones. La idea sería algo así como vivir pero sin vivienda o como tener una granja pero sin finca. Practico la tenencia pero no tengo nada y puedo prometer pero no me comprometo. No me falta nada y por la misma razón me faltará echar algo en falta

Con estas ideas paso por 'rarete' en entornos de cultura occidental y como un auténtico ornitorrinco en la cultura India. Creo que, aparte de su aspecto con pico de pato y cola de castor, lo que más raro hace al ornitorrinco es que siendo mamífero pone huevos; así de extraño es ese animal. 

Aquí en India todo el mundo tiene asumido que hay que casarse. Los casos más rebeldes con los que me he encontrado 'alardeaban' de no haberse casado 'todavía', pero asumían como quien asume que va a envejecer, que se tendrían que casar. 

Y lo más asombroso no es que algo que al fin y al cabo es un convenio social se interprete como un acto vital por el que hay que pasar obligatoriamente para completarse -como quien pasa por la infancia y la adolescencia para llegar a la completitud (o escasez en muchos casos, según se mire) de la edad adulta- sino que la mayoría se casa con quien le dicen sus padres que se tiene que casar. 

He conocido muy de cerca, porque han sido alumnos(as) con los(as) que he tratado diariamente durante un año entero, personas con una densa sesera, talentosos(as) como pocos(as) y de pensamiento de altos vuelos en otras materias que sin embargo en este asunto declaran con la simpleza de un niño obediente cosas del tipo 'si mis padres son felices, entonces yo también'. 

Esto para mí entra en conflicto con unos pensamientos que leí de Gibran Jalil Gibran que me encantaron en los que decía que los hijos no vienen de los padres, sino a través de los padres, y que por tanto no les pertenecen. El asunto del matrimonio concertado es una sopa que lleva milenios cociéndose y que tiene ingredientes tan profundos como frívolos. Verdaderamente difícil de comprender. Quizás la valoración más elocuente la hizo un alumno en clase cuando tras debatir durante un rato sobre este tema me dijo: 'En Europa el matrimonio es algo que pasa entre dos individuos, en la India es algo que pasa entre dos familias'. ¡Ah, vale! -pensé. 

Pero sin duda la palma se la lleva un caso que viví el curso pasado. Resultó que un lunes un alumno se me acercó al terminar la clase y me dijo: 

- Sir, I can´t come to class on Friday. 
- Señor, no puedo venir a clase el viernes. 

- Why? -I asked. 
- ¿Por qué? -pregunté. 

- Because I am getting married. 
- Porque me caso. 

- All right! Of course, no problem, congratulations! Who are you marrying?
- De acuerdo, por supuesto, no hay problema, ¡felicidades! ¿Con quién te casas?

- I don´t know. 
- No sé. 

Hoy, por supuesto, está casado, creo que felizmente, y a estas alturas supongo que ya sabe con quién, aunque quizás esto sea mucho suponer...

A continuación las preciosas reflexiones de Gibran Jalil Gibrán sobre los hijos: 

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas
viven en la casa de mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos
semejantes a ti
porque la vida no retrocede
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero
sea para la felicidad
pues aunque Él ama
la flecha que vuela,
ama de igual modo al arco estable.

domingo, 23 de julio de 2017

Indefinible


El universo es el bostezo de un gerundio eterno que se está desperezando. No hay estructuras, sólo eventos. La gente no es gente, son cosas que están pasando. 

Es perfecto, ya que es exactamente igual a sí mismo. Cualquier consideración -incluyendo la idea misma de igualdad- no existe porque sólo existe lo que nunca deja de existir, así que este mundo de formas transitorias y polares es irreal, es sólo una ilusión

Una flor no es una flor, es el viento, el agua, la tierra y un guiño del Big Bang posándose entre dos neuronas fingiendo ser una flor. 

Nada descriptible existe porque todo lo descrito es discreto y la separación es la destrucción del todo, que por ser todo no puede dejar de ser ni ser destruido, ya que si pudiera serlo no sería. 

Sólo hay verbo silencioso hablándose a sí mismo en un verso. Lo otro ni siquiera es ruido, es sueño.  

La verdadera esencia del universo no es que exista, sino la consciencia de que existe. 


viernes, 21 de julio de 2017

¡Abajo la polaridad! -gritó el neutrón


- Creer es dar un veredicto de aptitud a una composición mental sobre algo. Por tanto creer en Dios es imposible porque requiere reducir a Dios a un concepto para poder creer en él. Sería algo así como que nuestras ideas le dieran permiso a Dios para existir. Constituye, sin duda, uno de los ejercicios mentales más absurdos de los que somos capaces. La Verdad no es encapsulable en nuestros ridículos pensamientitos, y juzgar nos empequeñece al tamaño del juicio mismo. 

