Mi foto
No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

viernes, 22 de mayo de 2015

El ego es una mano que sólo sabe ser puño


Pensando pensando y sintiendo sintiendo he llegado a sentipensar que el ego no es malo, es simplemente alguien que no sabe irse. Es como una de esas personas majas pero pesadas de las que ya te has despedido y con las que sin embargo y de repente, por un azar mal calculado, te vuelves a encontrar en el asiento de al lado de un autobús que te lleva muy lejos en un viaje muy largo. ¡No, otra vez este aquí, y sin huida posible! El viaje es la vida, el diálogo con él es un recreo de presunciones, y la huida sería la libertad, o, más bien, la liberación.

En mi opinión, la infancia, la juventud y los umbrales de la adultez -eso que para algunos es siempre un horizonte- sirven para que descubramos qué se nos da bien, cuáles son nuestros talentos, en qué somos buenos. Estos talentos normalmente lo descubrimos a través de las loas ajenas. Detectamos que somos brillantes en algo porque cuando lo hacemos los demás nos cubren de alabanzas y nos hacen un traje de halagos. El plan de la lógica sería que después, durante la madurez –ese país de nunca jamás para otros muchos- utilizáramos eso en lo que somos buenos al servicio de los demás, es decir, de todo lo que hay de nosotros mismos fuera de nosotros mismos.

Pero no se ha fotografiado nunca al ego con los brazos abiertos. Aparece siempre recogido y encogido, y su risa es siempre hacia dentro. Cocinamos el pastel con fuego ajeno pero luego lo queremos para nosotros solos, porque está muy rico, porque es nuestro, y porque si lo damos nos quedamos sin él. Luchamos por un empacho a solas y nos perdemos una comida con los amigos. 

No es que el ego sea malo, simplemente es tonto. Es como una liebre que se emocionara y se olvidara de que sólo está para imponer un ritmo a las virtudes, no para ganar la carrera. Alguien que ignora que el verbo ganar es inconjugable sin que al mismo tiempo se conjugue perder, y sobre todo que no entiende que vaciarse no es quedarse sin nada, sino llenarse de acogida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario