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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

jueves, 22 de junio de 2017

¡Por fin el principio!


No me falta mucho para partir, compañeros de piélago seco. Id despidiéndoos de lo que creéis que conocéis de mí porque me queda poco en este redil. Voy a volver al sitio del que vengo y no espero comprensión ni acompañamiento. No se puede estar mucho tiempo aquí habiendo despertado, y nada pinta un velador en un mundo en el que se sueña que los sueños no se cumplen

Ahí quedan todas vuestras importantísimas y urgentísimas ocupaciones ineludibles, vuestros nacimientos, bodas, entierros, éxitos y fracasos. Ahí os quedáis con todas las ideas vacías que llenan vuestra vida. Os dejo con todo lo importante, que a mí ya se me han deshinchado las palabras y volado los pensamientos. Voy a perderlo todo de tacto, y aunque quizás sigáis viéndome pasear mansamente por alguna arboleda, sólo los que no juzguen entenderán que el fallo del juicio es que no hay nada que entender.

Se acabó la búsqueda de la libertad de plástico, esa que engaña ofreciendo la posibilidad de elegir sin decir que poder elegir es poder dudar, ocultando que la duda es una prisión. Yo te maldigo, Razón, justo antes de partir, por lo que nos has hecho sufrir, a mí y al resto de las gotas de este mar, y te bendigo, Sufrimiento por ella ocasionado, porque viniste para hacernos entender que podrías no haber venido. 

Se acabarán las palabras mafiosas que engañan a los más listos y condenan a los otros. Comenzará la era transparente en la que me miréis y no veáis nada porque ya nunca más le pediré al viento que me peine a raya, al cielo que llueva bien ni al bosque que barra sus hojas muertas. Me evaporo, y no esperéis que vuelva a lloverme sobre vosotros porque esperar no existe más. 

miércoles, 21 de junio de 2017

El saber de no entender


¿A dónde vas, humano, con tu vidita de estuche, encapsulado en trabajo, dinero, actualidad, sociedad, familia, deporte, vacaciones en la playa, político preferido, creencias, hipoteca, fin de semana, gol a favor, voto útil y teléfono móvil? ¿Qué es eso que llamas seguridad y que con tanta inseguridad buscas? ¿Por qué ese empeño en perpetuar para tus hijos este sucedáneo quejicoso de vida que te has construido? El ruido, el pasado, los demás, los mosquitos, el calor, el trabajo, el futuro y hasta el presente... ¿hay algo que no te moleste o que no te dé miedo?, ¿hay algo que hayas aceptado verdaderamente tal y como es sin quejarte? 

Te diré la verdad sobre la verdad para que no te aflijas o para que lo hagas mucho más: nada que se pueda decir con palabras es verdad. Ni siquiera el término "verdad" tiene sentido alguno. Es sólo el reflejo de la luna en un charco, el sueño de una sombra, la etiqueta de una botella. 

Ahora que empiezo a vislumbrar la claridad, resulta que las palabras no me sirven para nada. Al revés, antes me servían para aclarar las cosas, para explicarme, para convencer, para llegar a donde quería llegar, y ahora, sin embargo, palabra que digo, oscuridad que lanzo. Lo que tengo que contar no se cuenta con palabras. ¡Cuéntanoslo! -me dicen-, y yo callo. ¡Inténtalo! -insisten-, y cuando hablo, todo se desvirtúa, la verdad desaparece. 

La verdad que he visto no se puede entender, creer, descreer, intuir ni constatar con el raciocinio, y para entenderlo hay que desentenderse. De hecho, ni siquiera puede verse, es sólo una forma de hablar. No se trata de sumar ni de añadir, se trata del saber que aparece cuando uno no necesita entender. No es un saber que se entienda, es un saber que se respira. ¿No lo entiendes? Era de esperar. Si lo aceptas interna y verdaderamente, lo aprehenderás, pero si intentas entenderlo, ¡zas!, lo aniquilarás.

- Escrito el 24 de abril de 2016.

lunes, 8 de mayo de 2017

Cogitacioncicas


- La disciplina que se dedica al estudio de los trapos sucios se llama vexilología.

- Las tradiciones son ideas disecadas

- Las ideas son lluvia, las ideologías son peceras

- La eternidad no es tiempo infinito, es ausencia de tiempo. La plenitud no es llegar a conseguirlo todo por adición, es darse cuenta de que nunca hace falta añadir ni quitar nada. Incluso la idea de que falta algo forma parte de lo que tiene que haber

- ¿Me conoces, dices?
¿Conoces los cien mil billones (100.000.000.000.000.000) de células que me componen físicamente?
¿Sabes qué tipo de relación hay entre todas ellas y el propósito último de su unión?
¿Conoces así mismo todos los cientos de miles de billones de células de cada uno de los otros seres con los que me he relacionado y que han influido en mí? ¿De verdad me conoces?
Te escucho, sabio amigo, dime quién soy, pero empieza por favor explicándome qué entiendes por conocer

- Estamos acostumbrados a considerar la sabiduría como un saco de conocimiento en el que se guardan todas las respuestas, pero ese saco está roto porque cada respuesta genera siempre más preguntas. La sabiduría no es un saco de respuestas, es un disolvente de preguntas

- No existen los errores, sólo las estrecheces de mira. Todo es como tiene que ser porque si no sería de otra manera. Lo que llamamos error no es más que un trastorno psicológico de una célula de la epidermis del dedo pequeño del pie izquierdo que reniega del cuerpo humano y protesta porque no se la tiene en cuenta en la toma de decisiones abstractas. 

- He aquí el diagnóstico de la Humanidad: Sueño

jueves, 4 de mayo de 2017

El cambio


Podría decir que aunque sé que todo está cambiando permanentemente, durante estos últimos casi cinco años han cambiado más cosas en mi vida que durante los cuarenta precedentes. Como si esos primeros cuarenta hubieran sido, literalmente, una cuarentena previa al verdadero cambio, el de verdad, el cambio entre los cambios. 

