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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

lunes, 27 de abril de 2015

Surcos del azar


Acostumbramos a pensar que echar algo de menos es un síntoma de que nos hemos equivocado de camino, de que no debimos movernos de aquel lugar en el que tan bien estábamos y desde el que ahora nos llegan saetas de melancolía, o de que sencillamente nuestra vida ha empeorado. 

Pensamos que echar de menos es una infidelidad a nuestro presente, un ahora traicionado, como ocurre en las parejas de recién hartados. ¿Echar de menos es malo?, ¿acaso hay honra mayor para un pasado que ser añorado? Si algo no es susceptible de ser echado de menos es que estuvo de más. 

¿Es pena la pena de haber sentido, o es más bien orgullo de haber sido?, ¿qué puede añorar aquel que no tiene un glorioso pasado que evocar? Echar de menos es en realidad el más sobresaliente síntoma de haber vivido de verdad, es el alquímico arte de encapsular la vida en una lágrima que da gusto segregar. Lo único indeseable de echar de menos sería "echar de menos echar algo de menos". 

Pobre pasado, nula existencia, cardiógrafo plano, ¿qué tipo de arado eres que surcos no dejas, conato vital?, ¿es que nada de lo que has vivido añoras, bestia?, ¿a qué llamas tú vivir que nada te duele, piedra?

¡Echa de menos, humano, y llora si quieres, pero celébralo y hazlo para invocar, no para claudicar! “A los surcos del azar llamamos camino”, ¿de la suerte -esa borracha antojadiza- nos vamos a estas alturas a lamentar?

1 comentario:

  1. Echo de menos no haber dispuesto de la madurez mental necesaria en el pasado, para recordarme a diario lo que debería haber echado más de menos.
    Abrazo poeta

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