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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

jueves, 2 de abril de 2015

Entre crepúsculos


Un día es lo que pasa entre dos crepúsculos, y un crepúsculo es la claridad que precede al día y que sigue al atardecer. Un día es, pues, algo que ocurre entre paréntesis. Podría decirse en términos gramaticales que es una frase aclaratoria entre claridades crepusculares. Es algo que a todos se presenta por igual pero a cada uno afecta de manera diferente. El Sol no se pregunta quién le espera ni quién le desea ver, ni se preocupa de a quién ilumina o a quién quema. Simplemente se asoma al balcón porque es lo que cree que tiene que hacer, observa, pestañea a través de las nubes y se retira a meditar. 

Yo creo que es la figura más fácil de deificar que existe. Quizás también el agua, pero este elemento es más tangible, “más humano”, más cercano. Sin embargo el Sol es “más divino”, sensible por sus efectos pero intocable en su esencia, inalcanzable, eterno e innegociable. El Sol no es bueno ni malo, simplemente es. Su naturaleza transciende nuestra maniquea interpretación de la realidad.

Y aún así, a pesar de tanta grandeza, en términos objetivos es sólo una estrella, y, a tenor de lo que nos dice la ciencia, una estrella común. No especialmente brillante, ni grande, ni potente, ni sabia por vieja, y ni mucho menos eterna, porque llegará un día en que se apagará. Cualquier estrella puede ser como el Sol. No es más que un alma vulgar que se ha divinizado por su actitud impertérrita ante los efectos que provoca y que se ha hecho eterna porque no teme morir. 

No tiene celos de nada, está siempre satisfecho, libre del dolor, de la exultación, del miedo y de la depresión, renuncia a los frutos de sus efectos, trata por igual a buenos y malos, no se engríe con las alabanzas ni se apesadumbra con las censuras, y no se ensoberbece con las loas ni se entristece con los vituperios. 

Siendo prácticamente nada, una estrella vulgar, el Sol lo es todo. Por eso constituye una guía para la iluminación humana, una imperfección a seguir, una escalera actitudinal hacia el verdadero yo. Una aclaración diaria entre paréntesis crepusculares: La eternidad es una actitud, no una infinita durabilidad. 

1 comentario:

  1. Entonces el Sol es un tuerto en el pais de los ciegos, dificil imaginar la ceguera que nos provocaría algun primo del Solo con los dos ojos sanos. Ceguera para sentir, no?

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