- ¿Existe el destino? -preguntas preocupado-. ¿Y qué más te da?

- Me he criado, educado y desarrollado siempre en entornos en los que la idea básica latente ha sido que 'las cosas importan'. ¡Qué gran falacia!, ¡qué ceguera! Me parece asombroso que aún creamos masivamente que las cosas importan. Es cierto que hay ideas sobre la importancia de las cosas, pero las cosas en realidad no importan. ¿Tan difícil es ver la diferencia entre la etiqueta de la botella y su contenido?

- ¿Y qué va a ser de mí? -preguntas con miedo-. Nada. Esa es la respuesta. Por tanto nada has de temer.

- Camina sobre ellas, escálalas, muévelas... conviértelas en valles si quieres, pero deja ya de pellizcar montañas con tu mentecita. ¡Qué manía con querer entenderlo todo! ¡Entiende primero la limitación de tu entender!

- ¿Crees que sabes lo que es un átomo porque le has puesto un nombre y conoces su etimología? Es difícil imaginarse una presunción mayor para algo tan pequeño.

- ¿Para cuándo el fin de esta dictadura de ideas libres?, ¿para cuándo el juicio de todos los juicios y la ejecución de todas las palabras?, ¿para cuándo el entronamiento de los neutrones?

jueves, 20 de julio de 2017

No hay opción


Expandirse es extenderse o dilatarse, es decir, pasar a ocupar más o ser más grande cualquiera que sea el objeto que se esté considerando. Tomando como ejemplo el universo -por tomar algo, y porque no podría no tomar ese algo, ya que no hay nada que no sea universo, de la misma manera que no hay trozo de pastel que no sea pastel- resulta entonces que cada segundo que pasa hay más tiempo, cada paso que se da hay más espacio y cada decisión que se toma da lugar a más opciones. Por eso cuando más se sabe más queda por saber, y cuando más seguro se está de saber algo más lejos se está de saberlo verdaderamente.  

Concretando: que es imposible concretar. El fenómeno es, además, omnidireccional: buscando la explicación “a lo grande” el vuelo los lleva a planear sobre otros planetas, otras galaxias, agujeros negros, universos paralelos… ¡Vaya, buscando la explicación a uno nos encontramos con que encima puede haber más!, es decir, que cuanto más abrimos la mano, menos abarcamos. Y lo mismo ocurre cuando la apretamos, porque pidiéndole explicaciones “a lo pequeño”, las respuestas son también cada vez más pequeñas y las dudas mayores y más numerosas, ya que ahí dentro, en la materia misma, nos caemos en el pozo del principio de incertidumbre, en la superposición de estados y en la función estadística del ser. ¿Dónde sueña entonces la verdad?

En el espacio abierto de nuestro entendimiento el universo bosteza la radiación de fondo de microondas y nuestro alma escucha “Om”; y en los ladrillos de nuestra comprensión, en el interior de lo tangible, ronronea el gato de Schrödinger y nuestro cerebro se ahoga porque deja de poder respirar disyuntivas.

No hay opción. ¿A qué se puede llamar optar cuando todo es uno? La única salida -por así llamarla, ya que tampoco hay salidas que no sean al mismo tiempo entradas- es encomendarse a desembocar. El salmón no cambia el curso del río, ni las dicotomías explican nada. “Bien” y “mal” son sólo instrumentos para caminar. La realidad no son los pies, es el pisar.

-Escrito el 10 de Junio de 2015-.

jueves, 29 de junio de 2017

Demostrado científicamente



Estamos acostumbrados -incluso los más lelos- a considerar que la ciencia es el aval definitivo sobre la veracidad, validez o fiabilidad de algo. '¡Eso no es fiable porque no tiene fundamento científico!' -decimos-, dando por hecho que no hay necesidad de más historias para descartar el enfoque que se trata, sea el que fuere. Y al revés, '¡no hay duda, está demostrado científicamente!' -afirmamos con seguridad para dar el visto bueno a algo-, como cuando de pequeños nos decían aquello de '¡porque lo digo yo!', y caso cerrado. Pero yo me pregunto, ¿quién es la ciencia para avalar nada?, ¿por qué tanta suficiencia en la ciencia?

He sido tradicionalmente alguien que pensaba que si algo no tenía una base científica entonces no era digno de ser creído, pero ahora sé -aunque no puedo demostrarlo científicamente- que la ciencia no es más que un pequeñito tentáculo, casi un meñique, de los recursos que tenemos para aprehender las cosas. Es un meñique muy especial, bello y útil, pero limitadísimo. De hecho creo que ni siquiera es necesario creer nada. Creer o no creer es sólo un baile de ideas, nada más, y puede no gustarte o no apetecerte bailar y no por eso dejas de estar en la fiesta. 

