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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 28 de abril de 2015

Playas y almenas


No es que en el universo haya vida, sino que el universo está vivo. Para concluir esto recurro a un razonamiento muy sencillo: yo estoy vivo y soy parte de él, así que él está vivo. Yo no soy verdaderamente yo, sino que soy él a través de mí. Esto quiere decir que no termino donde termina mi cuerpo. Como es lógico, ahí sólo termina mi cuerpo. Decir que yo soy mi cuerpo sería como decir que un río es su orilla, o que el mar es una playa.

Pero entonces, ¿qué soy?, o más bien, ¿qué represento? Soy una expresión transitoria de algo que no lo es. Lo que es eterno debe expresarse, y, aunque parezca paradójico, debe hacerlo a través de algo perecedero. Esta aparente contradicción es en realidad muy fácil de entender: si algo eterno no se manifestara a través de algo transitorio, entonces su eternidad sería inexistente, porque no sería inconmensurable con respecto a nada. Si dos eternidades se encontraran no se podrían reconocer. Las eternidades se comunican mediante transitoriedades a través de las cuales expresan su infinitud. Yo soy una sílaba de esa eternidad, pero no soy una sílaba que pretende pronunciarse, soy una sílaba pronunciada. El misterio de la existencia no está, pues, en interpretarse, sino en sentirse pronunciado. La grandeza del Quijote está en cada una de sus sílabas, y cada una de sus sílabas es a su vez el Quijote en sí. 

En el mundo de hoy en día, reflexiones de este tipo suelen considerarse como frivolidades de un intelecto desocupado, inútiles ascetismos caprichosos, desviaciones de la realidad, paranoias filosóficas… pero en mi opinión lo verdaderamente inútil, paranoico y frívolo son los valores que normalmente se manejan en nuestra sociedad actual. Todo lo que en este espejo cóncavo del "bienestar" hemos creado es ridículo con respecto al extraordinario y maravilloso fenómeno existencial que cada uno de nosotros representa. 

Cada vez me despeinan menos conceptos como el dinero, la fama, el reconocimiento, la seguridad… ¿seguridad?, ¿en qué? La palabra seguridad es sin duda la más metafísica que conozco, y sin embargo nuestra sociedad la ha encapsulado en paquetitos encelofanados y la publicita y mercadea permanentemente. Hacer participaciones de la Catedral de Burgos y venderlas libremente, como quien vende un apartamento en multipropiedad, resultaría menos absurdo que vender seguridad.

Cuando se percibe la caída del párpado universal sobre la propia existencia terrenal y se descubre con clarividencia que esto es sólo un pestañeo de la eternidad, las duras rocas mundanas se convierten en arenosos detritos de pez loro que forman playas al borde de la perpetuidad y a los castillos en el aire se les caen los puentes levadizos y les nace en cada almena una princesa enamorada del mar.

1 comentario:

  1. Tu deuda con los demás parece que crece linealmente a las entradas a
    de tu blog.
    Contén tu frivolidad intelectual, para que, cual sumideros humanos podamos deshipotecarnos de parte de nuestra trivial ignorancia.

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