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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

jueves, 10 de septiembre de 2015

El eje de la ruleta


Imagina una ruleta. Todos sabemos cómo es. El mecanismo consiste en un eje fijo en torno al cual se mueve un plato giratorio. Sobre el eje hay un puntero, es decir, un marcador, una flecha que apunta hacia fuera. Durante el giro, el puntero va señalando sucesivamente diferentes puntos del plato. Si dividimos el plato en áreas a las que la flecha se dirige y asociamos a cada una de esas áreas una circunstancia, ya sea algo entendido como bueno, malo o regular, tenemos una ruleta de la fortuna. 

Imagina ahora que como posibles estados de la ruleta consideramos todos los aspectos de una vida, los importantes y los fútiles: ganar mucho dinero, perderlo, enamorarse, desenamorarse, encontrar un buen trabajo, ser despedido, tener mucha cultura, no tener ninguna, conocer a alguien interesante, aborrecer a alguien que conocemos, ganar un premio, no ganarlo, viajar, no moverse, tener coche, no tenerlo, enfermar, sanar, ser gordo, flaco, llevar gafas, no llevarlas, ser inteligente, estúpido, talentoso, torpe, vegetariano, carnívoro, dormir bien, velar...

Si hacemos girar la ruleta y apuntamos todo lo que va saliendo, voilà, tenemos una vida. Los resultados que han ido apareciendo hasta que uno muere constituyen, simplemente yuxtapuestos, una biografía.

Supón que hablamos de ti. Ya tenemos tu biografía, lo que posees, lo que sabes y hasta lo que piensas, pero... ¿quién eres tú en todo este juego? ¿Eres las casillas que han ido saliendo, es decir, eres la historia de tu vida o eres otra cosa? Lo que la ruleta de tu fortuna señala son las circunstancias de tu existencia, las cosas que te pasan, la suerte que te ha tocado, lo que va a servir para escribir tu biografía, pero eso no eres tú. ¿Acaso un jugador es las cartas que le tocan? 

La realidad es que eres algo en lo que probablemente ni siquiera te has fijado. Tú no eres otra cosa que el eje de giro, el que no se ha movido del sitio en todo el juego, el que no ha cambiado, el único elemento que no ha dependido de dónde se ha parado el plato giratorio. Lo que has vivido son ilusiones cambiantes, tránsitos, nonadas de tu existencia, manifestaciones externas de tu propio yo, tu historia personal. Tú, tu tú de ti, el de verdad, es independiente del giro de la ruleta, eterno, fijo, inmutable y divino. 

Y ahora que lo sabes, ahora que conoces tu verdadera condición, ¿crees que debería importarte hacia dónde apunta la flecha? Cualquier cosa que le ocurra a una persona puede ser transcendida y llegar a ser irrelevante cuando se identifica el verdadero yo, porque a partir de ese momento se descubre que la identidad de uno mismo no tiene nada que ver con lo que ocurre ahí fuera. Llegar a entender, sentir y practicar esto es la definición de autorrealización. 

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