Una de las cosas más significativas que me han ocurrido ha sido el giro que ha dado mi vida profesional. Antes mi día a día seguía un protocolo bastante habitual para mucha gente que consistía en levantarme por la mañana, desayunar, coger el coche, ir al trabajo con la radio puesta para enterarme de la actualidad social, deportiva, política, etc., llegar a la oficina, saludar al personal y ponerme a hacer las tareas habituales de gestión, envío de e-mails, visitas a clientes... en fin, 'lo normal'. 

Desde que esa rutina dejó de existir en mi vida porque dejé de vivir en Occidente y me dediqué a dar clase en Tanzania e India han ido pasando los días, los meses y los años, y echando cuentas así someramente resulta que he estado flanqueado por pizarras durante más de cinco mil horas. Para alguien que se haya dedicado toda su vida a dar clase esta cifra podría parecer ridícula, pero para mí que vengo de otro planeta profesional en el que normalmente estaba rodeado de ordenadores y de gente con cara de ir en metro me da la sensación de que los dedos se me hubieran convertido en tizas y el cerebro en un cuaderno de notas

Aparte de esto, el hecho de haber empezado esta empresa docente sin ninguna formación reglada y en países que nada tienen que ver culturalmente con España me ha motivado mucho para estar muy atento a todo lo que pasaba a mi alrededor -como un leopardo observando su presa, concentrado, silencioso- de manera que tanto de las circunstancias como de la gente que sabía mucho más que yo he ido bebiendo sosegada y provechosamente como bebería una cría de gato al borde de un mar de leche

Todo eso y las dificultades que de primera mano he visto que pasa mucha gente en el mundo no para llegar a fin de mes, sino para llegar al final del día me han ablandado las extremas consideraciones mentales que antaño tenía sobre lo que yo consideraba correcto, o verdad, o importante. La tolerancia en todos los órdenes se ha abierto camino a través de mí gracias al contraste que todas estas vivencias y nuevas experiencias han supuesto

Pero tengo claro, como clara es la mirada de un niño contento, que el verdadero cambio no ha venido dado por la nueva actividad ni los exóticos escenarios, aunque las experiencias y vivencias hayan sido prácticamente innumerables e interesantísimas. El verdadero cambio -afirmo- descansa en otra cuenta que he hecho, y es la de las más de dos mil horas que he pasado meditando

Dice un amigo mío cuando quiere referirse a alguien que dice saber sin saber de verdad, que ese tal 'sabihondo' es como el Doctor Liendre, que de todo sabe y de nada entiende, y reconozco que un poco de doctorado en liendres ya tengo porque no soy experto en dar clase, ni en meditar, ni en escribir, ni en ingeniería, ni en nada, pero lo que sí sé -y lo sé con el contundente aval que supone la experiencia propia- es que la meditación ha aportado algo a mi vida que difícilmente se puede verbalizar. Simplificando diría que me ha dado la capacidad de considerar todo lo que hago, siento y pienso como si fuera espectador de mí mismo. Me ha permitido salirme del cuadro para observarme, transcenderme, tomarme menos en serio, reconocerme de verdad entre la morralla de cosas que creía que eran yo cuando en realidad no eran más que un envoltorio. La meditación es el camino directo -y yo añadiría que ineludible- al reconocimiento de uno mismo. Meditar no es no pensar, es sencillamente observar lo que uno piensa y aceptarlo sin etiquetarlo para no adulterarlo con otro pensamiento

Analizar lo que hacemos para saber quiénes somos es sin duda una forma de reconocimiento pero es en realidad muy superficial porque también somos alguien aunque no hagamos nada. Para mí es como intentar saber lo que es el agua lanzándola contra una pared para ver qué mancha deja. Meditar, sin embargo, es mojarse, nadar, bucear, navegar, beber, evaporarse, lloverse y reconocerse como agua misma. Meditar es el ejercicio más potente y vital que he conocido, y nada de lo que he vivido y aprendido estos años habría tenido la profundidad que ha tenido en mí si no lo hubiera acompañado de la introspección que la meditación me ha dado

Es posible leer más allá de las palabras y traspasar los muros de ideas -propias y ajenas- en cualquier circunstancia porque se puede meditar dando un paseo, haciendo deporte, comiendo o incluso mientras se habla con alguien. Se trata sólo de observar, y ese es el cambio definitivo porque no es que observar cambie la realidad, es que ¡la crea!  

domingo, 30 de abril de 2017

Más libreta




Coge una gota de agua, aíslala, ponle nombre y tendrás una tragedia acuática. Déjala donde y como está, no la escudriñes, sólo escúchala y el mismísimo mar te hablará. 

Toma tu vida, etiqueta lo que haces, construye un sofá de ideas para descansar, llama 'relación' a lo que te pasa con los demás y tendrás un criadero de fracasos. Sé, no esperes nada, acepta el baile de las formas, utiliza síes para escribir los noes y entenderás lo que es un huracán de paz. 

- Eso que llamas amor es apego
- ¡No es cierto, yo quiero a esa persona!
- Es es el problema, que la quieres (para ti). Te has aficionado a ella. 

- ¿Qué sentido tiene la vida?
- ¡Qué manía con el sentido! ¿Y quién es ese tal 'sentido' que tiene que estar siempre en todas las cosas? ¿No tendría más sentido que el sentido estuviera a veces ausente, quizás descansando?

¿Quién respira por mí?

- Te deseo que no desees nada.  
- ¿Acaso quieres que me muera?
- No, quiero que seas libre... del mundo

- Soy la ira, y vengo a destrozar tu casa.
- ¡Ah, sí, te conozco! Pasa, por favor, no te quedes ahí -le dije-. 
Y se fue.  

