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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

viernes, 17 de abril de 2015

Los virtuosos (Nietzsche)


Nietzsche odiaba las ideas "flojas", como por ejemplo la de que el acto virtuoso es el que se hace desinteresadamente, sin buscar recompensa alguna. Al él le parecía una especie de desagradecimiento con la existencia eso de negarse a autoafirmarse en la propia grandeza. Para él alguien magnífico debía mostrar su magnificencia sin complejos ante los demás. Esto supone un punto de vista antagónico con respecto a los principios hinduistas. Supongo que si Ghandi y Nietzsche hubieran compartido sobremesa, la rueca del primero habría hilado lunguis y saris para toda la población india, y el bigote del segundo habría crecido hasta dar la vuelta al mundo unas cuantas veces antes de que ambos hubiesen llegado a un principio de acuerdo sobre sus filosofías, pero a mí eso no me impide disfrutar de las ideas de los dos, y no necesito renegar de la verdad de uno para advertirla también en el otro. 

En mi opinión, si el hombre fuera un árbol, las ideas hinduistas le pedirían que fortaleciera sus raíces y que se hiciera grande hacia dentro, mientras que Nietzsche le pediría que tocara las nubes con sus ramas. Al fin y al cabo, ambos hablan del mismo árbol. 

A continuación, un extracto de Así habló Zaratustra sobre la virtud:

"Los actos virtuosos son semejantes a la estrella que se extingue: su luz continúa siempre en camino y sigue su marcha; ¿y cuándo dejará de hacerlo? También la luz de vuestra virtud sigue su marcha, aunque la obra esté ya realizada. Cuando esté ya muerta y olvidada, los rayos de su luz proseguirán su marcha. ¡Que vuestra virtud sea vuestro sí mismo, y no algo que os sea ajeno, una epidermis, un manto! 

Pero hay también algunos para quienes la virtud es un retorcerse bajo un látigo. Supongo que muchas veces habréis oído sus gritos. Otros se consideran virtuosos porque les da pereza tener vicios. Hay otros que llevan tanto peso que rechinan como carros cuesta abajo, cargados de pedruscos: hablan mucho de dignidad y de virtud, pero es a sus frenos a lo que llaman virtud. Otros son como relojes a los que hay que dar cuerda a diario; producen su tic-tac mecánicamente y pretenden que a ese tic-tac se le llame virtud. Otros se jactan de tener la justicia en el puño, y en su nombre cometen crímenes contra todo lo que les rodea, hasta el punto de que el mundo se ahoga en su injusticia. Me dan náuseas cuando les oigo hablar de “virtud”; y cuando dicen: “soy justo”, suena como si dijeran: “¡estoy vengado!”. 

¡Que en vuestra acción esté vuestro sí mismo, como está la madre en el hijo!"

- Los virtuosos (Así habló Zaratustra). -Friedrich Nietzsche- 

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