Mi foto
No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

lunes, 31 de agosto de 2015

Enamorados desencaminados


¡Qué desencaminados recorremos el camino del amor!

¡Te necesito! –decimos-. ¡Qué invasión de lo ajeno!

¡No puedo vivir sin ti! –piropeamos-. ¡Qué responsabilidad impuesta, qué crónica de un dolor anunciado!

¡Eres lo más importante de mi vida! –arrojamos al otro-. ¡Qué verdad más mentirosa! ¿Acaso hay para tu vida algo más importante que vivirla?

¡Te quiero sólo para mí! –ridículamente condenamos-. ¿Ya empezamos con posesiones y autocracias? Si contiene barrotes no es libertad.

¡Prométeme que no me dejarás nunca! –exigimos-. Mal vas si pides por encima del tiempo. Y torcido andar el tuyo si necesitas que tu dar camine sobre la alfombra del tener.

¡Hasta que la muerte nos separe! –acordamos leoninamente-. ¿No sabéis que es precisamente la muerte lo que os va a unir de verdad?

¡Amor mío! –nos atribuimos-. Poco y mal va a respirar ese amor con dueño. El collar da de comer al perro, pero no le hace libre.

¡Lo eres todo para mí! –pontificamos-. Y así sentenciamos al que, hoy culpable de nuestra excitación, lo será mañana de nuestro dolor.

El laúd suena porque tiene las cuerdas separadas, el templo se sujeta porque corre el aire entre sus columnas, y el ciprés no crece a la sombra del roble.

¡No espero nada de ti! –dijo el amante perfecto-. Y así, verdadera y libremente, amó.

1 comentario: