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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Organismo desorganizado


Tenemos unos cincuenta billones de células en nuestro organismo, y aunque parezca increíble todas ellas saben exactamente lo que tienen que hacer. Epiteliales, musculares, neuronales... cada una con su función individual y orgánica. Una maravilla inigualable cuya magnificencia nos suele quedar eclipsada por un grano en la cara o por un juanete. 

Las células hacen diferentes trabajos pero son todas igual de inteligentes porque todas se enorgullecen de lo que hacen y ninguna pretende ser lo que no puede ser. No hay mayor indicio de inteligencia que reconocer los propios talentos y limitaciones. ¿Acaso hay células musculares que quieran ser neurona? ¿Y neuronas que prefieran ser epitelio? ¿Algún ojo que apunte a ser dedo? ¿O un pie que aspire ser oreja?

En cada célula y órgano de nuestro cuerpo coincide su ser con su querer, pero no pasa lo mismo en la sociedad, en la que cualquier cosa puede suceder. De hecho, en este desorganizado organismo de seis mil millones de células resulta que estamos gobernados por heces pensantes que se creen células-madre, representados por ecos sin voz, guiados por dedos-veleta, educados con libros de papel-moneda y sostenidos por infrahombres que han alcanzado tal nivel de autoengaño que se jactan de su humillante prefijo

Nos pasa esto desde que la flora intestinal invadió el cerebro y las neuronas tuvieron que mudarse al recto. 

1 comentario:

  1. Acabo de estornudar ventosidades, mientras me lagrimean regüeldos no saciantes...

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