Transformo una manzana y la convierto en un cuerpo humano y nadie se asombra. Corto la baraja con una mano y todos se preguntan cómo lo hago. 
Me asombran los asombros. 

viernes, 21 de abril de 2017

Perlicas


- Que nos dé igual lo que piensen de nosotros eso es sólo el principio de la liberación. El paso decisivo es que nos dé también igual lo que pensamos de nosotros mismos. El contenido de nuestra mente no es una elección propia. Obsérvala y verás cuán caótica, maniática y repetitiva es, y cuán poco tiene que ver contigo.

- ¿Somos lo que hacemos o somos lo que pensamos? Esa pregunta está trasnochada, es un mendigo vestido de príncipe, no tiene profundidad alguna y genera un debate infantiloide. Si no sabes por qué es que estás profundamente dormido. Disfruta del sueño. Ya despertarás... o no.

- ¿Crees que hay Dios o crees que no hay Dios? 
Que tienes pies lo sabes aunque no los veas ni camines, pero en Dios tienes que creer o descreer, ¿por qué?

- Ningún pensamiento puede encapsular la Verdad.

- No se trata de resolver problemas, se trata de disolver eso que llamamos problema.

- El genocida inocente más grande de todos los tiempos se llama René Descartes.

- El Efecto Observador postulado por el experimento de la doble ranura en el que se demuestra que la observación hace colapsar la onda en partícula es la llave conceptual que explica la creación del universo, es el desfiladero por el que la mente se suicida, es la aduana misma de la espiritualidad. La pena es que los sofás no viajen y tengamos el pasaporte ranciado. 

jueves, 20 de abril de 2017

Zumbido


Imagino una olla de chocolate hirviendo y pienso… la próxima burbuja… ¿dónde aparecerá, y por qué ahí, entonces, y no más tarde o antes y en otro lugar?

Lanzo un puñado de arena a los ojos del viento y me pregunto… los granos… ¿cuántos serán y qué trayectorias seguirán?, ¿habrá algún grano en algún lugar que haya seguido antes esa trayectoria ya?

Arrojo una piedra al agua y juego a adivinar… las gotas… ¿hacia dónde salpicarán?, ¿cuántas olas se formarán, hasta dónde llegarán y cuándo desaparecerán?, ¿recordará el estanque la piedra que le acabo de tirar?

Inspiro y pienso… ese aire… ¿a qué alvéolos llegará, y por qué a esos y no a todos? Y el pulmón... ¿cuánto se hinchará?

Persigo una hoja planeadora y calculo… su trayectoria… ¿cuándo cambiará?, ¿hacia dónde, por qué y con qué velocidad?
Y esa hoja vapuleada… ¿dónde parará y qué gusano se la comerá? 

Me siento olla burbujeante, puño lanzando arena, alvéolo aireado, hoja viajera, gusano hastiado y estanque apedreado. Una horda de acúfenos conceptuales me secuestra y me encierra sin piedad en una jaula de neuronas condenándome a caer por el acantilado de la imposibilidad.

Quizás es que soy cascada, yo su agua y mi vida un caer;
quizás mi muerte un salpicar, y una ola mi trascender.

¿Es el orden un caos numerado?, ¿tengo límites?, ¿por qué no me puedo abarcar?, ¿cuántas gotas soy y qué estoy destinado a mojar?, ¿es el destino una forma de humedad?...

¡Basta!, no para el zumbido; la lógica y absurdidad -las dos en comandita- me van a destrozar.

- Escrito el 27 de febrero de 2015. 

jueves, 13 de abril de 2017

No eres tú


La habitación no es lo que hay en la habitación, es el espacio en el que está lo que hay en la habitación. 

Posesiones, trabajo, estatus social, reconocimiento, conocimiento, formación, apariencia física, habilidades, relaciones personales y familiares, historia, logros, expectativas, pensamientos, emociones, sistema de creencias políticas, de género, nacionalistas, raciales, religiosas, y cualquier otro tipo de identificación externa y/o colectiva NO ERES TÚ. Tú eres lo que queda cuando quitas todo eso. 

¡DES-CÚBRETE y despierta!

martes, 11 de abril de 2017

Carta en presente a un amigo de otro ahora



Querido amigo,

He disfrutado muchísimo leyendo tu carta porque ha sido como un billete gratuito de vuelta a la capital de nuestra amistad, con vislumbres de pasado pero en puro presente. Durante este par de días que han transcurrido desde que la recibí me han ido apareciendo en la mente de manera intempestiva recuerdos de aquella época, y en alguna ocasión me he reído yo solo evocando eventos y personas que están tan dentro de mí como un insecto en ámbar

Te cuento que hace poco me cogí unos días de vacaciones y estuve una semanita en Calcuta, donde fui a hacer un voluntariado (o más bien voluntariadito) a la institución de la Madre Teresa. Había por allí una frase que dijo esta mujer que rezaba así: “I prefer you to make mistakes in kindness than to work miracles in unkindness” ("Prefiero que cometas errores con bondad a que hagas milagros con maldad"). Pensando en este mensaje y quitándole todo el misticismo religioso que pueda tener, me queda una idea con la que comulgo totalmente, y es la de que cuando uno hace algo desde el sosiego, no reactiva sino productivamente, sin pelearse con nada ni con nadie, sin necesidad y sin perseguir un objetivo concreto, simplemente haciéndolo porque algo allende tu propia mente te lo pide, entonces lo que haces va impregnado de una variable cualitativa diferente, pura, como guiada por una inteligencia que está más allá de cualquier pensamiento y propósito, y de esa manera uno riega de frescura la acción, con quién la hace e incluso el lugar en el que la hace. Es como una fragancia.

