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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 16 de octubre de 2016

El suicidio de las letras


Toda mi vida me han acompañado las palabras. He mantenido un idilio apasionado con ellas y han sido siempre una de las prendas más características con las que se ha vestido mi personalidad incluso cuando era pequeño. Las palabras son los genitales de mi mente. Tan amorosa ha sido mi relación con ellas que han proliferado en mí creando una familia numerosa de seis miembros claramente diferenciados y activos, todos elocuentes, académicos y bien educados. 

Entre unos idiomas y otros, y sumando los primos hermanos que puedo decodificar por redundancia, calculo que puede haber en mi cerebro unos cien mil términos diferentes. ¡Qué vergüenza! Todo eso para no ser capaz de expresar ni una sola verdad. ¡Vaya estafa! No tengo palabras, pero sí una fortísima pulsión de dejar de hablar, así, sin más. Debe ser algo parecido a lo que siente el fumador que de repente, después de una vida entera fumando, llega un día y se dice: "ya está, no fumo más". 

¡Calla ya! -me escucho- como que ya hubiera hablado demasiado, o al menos lo suficiente, como que alguien dentro de mí tuviera claro que por ahí, hablando, no voy a poder llegar, y que así, hablando, no sólo no lo voy a conseguir sino que lo voy a bloquear. Pero, ¿llegar a dónde?, ¿conseguir qué?, ¿de qué bloqueo me hablo?
¿Dónde están esas traidoras ahora que me hacen falta de verdad?

¿Qué puedo hacer?, ¿debo seguir ese instinto o debo buscarle una explicación para verbalizarlo?, ¿qué me está pasando?, ¿qué mudo hartazgo me está gritando?, ¿por qué las letras se me quieren suicidar? 
Necesito una respuesta, ¿alguien me la puede silenciar?

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