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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Libertad preposicional


Simultaneo estos días durante mis paseos por las calles de Calcuta la lectura de 'Freedom, the courage to be yourself' (Libertad, la valentía de ser tú mismo), de Osho, con la atenta y meditativa observación de lo que veo a mi alrededor. 

Osho hace interesantes reflexiones sobre lo que yo daría en llamar la 'libertad preposicional'. La idea se fundamenta en analizar la libertad asociada a un par de preposiciones, a saber: libertad de y libertad para

Libertad de es sólo media libertad, y de poco sirve en este caso el vaso medio lleno porque esto de la libertad es o no es, pero no puede medio ser. Libertad de consiste en liberarse de algo, es no estar atrapado por las sombras imaginarias de los condicionantes externos como la familia, la nacionalidad, la religión, el trabajo, las posesiones, los actos y las ideas, pero aunque supone un paso adelante, ahí no se acaba la historia. Uno puede sentirse interiormente ajeno a todas esas ilusiones, pero el vacío sigue presente porque ese desembarazo es sólo una parte de la libertad. Cuando se llega a ese estado aparece la pregunta de las preguntas, aparece la libertad para. ¿Y ahora qué? Ahora que no hay obstáculos, ¿cómo actuar?, ¿hacia dónde ir?, ¿qué hacer con mi libertad?, ¿para qué la quiero?

No es extraño que la gente tenga miedo de ser libre, pues esa pregunta -que en el estado normal de sometimiento en el que la gran mayoría vive queda automática y cómodamente respondida- se presenta como irresoluble cuando uno es medio libre y da más miedo que la esclavitud misma. 

La libertad pasa entonces a ser un ejercicio de responsabilidad, es decir, de 'responder con habilidad' precisamente a la pregunta de qué hacer con ella. Y desde luego el juego no consiste en utilizarla para satisfacer deseos, pues no hay nada más enemigo de la libertad que el deseo, se pueda éste perseguir o no, y quede éste satisfecho o no. No nos confundamos: la posibilidad de perseguir un deseo se llama licencia, no libertad. 

Dice Osho que la última parte de la ecuación, es decir la libertad para, sólo se puede resolver haciendo una cosa: meditando. Y más de acuerdo no puedo estar con él, no porque me guste cómo lo cuenta, sino porque coincide con mi cuento. Yo ya no decido lo que hago a través de ideas luminosas que elabora mi mente, sino que lo descubro apagándolo todo y siguiendo la lucecica que queda. En el caso de que no quede ninguna lucecica, pues no hago nada y ya está. Por eso últimamente ante preguntas del tipo '¿por qué no has venido?', '¿por qué dices eso?', '¿por qué dices lo otro?' o '¿por qué no dices nada?' respondo con toda naturalidad 'no sé', como si fuera tonto, y me quedo tan a gusto. Por cierto, que la ausencia de necesidad de entenderse mentalmente es uno de los postres a mi entender más sabrosos que la libertad brinda. 

En cualquier caso, me pregunto qué opinarían sobre esto de la 'libertad preposicional' y todas estas cábalas las personas que se apelotonan en las aceras de esta ciudad y que viven su día a día entre basura, calderos herrumbrosos y olores nauseabundos, que se bañan en asquerosos desagües de alcantarillas y que sestean -muchas de ellas moribundas- sobre adoquines ennegrecidos por la indiferencia. ¿Qué dirían sobre la libertad estas decenas de miles de familias a las que se les atribuye la misma dignidad que a las ratas con las que conviven? '¿Liberqué, fraterniquién, igualicuándo?'.

Pero soplarán monzones nuevos para todos: para los miserables y para los racionalmente iluminados del siglo de las sombras. En Calcuta hay unos 15 millones de personas y todas ellas -las 'diferentes' y las indiferentes- estarán muertas dentro de 100 años. ¿No es increíble la renovación que va a experimentar esta ciudad durante el próximo siglo?

En Calcuta, a 4 de noviembre de 2016. 
'Liberqué, fraterniquién, igualicuándo" es una frase genial de Neorrabioso. 

2 comentarios:

  1. I like your blog Antonio. I want to learn how to create a blog..

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  2. "El Amor no es una relación. El Amor es un estado" (Osho).
    Me encanta tu blog.

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