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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 13 de diciembre de 2016

Pensamientos de andar por galaxia


El universo es infinito, pero no porque esté creciendo y haya sobrepasado los límites de lo mensurable, sino porque no tiene tamaño. Entender la infinitud no consiste en pensar en algo enorme que no deja de expandirse y que en un momento determinado pasa a ser tan grande que resulta inabarcable. Ese enfoque no sirve porque la mente colapsa.  

Los 'tiros' -amigo pensador- no van por ahí. Entender la infinitud es una realización, no una conceptualización. De la misma manera, el universo es también eterno, pero no porque exista desde hace un tiempo incontable y porque vaya a estar ahí otra cantidad incontable de tiempo, sino porque no hay tiempo. La eternidad no es infinitud de tiempo, es ausencia del mismo. 

El espacio y el tiempo no son atributos de la realidad, son sólo el temblor de una bandera queriendo medir el viento. Una sola célula, un solo átomo de cualquier cosa, contiene los mismos innumerables y eternos misterios que una galaxia entera. No es que el tamaño no importe, es que el tamaño no es. 

Y otra cosa -amigo pensador-, tampoco hay bien-y-mal, se hace bien-y-mal al pensar. 

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