Y no andan las limitaciones de la ciencia muy lejos de las del lenguaje y los sentidos mismos. ¿Acaso no es ridículo pretender dar una explicación a todo lo que está pasando con cinco sonidos vocálicos y unas cuantas formas de poner la lengua en la boca haciendo al mismo tiempo vibrar unas cuerdecitas? Y los sentidos... ¿con esas cinco sondas vamos a captar todo lo que ocurre fuera y dentro de nosotros? No tenemos otra cosa, pero es que ni si quiera lo que tenemos es de lo mejorcito. Muchísimos animales están mucho mejor dotados que nosotros sensorialmente y no se dan tanta importancia. 

Dejando a un lado las palabras -que son ideas pintadas al carboncillo- y los sentidos -que son besitos en el talón de la realidad- es que además la ciencia llega tarde, pues lo más lejos que ha ido ha sido montada en la mecánica cuántica, y lo que ésta nos cuenta ya lo postuló Buddha hace 2600 años sentadico bajo un árbol -sin lápiz, papel ni ecuación alguna- cuando habló de la interdependecia de todo lo que existe, de la impermanencia de las formas y de la vacuidad íntima de la materia y del yo. La física cuántica dice que todo está conectado formando un continuum, que todo está moviéndose y por tanto cambiando permanentemente -incluso lo que parece sólido y estático, ya que sus partículas subatómicas están en continuo trajín- y que en su intimidad la materia es una ilusión de los sentidos ya que en esencia todo es vacío vibrando. En fin, clavado pero tarde. 

Yo ya no me pliego más ante ella. La ciencia es un barrio de pijos que se creen que son más guapos que los demás porque una vez la Verdad los rozó sin querer con el codo en un autobús que iba a velocidad inconstante, con rozamiento presuntuoso y velocidad angular de mareíto mientras circulaba por una carretera derivada con curvas de integral. Lo sé porque viví en el barrio ese. Hace tiempo que me mudé a otro más modesto y cómodo donde la policía no viste uniforme de ideas con esquinas. 


jueves, 22 de junio de 2017

¡Por fin el principio!


No me falta mucho para partir, compañeros de piélago seco. Id despidiéndoos de lo que creéis que conocéis de mí porque me queda poco en este redil. Voy a volver al sitio del que vengo y no espero comprensión ni acompañamiento. No se puede estar mucho tiempo aquí habiendo despertado, y nada pinta un velador en un mundo en el que se sueña que los sueños no se cumplen

Ahí quedan todas vuestras importantísimas y urgentísimas ocupaciones ineludibles, vuestros nacimientos, bodas, entierros, éxitos y fracasos. Ahí os quedáis con todas las ideas vacías que llenan vuestra vida. Os dejo con todo lo importante, que a mí ya se me han deshinchado las palabras y volado los pensamientos. Voy a perderlo todo de tacto, y aunque quizás sigáis viéndome pasear mansamente por alguna arboleda, sólo los que no juzguen entenderán que el fallo del juicio es que no hay nada que entender.

Se acabó la búsqueda de la libertad de plástico, esa que engaña ofreciendo la posibilidad de elegir sin decir que poder elegir es poder dudar, ocultando que la duda es una prisión. Yo te maldigo, Razón, justo antes de partir, por lo que nos has hecho sufrir, a mí y al resto de las gotas de este mar, y te bendigo, Sufrimiento por ella ocasionado, porque viniste para hacernos entender que podrías no haber venido. 

Se acabarán las palabras mafiosas que engañan a los más listos y condenan a los otros. Comenzará la era transparente en la que me miréis y no veáis nada porque ya nunca más le pediré al viento que me peine a raya, al cielo que llueva bien ni al bosque que barra sus hojas muertas. Me evaporo, y no esperéis que vuelva a lloverme sobre vosotros porque esperar no existe más. 

miércoles, 21 de junio de 2017

El saber de no entender


¿A dónde vas, humano, con tu vidita de estuche, encapsulado en trabajo, dinero, actualidad, sociedad, familia, deporte, vacaciones en la playa, político preferido, creencias, hipoteca, fin de semana, gol a favor, voto útil y teléfono móvil? ¿Qué es eso que llamas seguridad y que con tanta inseguridad buscas? ¿Por qué ese empeño en perpetuar para tus hijos este sucedáneo quejicoso de vida que te has construido? El ruido, el pasado, los demás, los mosquitos, el calor, el trabajo, el futuro y hasta el presente... ¿hay algo que no te moleste o que no te dé miedo?, ¿hay algo que hayas aceptado verdaderamente tal y como es sin quejarte? 

