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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

jueves, 19 de marzo de 2015

Delirios de alcantarilla


Como la rueda que gira tan rápido que parece que no se mueve, así son las mentes de muchas personas, que pasan por torpes en algunas tareas, precisamente porque están en otras más elevadas. No es raro que los filósofos caigan por los agujeros de las alcantarillas por estar mirando al cielo intentando entender qué significa eso de que la luz que se ve de una estrella es el pasado de dicha estrella. ¿Cómo va a ser su pasado si la estoy viendo ahora?

-¿Es la luz el porteador del tiempo?- se preguntaba el pensador, justo antes de abocinar y perder los dientes contra el suelo. Excelsas reflexiones suelen ir acompañadas de ruines aterrizajes, y es que además, si se vuela alto o si se bucea profundo, no sobran los acompañantes pero abundan los vituperios. La gaviotas inconformistas saben bien que la virtud siempre ha sido más perseguida que alabada, y casi nadie desconoce que sólo la muerte del virtuoso abre de par en par las puertas de las loas, que aparecen como los escorpiones, a la oscuridad de la celosía. ¿Quién va a hablar bien de quién cuando se descubra que también se pueden tener celos de un muerto?

Un prejuicio es un juicio que se ha cagado encima y que encima se queja del mal olor. Las chozas de los pastores pueden albergar eruditos, y los sillones de los académicos pueden acomodar borregos. Buscar dentro de la idea despersonalizándola, desbrozar el bosque de la cantidad y encaminarse por la vía de la calidad son formas de convertir los malolientes prejuicios en juicios de provecho para acercarse a la verdad, esa que a pesar de todo siempre es y no sabe no ser. Esa que no se ensoberbece ni se apesadumbra, y que tampoco se reivindica porque sabe vivir sola. Aborrezco el mundo de las verdades que lo son por repetición. No puede haber nada más falso. ¡Decidid vosotros, demócratas de subsuelo, y haced con mi cuerpo lo que queráis. No me interesa vuestra fiesta de aves subterráneas en la que no se escuchan los susurros!

Estoy ocupado en buscar una ecuación matemática que demuestre que el universo está vivo y que cuando se desgarra sangra luz. Y cada día me dan más miedo las alcantarillas: sólo saben ponerlas en el suelo. 

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