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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 13 de mayo de 2014

Mitosis y bestiario


Cuando tenía flagelo llegué a un planeta llamado óvulo y lo conquisté con mi sola presencia. Lo que llevaba en la cabeza, que no llegaba ni a ideas, se hizo realidad con el hechizo de un mago que aún no conozco pero que sé que existe, y aunque todo fue a oscuras, atiné por conjeturas de instinto para empezar una aventura que aún hoy continúa: mi vida.

Recuerdo perfectamente mi primera mitosis y la emoción que mi madre Naturaleza sintió cuando vio que yo empezaba a dividirme. Con mis divisiones empezó mi complejidad, y con ella mi búsqueda de la sencillez, una aventura que también aún hoy continúa.

Al llegar la luz pensé que empezaría a ver cosas, pero resultó que ésta me cegó, y desde entonces sólo veo un denso manto de preguntas que no me deja percibir la claridad de nada, y aunque hay gente que me habla de lo que es la claridad no les creo, porque no creo que alguien que viva detrás de un muro de respuestas pueda saber lo que es luz en realidad.

Al intentar quitarme de los ojos el manto de preguntas me he dado cuenta de que veo cada vez menos porque al tocarlo se generan otras nuevas, pero algo extraño debió pasar en el planeta óvulo porque llevo escrita en piedra una adicción natural a querer saber cada vez más, aunque sé que eso quiere decir que cada vez sabré menos. Me caigo, pues, por un tobogán en forma de espiral fractal, pero me caigo a gusto e inevitablemente.

Las respuestas son preguntas enmascaradas, como semillas con alas que esperan germinar para convertirse en una flor que, al abrirse, en vez de pétalos muestre preguntas nuevas. 

Desde siempre a ciegas, por tanto, he sido flagelo serpenteante, hormiga trabajadora, colibrí enamorado, lobo con un cepo en la pata, león en el zoo, hiena hambrienta, koala de carreras, y a veces humano; y así hasta hoy que me han salido alas nuevas para ser gaviota -de nombre Juan Salvador- que juega a caer en picado sobre el océano de mi propio yo, y no lo hago por pescar sino simplemente por volar. 

2 comentarios:

  1. Magnifico Jose!!! Me siguen encantado tus escritos. Muchos besos!!

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  2. Y a su vez los flagelos nos vinieron de un calentón de nuestros congéneres...que aludieron al extásis reciproco de la ausencia de respuestas...
    Una pena que no recordaras a tu fase de "Sapo humano" ;-)

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