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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 31 de agosto de 2014

Masajista de neuronas


Soy un árbol que en vez de raíces tiene pájaros que vuelan tierra adentro, unos pies-patria que reivindican su dependencia allá donde me llevan, y unas alas con pico-lápiz que hacen nidos de pensamientos para criar ideas nuevas que enraícen mis planeos subterráneos.

Soy un viajero con un objetivo imposible y me muevo buscando alguien que crea que puedo conseguirlo, un proyecto de artistita apóstata de su ego que pretende hacer de su vida una obra de arte con remiendos, y un torno que tuerce seda tejiendo calcetines de lombriz y formando madejas de recuerdos.

Soy un sostenerme en una caída libre, un imposible tangible, viento en una cueva, un consenso de cincuenta billones de células sin abstenciones ni votos en contra, y un Hombre de Vitruvio desmedido con el ombligo en un extremo.

Soy una flor metálica que espera ser polinizada por el insecto-aire para entender lo que es el aroma, un tejo que muere eternamente porque no deja de resucitar, y un error de Matrix por reprogramar.

Soy masajista de neuronas y una ilógica aplastante. Se me mide exactamente con estimaciones y se me entiende con precisión compartiendo mis preguntas; si me respondes, me matas.

lunes, 18 de agosto de 2014

Canturreos de un pájaro transparente


He visto acercarse un pájaro transparente de vuelo irregular que se ha posado en el alféizar de mis pensamientos. Me ha pedido que lo dibuje, pero cuando iba a empezar ha aleteado un adiós silencioso sin mover el aire y se ha vuelto a alejar.
¡Inspiración! –ha piado su nombre.
¡Quién sabe cuándo se volverá a posar!

Llevo siempre un pico encima para utilizarlo con sosegada violencia contra los tabúes que encuentro dentro de mí. Detesto las puertas cerradas entre nube y nube.

Mis cogitaciones juegan con lo infinito y lo eterno, pero mi cuerpo es limitado y caduco, así que mis ideas no son mías porque no caben en mí. Decir que una idea es propia es como decir que un pescador crea peces.
En el cerebro del Hombre sólo cabe una caña que se llama curiosidad y su alma no es sino un cebo para pescar que se llama necesidad.
El mar, lo que de verdad es el mar, eso está fuera y es otro cantar. 

jueves, 14 de agosto de 2014

Puntitos de vistita


Para algunos American Beauty es una película sobre un señor al que le gusta la amiga de su hija, el Quijote un libro sobre un chalado que tiene un amigo gordo y no sé qué de unos molinos, y la vida una cosa que pasa antes de morirse. 
Son puntitos de vistita. 

Promesa electoral
¡Prometo regular el tránsito de luz en la Vía Láctea y multar a los meteoritos por exceso de velocidad cósmica. Tenemos que conseguir que nuestra galaxia sea un lugar tranquilo en el que se respeten los derechos básicos gravitacionales y ópticos de toda la materia! 
Las he escuchado más absurdas que esta. 

Llamo a declarar
A las drogas, el sexo, el desierto de ideas, los altos índices de frivolidad, la endogamia intelectual, el amor, la lima del tiempo y el dinero. Estoy seguro de que alguno de ellos tiene que ver con este caso. 
Da igual el caso que sea. 

Con red se perdona mejor
Quien necesita entender para perdonar tiene un perdón con micropene porque limita la grandeza del perdón a la pequeñez de sus entendederas. 

sábado, 9 de agosto de 2014

Autorretrato con letras



Las mejores fotos se hacen con la retina, y el mejor Photoshop es el cerebro. No hago muchas fotos (con cámara, se entiende), pero a menudo intento dibujar con palabras los trazos rugosos que mi memoria guarda sobre las cosas que he visto. 

La paleta de colores está hecha de otras imágenes o de cosas que he escuchado, leído o pensado, así que mezclando unas con otras voy dando brochazos a la idea que quiere parirse en mi interior.

A veces la imagen primera sobre la que trabajo no es una realidad antes vista sino un deseo, o una frustración, o un sueño, o la sala de espera de un sueño, o todo a la vez, por eso a través de la escritura uno puede transcender siendo otro. Leyendo se pueden vivir vidas ajenas; escribiendo, se pueden crear.

Cuando me pregunto por qué escribo se me ocurren varias respuestas. Supongo que por una parte está la presunción de que me lean: a todos nos gusta que nos escuchen cuando decimos algo, incluso a los que sólo dicen tonterías, entre los cuales, a ratos, me incluyo. Por otra parte, me gusta la idea de tener un archivo de lo que pasa por mi mente, y de no escribir no lo tendría; releerse es como mirarse al espejo y lo gracioso es que a veces no te reconoces. 

O quizás la razón última de escribir sea que quiero seguir siendo cuando deje de ser, o sea, que quiero transcender. Escribiría, pues, por instinto de supervivencia, ya que escribiendo se acerca uno a la inmortalidad, aunque la mejor forma de ser inmortal es no haber vivido nunca. Como no puedo no vivir, porque confieso que he vivido, me automedico: escribo

"Me automedico: escribo", es una frase de Neorrabioso.

martes, 5 de agosto de 2014

¿Real u onírico?


Es tan alternativo el mundo en el que ahora vivo con respecto al mundo en el que vivía antes que no sé si este es un sueño de aquel o si aquel es una pesadilla de este.

Digo sueño porque no acabo de convencerme de que sean reales estos atardeceres solitarios en los que cada día acuesto mis ideas de colores, ni de que sea verdad que utilizo el mismo vaso de plástico para beber, enjuagarme, afeitarme y ducharme. Creo que debo estar soñando porque no me explicaría si no que todos a mi alrededor sean negros y no hable sino una legua bantú que antes de acostarme para empezar el sueño ni siquiera sabía que existía.

O quizás sea esta la realidad y lo único soñado sea la pesadilla de que algún día estos atardeceres circulares multicolor se transformen en una habitación con vistas a un semáforo, el vaso de plástico en conversaciones de plástico que no concluyan en nada plástico, y los negros y la lengua de la selva con la que habla la naturaleza pasen a ser ectoplasmas transparentes con maletín que negocian en una lengua oscura cómo repartirse la deforestación de un bosque de árboles que nacen en el cielo para construir muebles en los que encerrar pensamientos libres.

¿Qué es real? ¿Qué es onírico? ¿Sueño o soy el sueño de alguien?