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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 14 de junio de 2015

Descripción del carácter-pregunta


Descripción de un carácter, porque una personalidad es imposible de describir. La personalidad se mueve, y no se puede retratar un movimiento que además aún no ha terminado de ejecutarse. Sería como fotografiar un salto. De la misma manera que un cometa es cometa no por lo que es, sino porque se mueve, la persona es persona porque se despliega a lo largo de su personalidad, ese algo constante imposible de constatar que cambia de forma como las nubes de lugar.

El carácter, empero, elenco de grandezas y miserias, sí se puede describir. Puede ser inexacto, incompleto, injusto y parcial, pero es real, como lo es un cubo bidimensional.

Ella era toda epíteto, carácter en cada tesela, un mosaico de la globalidad, un conato de eternidad. No se trataba del tamaño de su saber, sino de su actitud ante el desconocer; eso le hacía inabarcable e irresistible. Lo sabido le aburría, era aire quieto, mar de aceite, mirada fija. Lo desconocido, sin embargo, destruía el techo de sus cielos y agitaba sus piélagos, movía corrientes frías y creaba nereidas preguntonas en su mente. Querer saber provocaba en ella estímulos de vida, erupciones de preguntas y huracanes de curiosidad. Pero sorprendentemente, las soluciones eran lo que más le apagaba, porque calmaban de manera transitoria su sed de conocimiento, y cuando se es pura sed, beber es desaparecer, igual que cuando se es pura herida, sanar es morir

Esa mujer era una paradoja aclaratoria, asombrosa cuando desconocía, reina amazona en las preguntas y bebé durmiente en las respuestas. Presumía de no saber, y era adicta a la virginidad. La conocí cayéndome por el tobogán de una pregunta y me enamoré de la fuerza de sus dudas. Comimos juntos millones de respuestas con el sosiego de un tiburón ballena, pero era el hambre y no su satisfacción lo que nos unía. A decir verdad, las respuestas ofendían.

Supe que se iría y dejaría una estela de interrogantes que unirían como un lazo de recuerdos mi corazón y su cerebro, pero el mío -otro enjambre de indeterminaciones- me aclaró que si los respondía, la perdería. Me enamoré de una duda insatisfecha, aunque dudo de si ella, todo esto, lo sabía...

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