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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Carta-brisa para amigos con desaires




Querido amigo, 

No es que el tiempo me haya dado la respuesta a muchas de las inquietudes que tienes. Diría más bien que he necesitado del tiempo para encontrar las respuestas, pero las respuestas me las ha dado la experiencia, y ahora que las tengo sé que no hace falta tiempo ni edad para encontrarlas.

La pulsión que tienes de encontrarte a ti mismo no le es ajena a nadie, incluso a los que dicen no tenerla. Lo que ocurre es que no saben que se están buscando, pero todo el mundo lo hace. Esa es básicamente la tarea de la vida, es su desenvolverse. La cuestión no está, por tanto, en buscarse o no, sino en dónde hacerlo.

Lo que tú y casi todo el mundo hace es buscarse en una actividad, en el desempeño de unas funciones, en un trabajo, en un rol, ya sea social, familiar, académico, laboral... es decir, en algo externo, así que es normal que te plantees un objetivo, un lugar, un tiempo y unas expectativas. Eso es lo normal y lo que hace casi todo el mundo, pero como me preguntas a mí, yo te respondo: yo ya no lo hago. ¿Y qué hago en su lugar? Con preguntas te respondo:

¿Te imaginas hacer algo sin expectativas, sólo por el placer de hacerlo, dándote igual lo que ocurra?

¿Te imaginas no identificarte con tus éxitos o tus fracasos, o con cómo te va aquí o allá, porque experimentas que una cosa eres tú y otra lo que te pasa?

¿Te imaginas que te dé igual interiormente -donde tú eres tú de verdad- que las cosas salgan bien o mal porque sabes de una manera que trasciende las palabras que el bien y el mal son etiquetas y no esencias?

Todo depende de con qué te identifiques. Yo, por ejemplo, no me identifico con nada que se pueda tocar o que se pueda pensar. No me identifico con mi dinero, ni con mi país, ni con mi sexo, ni con mi trabajo, ni con mis conocimientos, ni con mis ideas y pensamientos, ni siquiera con mi familia. Todo eso que normalmente llamamos vida yo no lo llamo vida, sino cosas que me pasan en la vida. Es una sutil pero clave diferencia. Eso es la historia de mi vida pero yo soy otra cosa. Yo soy la energía consciente que observa todo eso, es decir, que no soy ni el que hace ni el que piensa, sino lo que observa cómo todo eso pasa. Cuando consigues ver las cosas de esta manera adquieres una dimensión de ser a la que le da igual lo que esté pasando en la historia de tu vida, y eso curiosa y paradójicamente te permite vivir de verdad.

Con esto presente cualquier decisión que implique un cambio de aires -del tipo que sea- ocurre de manera sosegada y sin dar lugar al fracaso o al error porque todo forma parte natural del propio caminar vital. El temido miedo se convierte en el canto de un pajarico, y no afecta la crítica externa porque se sabe que es relativa y que responde a unas expectativas que no son las tuyas. Con esto presente sólo hay presente, así que las expectativas propias -que se ahogan sin futuro- desaparecen porque ya te sientes completo antes de hacer nada. De hecho no haces nada por la necesidad -normalmente estresante- de completarte, sino que se actúa desde la paz de alguien que, estando ya completo, se disuelve como un grano de sal en el agua, desapareciendo como grano pero haciendo que el agua pase a estar salada. Pasas de ser sal compacta a salinidad ubicua. ¿Te da miedo?, ¿temes perderte? Ese miedo no es tuyo ni es real, es de quien se hace pasar por ti, es sólo el reflejo de la luna en un charco. Obsérvalo y verás que es cierto lo que te digo.

Mientras uno no descubra la dimensión de ser que tiene dentro, todo lo que haga le llevará a la misma sensación de incompletitud. Puede que por unos instantes (días, semanas, incluso meses), uno crea que es lo que tiene que ser porque ha encontrado el trabajo de su vida, la pareja ideal, el casoplón perfecto o incluso el aspecto deseado, pero si la identificación se hace con esas formas externas (trabajo, pareja, casa, estética...), al final siempre aparece la insatisfacción porque todo es impermanente. Esas realidades son siempre de arena, ¿no te das cuenta?

Tú, amigo, puedes plantarte donde quieras porque eres un baobab con alma de leopardo, un soplo de vida, un gigante eterno que traga mares, mastica lunas y hace malabarismos con asteroides dando brincos de planeta en cometa. Céntrate en descentralizarte y te encontrarás en todo, no sólo en esta pequeñez que ahora te abruma. No importa en qué país estés, qué idioma hables, con quién duermas o hacia donde mires. Ya estás completo, ya eres. El despliegue en obras y aprendizajes es secundario. No te busques en ello, sólo tiéndete sobre ello, descansa en ello, florece en ello, conviértete en fragancia. Buscarte sólo puedes hacerlo hacia dentro, sintiendo la vida que hay en ti y traspasando el nublado de ideas, juicios y prejuicios con el que la mente oscurece el sol de nuestra esencia personal.

Si todo lo que te acabo de escribir no te suena a palabrería baratuna y adviertes algo como de poso de verdad en ello, entonces ve inmediatamente a una librería y cómprate 'El poder del ahora'. Este libro puede cambiar tu visión, y con ello cambiará también la historia de tu vida, aunque eso -ya lo entiendes o ya lo entenderás- también es secundario.

Querido amigo, has nacido en la línea de meta. El viaje consiste únicamente en que te des cuenta de ello, no en que llegues a ella. 

Un abrazo, y ¡feliz ahora!

2 comentarios:

  1. Querido amigo,

    Con preguntas te hago este comentario.

    ¿ Y el qué siente ?, ¿ Quizá si seas tu el qué siente ?

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