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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Bellezas


En lo visible está el uso, en lo invisible la función; ¿por qué sólo vemos lo visible?

De todas las estrellas que hay, ¿cuál miras cuando aparece una fugaz?

¿Hacia dónde va la vista en un mosaico en el que falta una pieza?
¿Por qué el agujero, sin ser nada –siendo literalmente un “no ser”- conquista todas las retinas?

¿Es menos agua la de un estanque que la de una cascada?
¿Por qué bebo de la primera pero admiro la segunda?
¿Por qué me rindo ante las bellezas que alegran la vista y me peleo con las que de verdad rinden la voluntad y satisfacen la necesidad?

Deseamos que nos vean como estrellas fugaces, piezas que se rebelan contra su mosaico, valientes temerarios y agua que vuela, pero necesitamos beber en una orilla tranquila, valentía con licencia para cobardear y un cielo cosido de estrellas fijas para podernos orientar. 


PS: A continuación dejo un enlace al blog de un amigo que ha venido a verme unos días a Tanzania: 
http://periodismoescueto.wordpress.com/2014/09/27/cosas-que-hacer-en-tanzania/

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Lluvia vegetal, miedo cerval




El techo de mi habitación es de asbesto, y como hay muchos árboles altos alrededor, cuando hace viento se caen las hojas sobre él y suena a lluvia. Cada noche me acuesto con el sonido de la lluvia de hojas y cuento las ideas que se posan en mi almohada con las hojas que escucho llover. Es un sonido hipnótico, paradójicamente irregular pero cadencioso. Es al oído lo que las llamas de la hoguera a la vista: llamas y lluvia son una pasarela para que las ideas se vayan desnudando y acomodando en mi subconsciente para hacer una orgía onírica mientras mi consciencia prejuiciosa y pretenciosa se deshace de cansancio y se va sin despedirse.

Anoche, medio dormido, con la orgía medio empezada y el conocimiento medio borrado, sentí crepitar misteriosamente las bolsas de plástico de la habitación en las que guardo cosas de las que no me acuerdo. Quizás llevado por lo que alguna vez antes he visto, por el entorno natural en el que vivo, o por los miedos del que duerme -pues no hay nadie más indefenso que el que se entrega al sueño- pensé que el ruido estaba provocado por una serpiente, y me lo creí.
Pensé que la habitación estaba llena de serpientes, y me lo creí.
Soñé que me mordían, y lo sentí.
Soñé que mis brazos y piernas se convertían en serpientes y que yo mismo era una serpiente, y lo viví.

Al despertarme, con la orgía terminada y la consciencia otra vez sentada en el trono de mi propio yo, vi un inofensivo y gracioso sapo que me miraba fijamente desde el otro lado de la mosquitera.

“Así que serpientes, ¿eh?”–me dijo riéndose batraciamente-. "Cuentas tus ideas por hojas llovidas y yo cuento tus miedos por serpientes soñadas. Todavía te quedan muchas por decapitar".

“¡Será cabrón el sapo listillo!” –pensé-. Y a continuación, de verdad, desperté.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Diálogo hemisférico



- Y le dijo el hemisferio izquierdo al derecho:

No haces más que sentir, pero no explicas nada. El bien es sólo una pata de la mesa, y el mal no es otra sino la misma. Si no se especifica para qué o quién y en qué circunstancias se está, ambos conceptos se confunden hasta el punto de que una misma cosa puede ser buena y mala a la vez. En el fondo todo responde a un caprichoso juicio tuyo -hemisferio derecho, sensiblón-, siempre subjetivo.

¿Puedes decirme dónde empieza a ser verde el amarillo que se torna azul en el espectro de la bondad? Bueno y malo y regular y todo lo demás son sólo flechas que desentendiéndote de mí lanzas discriminadamente sobre lo que nos rodea; etiquetas que pones en las cosas, no cosas que las cosas son. Si me dijeras que todo es bueno nada sería malo. ¡Menuda imposible inútil gran verdad! Yo sé que la ética es sólo química neuronal. 

- Y el hemisferio derecho respondió:

Hablas mucho y escuchas poco, y si no entiendes te desentiendes porque no tienes corazón, pero sabes de sobra – hemisferio izquierdo, listillo-, pues tú mismo me lo has dicho varias veces, que te deprimes por pequeñez en el mar del conocer. ¿Y alardeas de saber precisamente tú -manostijeras- que sólo puedes acariciar con cuchillas de recortar ideas? ¿Tú que sientes vergüenza al llorar y por eso hablas técnicamente de lacrimar? 

- Y el hipotálamo que estaba escuchando intervino:  

¡Dejad de discutir y jugad a amar! Así entenderéis que las neuronas también se pueden besar.

- ¡Eso se llama sinapsis! -exclamó inteligente el hemisferio izquierdo-.

- ¡No, se llama ósculo! -dijo poético el derecho-.

- Y ecléctico el hipotálamo sentenció: 

¡Sinapósculo!