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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

sábado, 2 de mayo de 2015

Like the winter and the summer


Like the winter and the summer, yes, like the winter and the summer, Sir.
- What?
Like the winter and the summer, Sir, like the winter and the summer.
- OK, like the winter and the summer, but like the winter and the summer, what?
The problems, Sir, the problems. Like the winter and the summer, problems come and go, come and go, Sir, problems come and go, like the winter and the summer.

Esa fue la entrecortada y repetitiva conversación que mantuve con un indio que subió al autobús-feria en el que me desplazaba desde Anantapur hasta Hampi, lugar en la India robado a otro planeta. Hampi se esconde entre enormes piedras que parecen colocadas sobre las montañas por un Dios caprichoso que se hubiera entretenido jugando a un mecano pétreo a la orilla de un río que se desliza como una sonrisa regando con generosidad unos prados que hacen de jardines naturales póstumos para centenares de templos, susurros silenciosos de los secretos de una civilización -la del imperio Vijaynagara- de la que ahora quedan un esqueleto arquitectónico que rezuma grandezas de otrora y un elefante tristón que probablemente querría estar en otro sitio haciendo otra cosa en vez de bendecir con emotivos trompazos a motivados turistas.

Sin duda, aquel indio estaba en pleno verano emocional. Su sonrisa desubicada y su discurso intempestivo y vehemente, como traído por un rayo de luz casual que entró por la inexistente puerta el autobús, impactaron en mi oído y en mi cerebro. “Like the winter and the summer, problems come and go” (“Como el invierno y el verano, los problemas vienen y van”). 

Su mensaje era tan cierto como extraña su aparición -fugaz e inesperada-. Su verdad vino montada en la espontaneidad de alguien que por lo harapiento de su aspecto parecía no haber vivido un verano en su vida. Se sentó a mi lado, me espetó entusiastamente la idea y se bajó en la siguiente parada.

Meses más tarde, en una de mis lecturas relajadas del Bhahavad Gita, me encontré con la siguiente traducción del sánscrito de uno de sus versos: “La aparición de la felicidad y la aflicción, y su desaparición a su debido tiempo, es como la aparición y la desaparición de las estaciones del invierno y el verano. Todo ello tiene su origen en la percepción de los sentidos, y uno debe aprender a tolerarlo sin perturbarse”.

¡Vaya! -pensé con el libro en la mano-, aquel indio era puro verano anunciando que nunca más temería al invierno. No volveré a lamentarme del frío ni del calor, porque el uno no es más que la sala de espera del otro. 

- You are right, brother! -contesté, con meses de retraso- You are absolutely right!

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