Te diré la verdad sobre la verdad para que no te aflijas o para que lo hagas mucho más: nada que se pueda decir con palabras es verdad. Ni siquiera el término "verdad" tiene sentido alguno. Es sólo el reflejo de la luna en un charco, el sueño de una sombra, la etiqueta de una botella. 

Ahora que empiezo a vislumbrar la claridad, resulta que las palabras no me sirven para nada. Al revés, antes me servían para aclarar las cosas, para explicarme, para convencer, para llegar a donde quería llegar, y ahora, sin embargo, palabra que digo, oscuridad que lanzo. Lo que tengo que contar no se cuenta con palabras. ¡Cuéntanoslo! -me dicen-, y yo callo. ¡Inténtalo! -insisten-, y cuando hablo, todo se desvirtúa, la verdad desaparece. 

La verdad que he visto no se puede entender, creer, descreer, intuir ni constatar con el raciocinio, y para entenderlo hay que desentenderse. De hecho, ni siquiera puede verse, es sólo una forma de hablar. No se trata de sumar ni de añadir, se trata del saber que aparece cuando uno no necesita entender. No es un saber que se entienda, es un saber que se respira. ¿No lo entiendes? Era de esperar. Si lo aceptas interna y verdaderamente, lo aprehenderás, pero si intentas entenderlo, ¡zas!, lo aniquilarás.

- Escrito el 24 de abril de 2016.

lunes, 8 de mayo de 2017

Cogitacioncicas


- La disciplina que se dedica al estudio de los trapos sucios se llama vexilología.

- Las tradiciones son ideas disecadas

- Las ideas son lluvia, las ideologías son peceras

- La eternidad no es tiempo infinito, es ausencia de tiempo. La plenitud no es llegar a conseguirlo todo por adición, es darse cuenta de que nunca hace falta añadir ni quitar nada. Incluso la idea de que falta algo forma parte de lo que tiene que haber

- ¿Me conoces, dices?
¿Conoces los cien mil billones (100.000.000.000.000.000) de células que me componen físicamente?
¿Sabes qué tipo de relación hay entre todas ellas y el propósito último de su unión?
¿Conoces así mismo todos los cientos de miles de billones de células de cada uno de los otros seres con los que me he relacionado y que han influido en mí? ¿De verdad me conoces?
Te escucho, sabio amigo, dime quién soy, pero empieza por favor explicándome qué entiendes por conocer

- Estamos acostumbrados a considerar la sabiduría como un saco de conocimiento en el que se guardan todas las respuestas, pero ese saco está roto porque cada respuesta genera siempre más preguntas. La sabiduría no es un saco de respuestas, es un disolvente de preguntas

- No existen los errores, sólo las estrecheces de mira. Todo es como tiene que ser porque si no sería de otra manera. Lo que llamamos error no es más que un trastorno psicológico de una célula de la epidermis del dedo pequeño del pie izquierdo que reniega del cuerpo humano y protesta porque no se la tiene en cuenta en la toma de decisiones abstractas. 

- He aquí el diagnóstico de la Humanidad: Sueño

jueves, 4 de mayo de 2017

El cambio


Podría decir que aunque sé que todo está cambiando permanentemente, durante estos últimos casi cinco años han cambiado más cosas en mi vida que durante los cuarenta precedentes. Como si esos primeros cuarenta hubieran sido, literalmente, una cuarentena previa al verdadero cambio, el de verdad, el cambio entre los cambios. 

Una de las cosas más significativas que me han ocurrido ha sido el giro que ha dado mi vida profesional. Antes mi día a día seguía un protocolo bastante habitual para mucha gente que consistía en levantarme por la mañana, desayunar, coger el coche, ir al trabajo con la radio puesta para enterarme de la actualidad social, deportiva, política, etc., llegar a la oficina, saludar al personal y ponerme a hacer las tareas habituales de gestión, envío de e-mails, visitas a clientes... en fin, 'lo normal'. 

Desde que esa rutina dejó de existir en mi vida porque dejé de vivir en Occidente y me dediqué a dar clase en Tanzania e India han ido pasando los días, los meses y los años, y echando cuentas así someramente resulta que he estado flanqueado por pizarras durante más de cinco mil horas. Para alguien que se haya dedicado toda su vida a dar clase esta cifra podría parecer ridícula, pero para mí que vengo de otro planeta profesional en el que normalmente estaba rodeado de ordenadores y de gente con cara de ir en metro me da la sensación de que los dedos se me hubieran convertido en tizas y el cerebro en un cuaderno de notas

