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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Mis experimentos con la psique III. Los primeros informes.


El primer informe que me pasó el detective fue decepcionante. No es que fuera inexacto. No era eso lo que me decepcionó. De hecho, diría que fue muy preciso, pero no satisfizo lo que yo andaba buscando y desde luego no sirvió para responder a ninguna de mis grandes cuestiones. Decía que yo -eso cuya naturaleza quería conocer- era un cuerpo con dos manos, dos pies, una nariz, dos ojos, una boca, etc. En fin, un conglomerado de cincuenta billones de células maravillosamente ordenadas que daban lugar a todos los órganos, extremidades y partes del cuerpo que conocemos. Me explicó además que tenía cinco sentidos con los que percibía todo lo que había a mi alrededor, y que con el cerebro interpretaba estos datos y controlaba el resto del organismo.

De acuerdo -le dije-. Todo eso es cierto, pero ya lo sabía. Lo que necesito es identificarme, saber quién soy, reconocerme. ¿Puedes traerme datos sobre eso? Y a continuación, sin mucho tardar, me trajo más datos, muchos más, pero igualmente decepcionantes. Me dijo mi nombre, mis apellidos, mi nacionalidad, la fecha de nacimiento, el número del pasaporte con su fecha de caducidad, el nombre de mis padres, de mi hermana, de mi cuñado, de mi sobrinos, el de mis amigos y hasta el de mis exnovias. Por darme datos, me dio hasta la declaración de la renta de los últimos años, mi historia de vida laboral, una impresión de mis huellas dactilares, y finalmente me dijo cuál era mi banco y cuándo dinero tenía en la cuenta, lo cual me dio mucha lástima, porque pensé que si eso era lo que yo era, bien poca cosa era.

En fin, que verdaderamente me trajo datos que me identificaban. Más claro no podía estar, y más completo el informe no podía ser, pero me seguía sintiendo igual de desconocido para mí mismo. Extraje de estos primeros informes, sin embargo, una novedosa conclusión que, aun disfrazada de evidencia, a veces nos suele pasar a todos inadvertida: Lo que somos en esencia no es nuestro cuerpo, ni nuestro cerebro, ni nuestro nombre, ni nuestra familia, ni nuestro pasado, y mucho menos nuestro dinero.

Pensé que, si bien los informes habían sido un saco de perogrulladas archiconocidas para mí, la sensación que tuve de no identificarme íntimamente con ninguno de esos datos me resultó valiosísima. Aunque todo lo que el detective me dijo me identificaba “hacia fuera”, no significaba nada “hacia dentro”. Yo era otra cosa.

Le dije que había hecho un gran trabajo compilativo, pero que era otra clase de información la que yo quería, así que le pedí que siguiera investigando. Cuando se fue, me quedé reflexionando sobre estos primeros informes, lo poco que me describían y la mucha importancia que en general les damos.

-Rishikesh (Terhi Garhawal) - India.

1 comentario:

  1. Abrazos grandisimos queridisimo primo.
    " El que trabaja con las manos es un operario,
    el que trabaja con las manos y la cabeza es un artesano,
    el que trabaja con las manos, la cabeza y el corazón es un artista."
    - San Francisco de Asis -

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