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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 21 de julio de 2015

Voces lejanas


El escalador llevaba tiempo caminando, pero no tenía clara su posición. Decidió pararse un momento para pensar sobre el camino seguido y dónde se encontraba. Su cansancio le dictaba que había ascendido, pero, aparte de esta sensación, necesitaba encontrar algo en él o a su alrededor que le aclarara cuánto había ascendido, o si, por el contrario, quizás había errado el camino y estaba aún más abajo que antes de empezar. 

De no haber descendido se autoconvenció fácilmente, pues recordó que empezó a caminar hacia arriba justo cuando supo que ya no se podía bajar más. Su viaje tuvo principio en su sombra más oscura, en la más baja, y le resultó entonces lógicamente imposible haberse hundido más. De que aún no había llegado a la cima tampoco le costó convencerse, ya que aún le quedaba cielo por encima. Por tanto concluyó que su cansancio era la medida de lo que había ascendido.

Para poder medir hasta dónde, se le ocurrió preguntárselo a alguien, pero se dio cuenta de que estaba en la ladera de una montaña en la que no había nadie más. La gente con la que solía hablar se había quedado allí abajo, en el valle, y ya nadie le podía escuchar, aunque gritara, y ya a nadie podía escuchar, aunque le gritaran. 

La soledad -le dijo el eco de la montaña- es el mejor indicador de que vas por el buen camino, hombre buscador. No hay atascos en el camino de la iluminación porque no es el más transitado, y no te ha de extrañar esa sensación de falta de compañía, pues caminas hacia dentro de ti mismo; ¿a quién esperas encontrar ahí si no es a ti y nada más que a ti? 

Igual que la flecha, que necesita un vuelo para ensartarse en su blanco, la sabiduría necesita también volar, ser foránea, alejarse para así poder cubrirnos desde fuera y fecundarnos. Viajero buscador, fecundador de paz, la soledad y las voces lejanas cada vez más débiles son la medida de tu acercamiento. Alejarse de todos para acercarse al todo, he ahí la indescifrable paradoja de tu escalada.

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