Aparte de esto, el hecho de haber empezado esta empresa docente sin ninguna formación reglada y en países que nada tienen que ver culturalmente con España me ha motivado mucho para estar muy atento a todo lo que pasaba a mi alrededor -como un leopardo observando su presa, concentrado, silencioso- de manera que tanto de las circunstancias como de la gente que sabía mucho más que yo he ido bebiendo sosegada y provechosamente como bebería una cría de gato al borde de un mar de leche

Todo eso y las dificultades que de primera mano he visto que pasa mucha gente en el mundo no para llegar a fin de mes, sino para llegar al final del día me han ablandado las extremas consideraciones mentales que antaño tenía sobre lo que yo consideraba correcto, o verdad, o importante. La tolerancia en todos los órdenes se ha abierto camino a través de mí gracias al contraste que todas estas vivencias y nuevas experiencias han supuesto

Pero tengo claro, como clara es la mirada de un niño contento, que el verdadero cambio no ha venido dado por la nueva actividad ni los exóticos escenarios, aunque las experiencias y vivencias hayan sido prácticamente innumerables e interesantísimas. El verdadero cambio -afirmo- descansa en otra cuenta que he hecho, y es la de las más de dos mil horas que he pasado meditando

Dice un amigo mío cuando quiere referirse a alguien que dice saber sin saber de verdad, que ese tal 'sabihondo' es como el Doctor Liendre, que de todo sabe y de nada entiende, y reconozco que un poco de doctorado en liendres ya tengo porque no soy experto en dar clase, ni en meditar, ni en escribir, ni en ingeniería, ni en nada, pero lo que sí sé -y lo sé con el contundente aval que supone la experiencia propia- es que la meditación ha aportado algo a mi vida que difícilmente se puede verbalizar. Simplificando diría que me ha dado la capacidad de considerar todo lo que hago, siento y pienso como si fuera espectador de mí mismo. Me ha permitido salirme del cuadro para observarme, transcenderme, tomarme menos en serio, reconocerme de verdad entre la morralla de cosas que creía que eran yo cuando en realidad no eran más que un envoltorio. La meditación es el camino directo -y yo añadiría que ineludible- al reconocimiento de uno mismo. Meditar no es no pensar, es sencillamente observar lo que uno piensa y aceptarlo sin etiquetarlo para no adulterarlo con otro pensamiento

Analizar lo que hacemos para saber quiénes somos es sin duda una forma de reconocimiento pero es en realidad muy superficial porque también somos alguien aunque no hagamos nada. Para mí es como intentar saber lo que es el agua lanzándola contra una pared para ver qué mancha deja. Meditar, sin embargo, es mojarse, nadar, bucear, navegar, beber, evaporarse, lloverse y reconocerse como agua misma. Meditar es el ejercicio más potente y vital que he conocido, y nada de lo que he vivido y aprendido estos años habría tenido la profundidad que ha tenido en mí si no lo hubiera acompañado de la introspección que la meditación me ha dado

Es posible leer más allá de las palabras y traspasar los muros de ideas -propias y ajenas- en cualquier circunstancia porque se puede meditar dando un paseo, haciendo deporte, comiendo o incluso mientras se habla con alguien. Se trata sólo de observar, y ese es el cambio definitivo porque no es que observar cambie la realidad, es que ¡la crea!  

domingo, 30 de abril de 2017

Más libreta




Coge una gota de agua, aíslala, ponle nombre y tendrás una tragedia acuática. Déjala donde y como está, no la escudriñes, sólo escúchala y el mismísimo mar te hablará. 

Toma tu vida, etiqueta lo que haces, construye un sofá de ideas para descansar, llama 'relación' a lo que te pasa con los demás y tendrás un criadero de fracasos. Sé, no esperes nada, acepta el baile de las formas, utiliza síes para escribir los noes y entenderás lo que es un huracán de paz. 

- Eso que llamas amor es apego
- ¡No es cierto, yo quiero a esa persona!
- Es es el problema, que la quieres (para ti). Te has aficionado a ella. 

- ¿Qué sentido tiene la vida?
- ¡Qué manía con el sentido! ¿Y quién es ese tal 'sentido' que tiene que estar siempre en todas las cosas? ¿No tendría más sentido que el sentido estuviera a veces ausente, quizás descansando?

¿Quién respira por mí?

- Te deseo que no desees nada.  
- ¿Acaso quieres que me muera?
- No, quiero que seas libre... del mundo

- Soy la ira, y vengo a destrozar tu casa.
- ¡Ah, sí, te conozco! Pasa, por favor, no te quedes ahí -le dije-. 
Y se fue.  

