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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 6 de julio de 2014

Los números de lo imposible


Si nos creemos la teoría del Big Bang, o, por decirlo más vulgarmente, si nos creemos que esto empezó un día y terminará otro, o incluso si aceptamos que el Universo es eterno (lo cual resulta en sí increíble porque no pienso que nuestro entendimiento pueda verdaderamente asumir la idea de eternidad, como no pienso que pueda hacerlo con la de infinitud de ningún tipo), en cualquier caso, podemos hacer un sencillo cálculo para tener idea de nuestra ridícula potencialidad. Me explico:

El Universo llevaría expandiéndose algo así como 13.700 millones de años, la Tierra se habría formado hace unos 5.000 millones años, y el ser humano -quizás por entonces más humano que ahora- habría empezado su bipedación hace unos 2 millones de años. Ni que decir tiene que estos datos son aproximados. Sería de una presunción casi molesta, incluso científicamente, defender estas cifras como atinadas más allá de una mera suposición dentro de una mera teoría. Me parecen, sin embargo, números interesantes para hacer el siguiente razonamiento y ulterior cálculo. Por favor, que nadie de los que se tienen por "de letras", se me espante, ya que la idea es tan fácil de entender, como rotunda es la conclusión que de ella se saca. 

Si el Hombre pretendiera entenderlo todo, así, a secas -todo- entonces debería ser capaz de entender lo que ha pasado desde que el Universo es como es. Eso quiere decir que en el tiempo que el hombre lleva existiendo, que son 2 millones de años, deberíamos saber ya lo que ha pasado en estos 13.700 millones de años anteriores. Por decirlo de otra manera, cuando el primero de nosotros apareció aquí las calles cósmicas ya estaban puestas hace más de una decena de millones de años.  Si dividimos un número entre otro nos sale un ratio de 6.850 (13.700/2=6.850). Es decir, que la especie humana tendría que abarcar un espacio temporal de conocimiento que dura 6.850 veces su propia existencia para poder decir de verdad que sabe dónde está, quién es y de qué va todo esto. 

Para entender con un ejemplo lo que esto significa, supongamos ahora que la vida de un hombre dura 100 años. La estimación es generosa, y la suposición de que ese hombre quiera saberlo todo sobre su propia vida lo es más, pero incluso así para el razonamiento que me propongo me valen suposición y estimación.

Si la edad del Universo es 13.700 millones de años, la edad del Hombre como especie 2 millones de años, y por tanto el ratio entre ambos números 6.850, entonces para el Hombre intentar saber todo lo que ha pasado desde el Big Bang hasta hoy es como como para una persona que va a vivir 100 años saberlo todo sobre su propia vida con sólo 0.014 años (100/6.850=0,014). Así pues, es tan razonable esperar que alguien en concreto, o el Hombre como especie, lo sepa todo, así, a secas -todo- como que a un bebé de unos días le hagamos preguntas sobre lo que es, por ejemplo, una deuda hipotecaria, cómo se hace una raíz cuadrada o en qué consiste una sinapsis y nos dé respuestas correctas sobre ello. Aparte de que sería un bebé muy listo resultaría muy repelente, y desde luego daría mucho miedo. 

Quizás no habría sido necesario sacar estos rimbombantes números a colación ni hacer un par de divisiones para demostrar palmariamente que sólo podemos aspirar a ser una nonada cósmica, pero ya llegados a este punto se me ocurre un recomendable imperativo sobre la actitud a seguir ante esta imposibilidad cognitiva: 

Desconfía del que dice saber la verdad (aunque sólo sea por las razones temporales arriba expuestas), sigue al que dice que la está buscando. La enjundia del juego no está en llegar a saberlo todo porque esa estrella es inalcanzable, sin embargo perseguirla puede ser apasionante; si eres humano nunca podrás visitar una estrella, pero sí te podrás guiar por ella.

1 comentario:

  1. Caro amigo, mi actual devenir nomada me desplaza entre Bavaria y Brasil y no logro atinar huecos temporales para leerte. Sería maravillos realizar la demostración del teorema del nonada cosmica, y con el ejemplo del anciano de 100 años que realmente ha estado referencialmente 5,11 días en este UNIVERSO.

    Abrazo fraterno

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