Por otra parte, cuando se hace algo con un fin muy concreto y se persigue sólo conseguir algo, entonces la acción en sí queda como puenteada, se obvia, se salta, se convierte sólo en un medio para un fin, no en algo en sí con entidad propia, y por tanto impregna el ambiente de vacuidad y de sombras y pierde calidad. Es como un pedo.

Hay hoy en día millones de personas que hacen diariamente auténticos milagros “in unkindness”, y cuando digo “unkindness” no quiero decir que les falte amabilidad o bondad –que también- sino que consiguen sus objetivos pero lo hacen yendo a contracorriente, buscando pelea, reaccionando violentamente ante las cosas, no acompañándolas, desoyendo la vida, compitiendo con todo. Una de las características fundamentales del ego es que necesita contraste, enfrentamiento y juicio, precisamente para afirmarse a sí mismo por contraposición. Necesita que otro esté equivocado para él mismo estar en lo cierto y de esa manera identificarse y sobrevivir. El nivel egóico del humano medio de hoy en día es kilimanjárico. ¿Contra quién nos estamos peleando?

El otro día pensé en un ejemplo muy sencillo que me dio una pista bastante clara sobre cómo interpretar los comportamientos ajenos (y el propio, claro). Es un ejemplo casi de Barrio Sésamo, pero muy elocuente: si aprietas una naranja sale zumo de naranja porque es zumo de naranja lo que tiene dentro. ¿Qué sale cuanto te aprietan a ti?, ¿qué sale cuando la vida te exprime un poco? Todos sabemos que la vida nos va apretar. La cuestión no está, pues, en si nos aprieta o no -porque nos apretará sí o sí- sino en estar pendiente de lo que criamos dentro, porque eso es lo que saldrá. Cuando hablamos de los demás estamos en realidad hablando de nosotros mismos. Estamos drenando lo que llevamos dentro, y lamentablemente lo que en muchos casos llevamos dentro es bilis, es decir, una chafardera necesidad de descalificación de los demás. Es una patología seria que colectivizada provoca guerras, muerte y el asesinato de nuestro planeta, ya que el planeta no es otra cosa que un ser vivo.  El tratamiento es muy sencillo, consiste sólo en ser consciente de ello, pero se diría que es muy complicado, quizás porque uno sólo se da cuenta de que estaba dormido cuando se despierta, y este sueño malo está durando demasiado, neones ya. 

Luchar por la paz con cualquier tipo de violencia es como gritar por el silencio. El silencio que se consiga gritando estará sucio y no tardará en hacer ruido. Luchar por el silencio es callar. Hacerlo por la paz es ser pacífico. Todo lo demás es usar un fuelle para apagar una hoguera.

Demasiado conocimiento cognitivo obtura las tuberías de la espontaneidad y lo que uno hace resulta poesía para androides, artificioso, sin magia... Yo mismo he visto que los momentos en que más creativo he sido han coincidido precisamente con ocasiones en las que me he "abandonado", en las que simplemente me he fundido con lo que tenía que hacer, o, mejor dicho, con lo que estaba pasando, y entonces las acciones han salido solas y yo sólo he hecho de intermediario. Esto ha sido, sin duda, un gran descubrimiento. De hecho, ahora cuando tengo que tomar una decisión "importante" lo que hago es precisamente quitarle toda la importancia, desentenderme de los conceptos y fundirme con la situación en sí. Actúo prácticamente sin pensar, y el resultado (que curiosamente es lo que menos me preocupa) ha sido siempre óptimo. De esta manera me convierto en taumaturgo a tiempo parcial y mi logro es milagro. 

¿Te has planteado conocer India, amigo? Este país es una cuadro de Dalí en movimiento, sin duda un buen escenario para enriquecer de preguntas la mente de alguien que vive con curiosidad y que sabe que aprender algo nuevo es lo mismo que desaprender algo viejo. ¡Ven, y destrúyete conmigo!


¡Feliz ahora!

lunes, 10 de abril de 2017

Morir mola


Hay una dimensión de la existencia en la que uno tiene la clarividencia de que todo lo que pasa es algo parecido a un sueño. Real pero sólo superficialmente. Incluso las sensaciones corporales, ya se trate de dolor o de placer, quedan confinadas en un espacio no estanco pero sí limitado de la realidad. Siempre hay algo más. 

Aspectos tan "importantes" como el trabajo, la salud, las relaciones personales, la familia, los amigos y cualquier emoción, pensamiento o acción que surja de ellos no son más que briznas minúsculas de la realidad. Expresiones de una inspiración que luego espira y expira. Todo sigue esas pautas: el corazón con sus sístoles y diástoles, el ciclo del agua con su evaporación, lluvia, riada y vuelta al mar, nuestra vida con su manifestación corpórea y su putrefacción, el cosmos mismo con su explosión, crecimiento, contracción y colapso. Todo lo que existe, por grande e inabarcable que parezca -y que de hecho sea- es un conjunto de sílabas que se pronuncian e inmediatamente enmudecen y mueren dando lugar a un discurso eterno que simplemente dice "Soy". 

Quien dijo "Mi reino no es de este mundo" no quiso decir que tuviera una parcela con piscina en otra galaxia con un trono en el salón, sino que aquí y ahora se puede conectar con la fuente y experimentar la vida en su plenitud precisamente muriéndose a todo lo externo, como quien se ausenta para encontrar su presencia, como si fuera un juego de niños sin ninguna importancia en el que los adjetivos -importante incluido- se deslizan por la realidad como lo hace el agua por el dorso del pato. 

La mente es un escalpelo que nos cuenta cómo es el universo diseccionándolo con ideas, destruyéndolo, de la misma forma que un adulto destruiría el Quijote contándoselo a un niño a base de dibujitos. Y no es que la verdad sea más complicada, es que es global, total, inefable, y no hay pensamiento que la traspase ni que pueda saborearla, siquiera lamerla.