Transformo una manzana y la convierto en un cuerpo humano y nadie se asombra. Corto la baraja con una mano y todos se preguntan cómo lo hago. 
Me asombran los asombros. 

viernes, 21 de abril de 2017

Perlicas


- Que nos dé igual lo que piensen de nosotros eso es sólo el principio de la liberación. El paso decisivo es que nos dé también igual lo que pensamos de nosotros mismos. El contenido de nuestra mente no es una elección propia. Obsérvala y verás cuán caótica, maniática y repetitiva es, y cuán poco tiene que ver contigo.

- ¿Somos lo que hacemos o somos lo que pensamos? Esa pregunta está trasnochada, es un mendigo vestido de príncipe, no tiene profundidad alguna y genera un debate infantiloide. Si no sabes por qué es que estás profundamente dormido. Disfruta del sueño. Ya despertarás... o no.

- ¿Crees que hay Dios o crees que no hay Dios? 
Que tienes pies lo sabes aunque no los veas ni camines, pero en Dios tienes que creer o descreer, ¿por qué?

- Ningún pensamiento puede encapsular la Verdad.

- No se trata de resolver problemas, se trata de disolver eso que llamamos problema.

- El genocida inocente más grande de todos los tiempos se llama René Descartes.

- El Efecto Observador postulado por el experimento de la doble ranura en el que se demuestra que la observación hace colapsar la onda en partícula es la llave conceptual que explica la creación del universo, es el desfiladero por el que la mente se suicida, es la aduana misma de la espiritualidad. La pena es que los sofás no viajen y tengamos el pasaporte ranciado. 

jueves, 20 de abril de 2017

Zumbido


Imagino una olla de chocolate hirviendo y pienso… la próxima burbuja… ¿dónde aparecerá, y por qué ahí, entonces, y no más tarde o antes y en otro lugar?

Lanzo un puñado de arena a los ojos del viento y me pregunto… los granos… ¿cuántos serán y qué trayectorias seguirán?, ¿habrá algún grano en algún lugar que haya seguido antes esa trayectoria ya?

Arrojo una piedra al agua y juego a adivinar… las gotas… ¿hacia dónde salpicarán?, ¿cuántas olas se formarán, hasta dónde llegarán y cuándo desaparecerán?, ¿recordará el estanque la piedra que le acabo de tirar?

Inspiro y pienso… ese aire… ¿a qué alvéolos llegará, y por qué a esos y no a todos? Y el pulmón... ¿cuánto se hinchará?

Persigo una hoja planeadora y calculo… su trayectoria… ¿cuándo cambiará?, ¿hacia dónde, por qué y con qué velocidad?
Y esa hoja vapuleada… ¿dónde parará y qué gusano se la comerá? 

Me siento olla burbujeante, puño lanzando arena, alvéolo aireado, hoja viajera, gusano hastiado y estanque apedreado. Una horda de acúfenos conceptuales me secuestra y me encierra sin piedad en una jaula de neuronas condenándome a caer por el acantilado de la imposibilidad.

Quizás es que soy cascada, yo su agua y mi vida un caer;
quizás mi muerte un salpicar, y una ola mi trascender.

¿Es el orden un caos numerado?, ¿tengo límites?, ¿por qué no me puedo abarcar?, ¿cuántas gotas soy y qué estoy destinado a mojar?, ¿es el destino una forma de humedad?...

¡Basta!, no para el zumbido; la lógica y absurdidad -las dos en comandita- me van a destrozar.

- Escrito el 27 de febrero de 2015. 

jueves, 13 de abril de 2017

No eres tú


La habitación no es lo que hay en la habitación, es el espacio en el que está lo que hay en la habitación. 

Posesiones, trabajo, estatus social, reconocimiento, conocimiento, formación, apariencia física, habilidades, relaciones personales y familiares, historia, logros, expectativas, pensamientos, emociones, sistema de creencias políticas, de género, nacionalistas, raciales, religiosas, y cualquier otro tipo de identificación externa y/o colectiva NO ERES TÚ. Tú eres lo que queda cuando quitas todo eso. 

¡DES-CÚBRETE y despierta!

martes, 11 de abril de 2017

Carta en presente a un amigo de otro ahora



Querido amigo,

He disfrutado muchísimo leyendo tu carta porque ha sido como un billete gratuito de vuelta a la capital de nuestra amistad, con vislumbres de pasado pero en puro presente. Durante este par de días que han transcurrido desde que la recibí me han ido apareciendo en la mente de manera intempestiva recuerdos de aquella época, y en alguna ocasión me he reído yo solo evocando eventos y personas que están tan dentro de mí como un insecto en ámbar

Te cuento que hace poco me cogí unos días de vacaciones y estuve una semanita en Calcuta, donde fui a hacer un voluntariado (o más bien voluntariadito) a la institución de la Madre Teresa. Había por allí una frase que dijo esta mujer que rezaba así: “I prefer you to make mistakes in kindness than to work miracles in unkindness” ("Prefiero que cometas errores con bondad a que hagas milagros con maldad"). Pensando en este mensaje y quitándole todo el misticismo religioso que pueda tener, me queda una idea con la que comulgo totalmente, y es la de que cuando uno hace algo desde el sosiego, no reactiva sino productivamente, sin pelearse con nada ni con nadie, sin necesidad y sin perseguir un objetivo concreto, simplemente haciéndolo porque algo allende tu propia mente te lo pide, entonces lo que haces va impregnado de una variable cualitativa diferente, pura, como guiada por una inteligencia que está más allá de cualquier pensamiento y propósito, y de esa manera uno riega de frescura la acción, con quién la hace e incluso el lugar en el que la hace. Es como una fragancia.

Por otra parte, cuando se hace algo con un fin muy concreto y se persigue sólo conseguir algo, entonces la acción en sí queda como puenteada, se obvia, se salta, se convierte sólo en un medio para un fin, no en algo en sí con entidad propia, y por tanto impregna el ambiente de vacuidad y de sombras y pierde calidad. Es como un pedo.

Hay hoy en día millones de personas que hacen diariamente auténticos milagros “in unkindness”, y cuando digo “unkindness” no quiero decir que les falte amabilidad o bondad –que también- sino que consiguen sus objetivos pero lo hacen yendo a contracorriente, buscando pelea, reaccionando violentamente ante las cosas, no acompañándolas, desoyendo la vida, compitiendo con todo. Una de las características fundamentales del ego es que necesita contraste, enfrentamiento y juicio, precisamente para afirmarse a sí mismo por contraposición. Necesita que otro esté equivocado para él mismo estar en lo cierto y de esa manera identificarse y sobrevivir. El nivel egóico del humano medio de hoy en día es kilimanjárico. ¿Contra quién nos estamos peleando?

El otro día pensé en un ejemplo muy sencillo que me dio una pista bastante clara sobre cómo interpretar los comportamientos ajenos (y el propio, claro). Es un ejemplo casi de Barrio Sésamo, pero muy elocuente: si aprietas una naranja sale zumo de naranja porque es zumo de naranja lo que tiene dentro. ¿Qué sale cuanto te aprietan a ti?, ¿qué sale cuando la vida te exprime un poco? Todos sabemos que la vida nos va apretar. La cuestión no está, pues, en si nos aprieta o no -porque nos apretará sí o sí- sino en estar pendiente de lo que criamos dentro, porque eso es lo que saldrá. Cuando hablamos de los demás estamos en realidad hablando de nosotros mismos. Estamos drenando lo que llevamos dentro, y lamentablemente lo que en muchos casos llevamos dentro es bilis, es decir, una chafardera necesidad de descalificación de los demás. Es una patología seria que colectivizada provoca guerras, muerte y el asesinato de nuestro planeta, ya que el planeta no es otra cosa que un ser vivo.  El tratamiento es muy sencillo, consiste sólo en ser consciente de ello, pero se diría que es muy complicado, quizás porque uno sólo se da cuenta de que estaba dormido cuando se despierta, y este sueño malo está durando demasiado, neones ya. 

Luchar por la paz con cualquier tipo de violencia es como gritar por el silencio. El silencio que se consiga gritando estará sucio y no tardará en hacer ruido. Luchar por el silencio es callar. Hacerlo por la paz es ser pacífico. Todo lo demás es usar un fuelle para apagar una hoguera.

Demasiado conocimiento cognitivo obtura las tuberías de la espontaneidad y lo que uno hace resulta poesía para androides, artificioso, sin magia... Yo mismo he visto que los momentos en que más creativo he sido han coincidido precisamente con ocasiones en las que me he "abandonado", en las que simplemente me he fundido con lo que tenía que hacer, o, mejor dicho, con lo que estaba pasando, y entonces las acciones han salido solas y yo sólo he hecho de intermediario. Esto ha sido, sin duda, un gran descubrimiento. De hecho, ahora cuando tengo que tomar una decisión "importante" lo que hago es precisamente quitarle toda la importancia, desentenderme de los conceptos y fundirme con la situación en sí. Actúo prácticamente sin pensar, y el resultado (que curiosamente es lo que menos me preocupa) ha sido siempre óptimo. De esta manera me convierto en taumaturgo a tiempo parcial y mi logro es milagro. 

¿Te has planteado conocer India, amigo? Este país es una cuadro de Dalí en movimiento, sin duda un buen escenario para enriquecer de preguntas la mente de alguien que vive con curiosidad y que sabe que aprender algo nuevo es lo mismo que desaprender algo viejo. ¡Ven, y destrúyete conmigo!