Hay una dimensión en la que uno puede saber perfectamente lo que es eso que llamamos estar muerto. Se puede morir todos los días y todos los días volver a nacer sin que la vida quede alterada de ninguna manera. Se puede estar muerto en vida y se puede ver morir como una liberación, no como una desgracia consecuencia de la estrechez de miras de la mente y de su adicción, que se llama apego a las formas. Morir es el movimiento de sístole que crea latidos; es un colapso expansivo. No es que nacer sea empezar a morir, es que morir es terminar de nacer. Morir no destruye, disuelve. La muerte es necesaria, buena por encima del bien y del mal, bienvenida, dulce, digestiva. Morir es el acto más vital que existe, morir mola. 


sábado, 8 de abril de 2017

Abuelo cuántico


Si el abuelo átomo pudiera hablar diría cosas tan increíbles que nos quedaríamos sentados con la boca abierta escuchándole durante tanto tiempo que el tiempo dejaría de existir. Nos contaría que en su mundo, el de la física cuántica, es posible estar en varios sitios a la vez, y ser y no ser a la vez. Nos diría que aquello de “ser o no ser” no es la cuestión, sino que ni siquiera es una cuestión. 

De hecho, en ese mundo, el cuántico, no hay cuestiones porque las preguntas que se hacen tienen como respuesta sí y no y todo lo contrario. 

En el planeta cuántico no se va de un sitio a otro, sino que se está en un sito y en otro al mismo tiempo. En ese planeta las carreteras son ya el lugar al que se quiere ir, y los lugares son carreteras que llevan a todas parte y a ninguna.

Si el abuelo átomo pudiera hablar nos diría cosas que no entenderíamos, y al lamentarnos por no entenderlas nos alegraríamos de no haberlas entendido, aunque sólo fuéramos capaces de alegrarnos con lo que entendemos.

El abuelo átomo nos diría que sólo nos contaría historias de su mundo si le escuchamos, y cuando le escucháramos para que nos las contara nos diría en silencio que el cuento consiste en que lo que nos tiene que contar no podemos escucharlo.  

Si el abuelo cuántico pudiera hablar nos diría que no existimos aquí ni allá, ni antes ni ahora, sino en todas partes, en todo momento, nunca y en ningún sitio. 

Podemos no hacer caso del abuelo átomo, que seguramente tiene Alzheimer cuántico, pero lo cierto es que su historia merece la pena ser escuchada para no ser entendida.  

La física cuántica es una reyerta amistosa en la que la propia física, las matemáticas, la química y la filosofía se insultan con un abrazo

- Escrito el 29 de marzo de 2014 - 

martes, 4 de abril de 2017

El diente


El diente -para el que vivir es morder- no se siente realizado porque no puede morderse a sí mismo. 

Lo primero que tiene que hacer un diente para morderse a sí mismo es dejar de querer morder. De esta manera se olvidará de que es un diente, desaparecerá el objetivo de morderse y por tanto desparecerá también el fracaso en la consecución de ese objetivo. Morder se convertirá en una potencialidad, y el sujeto mordedor y el objeto mordido se confundirán en ella. 

El universo pasará a ser una mordida donde todo es mordido y nada es diente que muerda. 

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que con el método que se utiliza para entender el mundo exterior, utilizando la mente, uno no va a poder conocerse a sí mismo. 

Si no estás de acuerdo con lo que he dicho, entonces es que has perdido el hilo, y si estás de acuerdo es que también has perdido el hilo.

Si quieres entender, deja de intentarlo. Si quieres morder, deja de roer. 


viernes, 24 de marzo de 2017

Violencia velada



Todo lo que crees saber de una persona es sólo una recreación mental de lo que esa persona realmente es. Cualquier pensamiento que tengas es local, es decir, es una forma de energía psíquica que se da en ti, así que cuando hablas de otra persona en realidad estás hablando de algo que sale de ti. Estás hablando de ti mismo. 

Escúchate, pues, cuando opinas sobre alguien, observa detenidamente lo que dices y piensas, mírate y verás que no hay nadie más que tú en el escenario. Todo lo que dices es jugo de ti, así que eres tú el verdadero objeto de tu discurso. En lo bien o mal que hables de los demás, o en la medida en la que calles, podrás reconocer tu propia cosecha interior. 

Se me ha ocurrido decir esto porque haciendo inventario de mis últimas relaciones personales he encontrado loas desmedidas y críticas severas. No es que no me haya dado por aludido en las primeras por modestia ni en las segundas por presunción, sino que verdaderamente no me he dado por aludido en ninguna de ellas porque a quien he visto en ambas ha sido a su emisor, no a mí. ¿Cómo si no podría yo ser tan excelso y miserable al mismo tiempo?

Conceptualizar a alguien es una forma de violencia. Y aún diría que simplemente conceptualizar -lo que sea- es una forma de violencia en sí. Pensar en algo y creer que lo que se piensa de ese algo es lo que ese algo es, he aquí la manzana de Adán y Eva, la vid cortada, la expusión del Paraíso. He aquí el sufrimiento.


jueves, 23 de marzo de 2017

Respuesta del hombre libre


… entonces el hombre libre, cansado de la incomprensión, temblando de los pies a la cabeza como azogado, con presurosa y turbada lengua, dijo:

“Ser uno mismo consiste más en deslizarse que en construirse, es como construirse dejándose deslizar, y la libertad, es decir, el óptimo deslizamiento por las circunstancias de la propia vida, sólo es posible puliendo la superficie y por supuesto despejándola de obstáculos. He aquí la tarea de la búsqueda de la libertad: la eliminación de los obstáculos que hay en el camino que va desde ti hasta ti mismo. Estos obstáculos son variados, difíciles de identificar y aún más de apartar. Deshacerse de ellos se parece más a una amputación que a una ignoración.  