¡Feliz ahora!

lunes, 10 de abril de 2017

Morir mola


Hay una dimensión de la existencia en la que uno tiene la clarividencia de que todo lo que pasa es algo parecido a un sueño. Real pero sólo superficialmente. Incluso las sensaciones corporales, ya se trate de dolor o de placer, quedan confinadas en un espacio no estanco pero sí limitado de la realidad. Siempre hay algo más. 

Aspectos tan "importantes" como el trabajo, la salud, las relaciones personales, la familia, los amigos y cualquier emoción, pensamiento o acción que surja de ellos no son más que briznas minúsculas de la realidad. Expresiones de una inspiración que luego espira y expira. Todo sigue esas pautas: el corazón con sus sístoles y diástoles, el ciclo del agua con su evaporación, lluvia, riada y vuelta al mar, nuestra vida con su manifestación corpórea y su putrefacción, el cosmos mismo con su explosión, crecimiento, contracción y colapso. Todo lo que existe, por grande e inabarcable que parezca -y que de hecho sea- es un conjunto de sílabas que se pronuncian e inmediatamente enmudecen y mueren dando lugar a un discurso eterno que simplemente dice "Soy". 

Quien dijo "Mi reino no es de este mundo" no quiso decir que tuviera una parcela con piscina en otra galaxia con un trono en el salón, sino que aquí y ahora se puede conectar con la fuente y experimentar la vida en su plenitud precisamente muriéndose a todo lo externo, como quien se ausenta para encontrar su presencia, como si fuera un juego de niños sin ninguna importancia en el que los adjetivos -importante incluido- se deslizan por la realidad como lo hace el agua por el dorso del pato. 

La mente es un escalpelo que nos cuenta cómo es el universo diseccionándolo con ideas, destruyéndolo, de la misma forma que un adulto destruiría el Quijote contándoselo a un niño a base de dibujitos. Y no es que la verdad sea más complicada, es que es global, total, inefable, y no hay pensamiento que la traspase ni que pueda saborearla, siquiera lamerla.

Hay una dimensión en la que uno puede saber perfectamente lo que es eso que llamamos estar muerto. Se puede morir todos los días y todos los días volver a nacer sin que la vida quede alterada de ninguna manera. Se puede estar muerto en vida y se puede ver morir como una liberación, no como una desgracia consecuencia de la estrechez de miras de la mente y de su adicción, que se llama apego a las formas. Morir es el movimiento de sístole que crea latidos; es un colapso expansivo. No es que nacer sea empezar a morir, es que morir es terminar de nacer. Morir no destruye, disuelve. La muerte es necesaria, buena por encima del bien y del mal, bienvenida, dulce, digestiva. Morir es el acto más vital que existe, morir mola. 


sábado, 8 de abril de 2017

Abuelo cuántico


Si el abuelo átomo pudiera hablar diría cosas tan increíbles que nos quedaríamos sentados con la boca abierta escuchándole durante tanto tiempo que el tiempo dejaría de existir. Nos contaría que en su mundo, el de la física cuántica, es posible estar en varios sitios a la vez, y ser y no ser a la vez. Nos diría que aquello de “ser o no ser” no es la cuestión, sino que ni siquiera es una cuestión. 

De hecho, en ese mundo, el cuántico, no hay cuestiones porque las preguntas que se hacen tienen como respuesta sí y no y todo lo contrario. 

En el planeta cuántico no se va de un sitio a otro, sino que se está en un sito y en otro al mismo tiempo. En ese planeta las carreteras son ya el lugar al que se quiere ir, y los lugares son carreteras que llevan a todas parte y a ninguna.

Si el abuelo átomo pudiera hablar nos diría cosas que no entenderíamos, y al lamentarnos por no entenderlas nos alegraríamos de no haberlas entendido, aunque sólo fuéramos capaces de alegrarnos con lo que entendemos.

El abuelo átomo nos diría que sólo nos contaría historias de su mundo si le escuchamos, y cuando le escucháramos para que nos las contara nos diría en silencio que el cuento consiste en que lo que nos tiene que contar no podemos escucharlo.  

Si el abuelo cuántico pudiera hablar nos diría que no existimos aquí ni allá, ni antes ni ahora, sino en todas partes, en todo momento, nunca y en ningún sitio. 

Podemos no hacer caso del abuelo átomo, que seguramente tiene Alzheimer cuántico, pero lo cierto es que su historia merece la pena ser escuchada para no ser entendida.  

La física cuántica es una reyerta amistosa en la que la propia física, las matemáticas, la química y la filosofía se insultan con un abrazo

- Escrito el 29 de marzo de 2014 -