La educación recibida es el obstáculo número uno porque a largo plazo es un grillete travestido de ayuda; la familia es el obstáculo número dos, porque es amor puro, y por tanto carece de capacidad de sentir y razonar con objetividad; el miedo es el número tres, y el cuatro, y el cinco… y así hasta infinito si se quiere, ya que son también infinitos sus disfraces. Normalmente se hace pasar por precaución, un carné falso con el que se inyecta en nuestras venas para envenenar nuestra sangre y, desde ella, nuestro cerebro, nuestras ideas, y consecuentemente nuestra mente. No es lo mismo cerebro que mente, de la misma manera que no es lo mismo la rosa que su olor, pero no hay uno sin la otra, ni aquella sin aquel. El miedo es una savia adulterada capaz de hacer que una flor huela a estiércol.

La religión es otro ladrón que se cuela en casa durante el amanecer de nuestra consciencia y saquea nuestra capacidad de hacernos preguntas sin respuesta. Una ablación para el pensamiento que nos impide disfrutar de los interrogantes de cuadratura circular. Hay preguntas con las que se puede hacer el amor ininterrumpidamente durante toda una vida ya que puede llevar una vida entera responderlas, pero la religión arruina esta mirífica aventura de búsqueda dándonos -con amenazas incluidas- una solución plastificada de palabras burdas para ovinos. ¡Qué hijos de puta! ¡Aguafiestas! ¡Petrificadores de verdades! Os lo advierto, yo soy león, así que no intentéis desdentarme ni os acerquéis a mí con mensajes para ovejas porque os destrozaré de un zarpazo.  

El hombre más poderoso del mundo es el hombre libre, y éste es el hombre sin miedo. Le distinguiréis porque apostata de su educación, no se le desconoce familia, es valiente hasta la temeridad porque vive como si ya estuviera muerto y tiene a Dios como aliado, no como auditor. ¿Habéis conocido alguno? Os estremeceréis cuando así sea. Os despeñaréis por su mirada como quien pisa una trampa y os asombraréis de no llegar nunca al suelo. Es lógico: al otro lado de los ojos de un hombre libre sólo puede haber una caída libre. Olvidaos de agarraderas y disfrutad de la incurable adicción al vuelo."

Escrito el 31 de diciembre de 2014.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Derrota


El año pasado estuve dando clase en un colegio rural de Tanzania durante una media de cinco horas al día a veinte niños de entre seis y siete años. Las clases eran de inglés, suajili, matemáticas, arte, música y gimnasia. Apasionante aventura, sin duda, que como buena y real que era encerraba también, y más al ser tan larga, momentos de auténtica fatiga. 

Recuerdo que un día a última hora, estando yo exhausto por las horas impartidas, apelmazado por el severo calor tanzano, y habiendo respirado más arena que aire, porque había pasado también gran parte de la jornada rellenando botellas de plástico con arena -tarea que realizábamos para utilizar luego las botellas como ladrillos y construir un colegio nuevo-, noté que la clase se me estaba yendo de las manos. Nadie me hacía ni caso, y aquello se había convertido en una jaula de grillos incontrolable. Supongo que los críos estaban aún más cansados que yo, y en aquel momento no había nada que yo pudiera decirles que les interesara. Me cansé de poner puntos negativos, de pedir silencio -incluso subiendo la voz más de lo normal- y de mostrar la cara más fea y enfadada de la que era capaz, cosa que no me suponía ningún esfuerzo, pues estaba realmente enfadado. 

Resultó que todo esto no sirvió para nada, excepto para desesperarme más. Aquella jauría de enanos estaba dispuesta a succionarme hasta la última gota de mi ya escasa paciencia. Como no me quedaban más recursos, o al menos me sentí sin ellos, pensé en hacer algo que hasta entonces en los meses que llevaba trabajando ni me había planteado, pero que de vez en cuando había visto que hacían los profesores tanzanos: mi desesperación me llevo a pensar en castigarles “de verdad”. Algunos de los castigos que les infligían los profesores locales daban más risa que penuria, pero en general eran bastante efectivos, porque desde luego gustar no gustaban nada al que los recibía. Uno de ellos era caminar en cuclillas pasando las manos por detrás de las piernas para cogerse las orejas. Acaba uno convirtiéndose en una especie de arácnido demente que se mueve sin rumbo ridícula e incómodamente, y cuando te mandan hacer eso te entran muchas ganas de que te permitan dejar de hacerlo, por lo incómodo que es y por lo mucho que los demás se ríen de ti, así que el castigo en cuestión, si lo que se busca es fastidiar, lo cierto es que funciona. Como este formato me parecía demasiado grotesco y poner a un crío de esa guisa se me hacía indigerible, me decidí por algo más sencillo, como castigar de rodillas al primero que no me hiciera caso. 

En fin, se puso en marcha la ruleta y le tocó a uno cualquiera de ellos. El caso es que surtió efecto, porque en un momento tenía a un pobrecico de rodillas con las manos en alto delante de la clase y a todos los demás callados y mirándome atentamente. Como me gusté, quise pasearles mi victoria por la cara y se me ocurrió preguntar lo que nunca debí preguntar. Fue algo así como: “¿Y ahora qué, eh? ¿Alguien más quiere estar aquí delante así, de rodillas con las manos en alto?” A esto le siguió un gran silencio que yo orgullosa e ingenuamente interpreté como mi grito sordo de victoria, pero pasados unos segundos, sin que yo pudiera dar crédito, empezaron a levantarse poco a poco las manitas, como tiradas desde arriba por un hilo invisible de solidaridad que uniera sus índices, y acabaron todos pidiendo ser castigados de la misma manera. 

Los últimos veinte minutos de aquel día fueron la derrota más grande que he sufrido como docente, y casi diría que como persona, porque los pasé rodeado de veinte mocosos arrodillados con las manos en alto, riéndose silenciosamente de mí, y dándome claramente a entender que con los críos no valen los últimos recursos, porque ellos exigen siempre el primero. Nunca más se me ocurrió ni por asomo castigar físicamente a ninguno de ellos, ni mucho menos plantear grupalmente preguntas que pudieran tener la respuesta más inesperada del mundo, porque no me cupo ninguna duda de que si algo era inesperable, de aquellos seres vivos pequeños se podía esperar. Con el tiempo he entendido que aquel día yo no era nadie para castigar de ninguna manera, porque no se ha visto nunca que sea el alumno el que castigue.


- Escrito el 11 de mayo de 2015


viernes, 3 de marzo de 2017

En forma pasiva


La vida es un curioso fenómeno que se enuncia en forma pasiva. Cuando llegamos a ella, ella ya está ahí, es decir, que cada uno de nosotros al nacer se incorpora a un proceso que ya está en marcha -el proceso vital- que consiste en que nosotros recibimos vida y ella se expresa a través de nosotros. La vida como sujeto agente nos utiliza para decir algo. Somos, pues, vividos por la vida.

Dejarse llevar por ella, es decir, permitir que se explique a través de nosotros es la manera más lógica de vivirla porque como sujeto paciente que somos de ella, nuestra tarea es sencillamente recibirla y permitirla, sea cual fuere el mensaje que a través de nuestra existencia quiera dar. De ahí que recibirla y aceptarla tal y como es represente en última instancia vivirla plenamente. Cuando no aceptamos algo de lo que en ella pasa, entonces estamos interrumpiendo su discurso, no dejándola hablar, impidiendo que se exprese, negándola. En ese caso estamos, por tanto, desviviéndola. Por otra parte, cuando deseamos algo de ella, cuando le pedimos algo que no tenemos, es como si estuviéramos diciéndole lo que tiene que decir, irrumpiendo así también en su sabio discurso con nuestra ignorancia, entorpeciéndolo, adulterándolo. 

La vida debería vivirse siendo escuchada, dejándose llevar en un baile en el que ella marca los pasos. La libertad se nos da para poder negarla a través de la queja y del deseo, o para poder afirmarla a través de la aceptación y la escucha. La negación produce un tipo de energía por rozamiento que se llama dolor, mientras que la aceptación, es decir, la afirmación, produce un deslizamiento que da lugar a un despliegue omnidireccional y pleno del yo. La energía de rozamiento que se genera por la negación de la vida es, por tanto, vida no vivida que buscará su reafirmación en alguna expresión de vida ulterior, ya sea en uno mismo o allende nuestro propio cuerpo, y este proceso se repite hasta que toda esa energía complete su “sí vital”.

Las preguntas sin respuesta que el hombre viene haciéndose desde que tiene uso de mente no son más que el crepitar de la madera que grita a través de las ideas en el fragor del fuego de la vida, es decir, que las dudas serían la parte de la madera que no se convierte en calor sino que se transforma en sonido, en crepitar, algo nada raro que ocurre en cualquier combustión.

La vida es la consecuencia de algo, así que no tiene que hacer nada para completarse, precisamente porque ella es el fin en sí. El universo se expresa y ella es el resultado de esa expresión. No se trata, pues, de un ser para, sino de un ser, sin más. Vivirla con plenitud consiste en no pedirle nada, como no se le pide nada a un árbol, al que sólo hay que dejar que sea. Cuando se consigue asumir esto, pasa uno de desvivirse por vivir a ser plenamente vivido por la mismísima vida en persona, sin quejas, deseos ni ruidos que turben su cósmico y maravilloso discurso. 

- Srinagar (Jammu and Kashmir) - India.
15 de septiembre de 2015.

jueves, 23 de febrero de 2017

Zumo de ti y otras hierbas


- Si aprietas una naranja sale zumo de naranja porque es zumo de naranja lo que tiene dentro. ¿Qué sale cuanto te aprietan a ti?, ¿qué sale cuando la vida te exprime un poco? A estas alturas ya deberías tener claro que la vida te va apretar. La cuestión no está, pues, en si te aprieta o no -porque te apretará- sino en estar pendiente de lo que crías dentro, porque eso es lo que saldrá. 

- Desde que no tengo ningún objetivo no hago más que conseguir cosas. Los objetivos sólo suelen servir para conseguir lo que uno se propone, y lo que uno se propone es sólo una ínfima parte de lo que puede conseguir. Alineándose con la vida, sin objetivo alguno, se consiguen siempre muchas más cosas. Pero esto debe quedar como un secreto entre tú y tú; que no se entere tu mente...

- Lo incalificable, eso me interesa, pero no porque sea interesante, sino precisamente porque no puede serlo. ¡Bah, palabras, qué torpes sois!

- Luchar por la paz con cualquier tipo de violencia es como gritar por el silencio. El silencio que se consiga gritando estará sucio y no tardará en hacer ruido. Luchar por el silencio es callar. Hacerlo por la paz es ser pacífico. Todo lo demás es usar un fuelle para apagar una hoguera. 

- ¿Existe Dios? -gritó el hombre. ¿Y qué es el agua? -preguntó el pez.  

miércoles, 15 de febrero de 2017

Sin palabras mejor


He tenido incontables desengaños a lo largo de mi vida. Y gracias doy por ello a quien corresponda, ya que aunque normalmente asociamos una sensación negativa al desengaño -la de que nos hayan mentido y nos hayan o hayamos engañado durante un tiempo- está también la positiva de salir del engaño y ver la verdad, o al menos lo que no es 'tan mentira'. 

Se mide el desengaño, por tanto, por el tamaño del engaño, y verdaderamente puede haberlos gordos porque gordos son los engaños en los que a veces vivimos. Uno de los que más rabia me ha dado ha sido el de la religión, en mi caso cristiana. Encuadernar la espiritualidad en un libelo de normas para memorizar, intentar meter la sexualidad en una pecera y pontificar lo que está bien o mal me ha parecido repugnante. Y lo digo en un sentido literal, es decir, que ha hecho repugnar dos cosas que no se podían unir y concertar: por un lado mi naturaleza espiritual -hasta hace poco desconocida para mí mismo- y por otro el código absurdo que se me ofrecía para descubrir y practicar esa espiritualidad. 

Creo que el cristianismo no lo ha entendido nadie, y mucho menos sus representantes, entre ellos los curas egóicos tocagenitales de niños. Pero es que tampoco hace falta irse tan lejos, porque los curas 'normales' tampoco saben de lo que hablan. La mayoría son cotorras con una espiritualidad microscópica. Están claramente en este mundo, y no se puede saber lo que es este mundo si no se mira desde el otro. El cristianismo quizás lo haya entendido algún budista. Y no precisamente porque se haya aprendido la Biblia de memoria sino porque se haya dado cuenta de que esencialmente no hay diferencia entre Jesucristo y Buda, y porque haya entendido que todos podemos ser Jesucristo o Buda, ya que todos tenemos lo necesario para serlo, además ahora mismo. Se trata de quitar lo que sobra, no de ser más de lo que se es. Ni siquiera se trata de ser buena persona. Eso es una gilipollez para misas de pueblo que no hace falta buscar ya que aparece automáticamente como consecuencia inmediata de conocerse como Jesucristo o Buda. 

El otro desengaño que más impacto ha tenido en mi vida ha sido el de las palabras. Son la perdición de la humanidad. Cuantas más sé y más veo cómo se utilizan y el efecto que causan más me doy cuenta de que son puro veneno. Sólo sirven para atropellar la verdad, no para describirla y mucho menos para conocerla. El gran engaño consiste en que creemos que sabemos lo que son las cosas porque tenemos un nombre para ellas. ¿Puede alguien decir que sabe lo que es la miel sin haberla probado? Y lo que es más, ¿puede alguien que haya probado la miel decir con palabras lo que es? Saber es una experiencia, no un registro de información neuronal. Fíjate, amigo lector, en la cantidad de cosas que crees saber porque tienes una palabra para designarlas, y fíjate también en que verdaderamente no tienes ni idea de qué es lo que estás diciendo. 

Lo mío con las letras ha sido como un divorcio en la tercera edad después de celebrar las bodas de oro: agradezco lo que me han dado, pero no puedo seguir con ellas. Cuando les he preguntado quién soy han callado todas, las muy zafias. 

Últimamente me pasa que me alegro cuando se me olvida alguna palabra, y festejo mi amnesia con una sonrisa porque si miro una flor y no sé cómo se llama entonces sólo veo la flor. Es muy difícil mirar una flor y ver sólo una flor. Olvidar palabras es higiénico para el espíritu, y el silencio es una ducha en una cascada. 

martes, 10 de enero de 2017

Efluvios cerebrales



- El ser humano es una máquina perfectamente diseñada para amar. Cualquier otra utilidad que se le dé es infrautilizarlo. 

- Amar no consiste en tomar un objeto y arrojar sobre él emociones positivas. Amar es un corolario, una consecuencia, un bien colateral. Como el humo al fuego es amar al ser. Así mismo, perdonar no es algo que requiera de un esfuerzo. De hecho, si lo requiere entonces seguro que no es perdón. El perdón es el primer bostezo del que acaba de despertarse.  

- La pandemia que más formas de vida ha segado y empobrecido en los últimos millones de años es pensar que se es lo que se piensa. Afecta al 99% de los humanos, se contagia por opinión a través de las palabras, es más adictivo que el placer y más difícil de dejar que respirar. Los que se libran de esta droga hablan poco, precisamente porque hablar demasiado entrañaría riesgo de volverse a enganchar. Sé que no me entiendes pero no me preguntes más. 

- La diferencia que hay entre lo que una cosa es y lo que decimos que es es la misma que entre un lugar y su mapa o una botella y su contenido. Las palabras nos permiten desplegar las alas, pero sólo en el silencio se puede volar. 

- Nada de lo que pueda ser calificado de interesante me interesa.

- Lo que dices de mí es a mí como es al océano la espuma que deja una pequeña ola en la playa de tu pueblo.

- ¿De qué crees que están hechos tus sólidos huesos más que de aire respirado?

domingo, 1 de enero de 2017

Trinos


- No puedo parar de pensar, así que mis pensamientos están fuera de control. ¿Puede alguien decir lo contrario de sí mismo? Siendo así, ¿qué cabe esperar de un mundo en el que 7000 millones de cerebros están fuera de control?

- Aprender una lengua es pasar de garabatos y ruidos que no se entienden a palabras y mensajes comprensibles. Aprender a vivir es algo que va más o menos al revés. Es pasar de creer que se tienen las ideas claras a darse cuenta de que casi todas las que se tienen no son más que ruidos que garabatean y oscurecen el verdadero entendimiento. 

- Las opiniones son flores de plástico. Lo mismo me da rosa o loto que cactus o cardo. Inodoras todas. 

- Está claro que si quieres acertar y te equivocas, entonces te equivocas, y punto. Pero ¿qué pasa si intentas equivocarte y te equivocas? ¿Aciertas entonces? ¿Y si intentas equivocarte y aciertas? ¿Te aciertivocas?, ¿equiciertas?  Desde luego, parece mucho más amplio el horizonte de intentar equivocarse que el de intentar acertar. A ver si es que todo este tiempo me he estado equivocando intentando acertar...

- El cambio que supone encender o apagar una vela en una habitación oscura es enorme. Sin embargo, si en esa habitación entra la luz del día, entonces la aportación de la vela es despreciable. Tú eres la habitación, la vela son las circunstancias de tu vida, y la luz del día es saber quién eres.