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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 23 de marzo de 2014

Antes. Ahora


Antes vestía de traje y corbata porque si no mi mensaje perdía credibilidad. Ahora mi mensaje es tan creíble que puedo vestir como quiera. 

Antes me paseaba con una elocuencia prostituida cuyo proxeneta era la venta. Ahora, como no vendo nada, sino que lo regalo, tengo un discurso libre. 

Antes mi herramienta matemática era un ordenador. Ahora son los dedos. 

Antes daba la mano con una mueca impostada e invitaba a comer a sitios caros con el fin de convencer. Ahora sirvo comida barata a niños sonrientes que me convencen cada día de que la felicidad no viste de traje. 

Antes competía para ser el primero, ahora compito conmigo mismo para no competir. 

Antes mi sueldo llegó a rondar los 100.000 Euros anuales. Ahora no llega a los 100 Euros mensuales. Las cuentas están claras: estoy unas 1.000 veces más contento. 

Antes llevaba un maletín lleno de pequeñas y grandes mentiras para mezclar con medias verdades con las que pescar alguna voluntad. Ahora corro desnudo por la playa. 

Antes... Ahora... ¿Qué estaré haciendo cuando este ahora pase a ser un antes
Antes me preocupaba no saber la respuesta. Ahora...

miércoles, 19 de marzo de 2014

Propietarios de estupidez


¿Quién no ha conocido alguno? ¿Quién no lo ha sido alguna vez? ¿Qué grupo no tiene uno? El tonto, esa figura omnipresente y señera. Los hay por todas partes y de todos los tipos. Creo que hay más variedades de tontos que de insectos, y al igual que éstos tienen todos seis patas, aquellos tienen todos una característica común, y es que no se tienen por tales. La inteligencia es la virtud mejor repartida porque todo el mundo cree tener suficiente.

Se suele hablar de lo felices que son, aunque supongo que más que felicidad será una forma de anestesia de la inteligencia, lo cual evidentemente conduce a una dulce estabilidad que sin embargo se lleva también por delante la especia vital de la duda, del aprendizaje, del crecimiento mental; no me interesa, pues, ese tipo de supuesta felicidad tonta porque lo veo como suicidarse para dejar de fumar; evidentemente el método es eficaz, pero no parece muy eficiente.

Supongo que los más infelices son los medio tontos, porque se sostienen entre dos mundos: el de la estulticia, en el que viven la mayor parte del tiempo, y el de la brillantez, al que saltan de vez en cuando descalabrándose en cada brinco. Cuando un tonto ve algo brillante no es que no lo valore, es que lo valora a su manera, es decir, estúpidamente, haciéndole cicatrices en la cara a la inteligencia. La tontería es una enfermedad que padece el prójimo, no el enfermo, y además ser tonto no duele, así que es muy difícil darse cuenta desde dentro. Un tonto en un espejo es como un vampiro: no se ve. Por cierto, también es gratis, así que está al alcance de cualquiera. 

Hay tontos con carrera, y tontos que no saben escribir. Entre ellos es mucho más fácil de distinguir el tonto con estudios porque tiene herramientas para estrellarse con más facilidad. El tontico que se está quieto se puede mimetizar con la nada, como el insecto palo, pero el tonto cultivado es como negro sobre blanco, imposible de no notar. Capaz de simplificar la teoría de la relatividad en una opinión, o de hacer una ley general a partir de un accidente. 

Hace poco discutí con uno y todavía tengo agujetas en el cerebro. En el cuerpo a cuerpo son invencibles, y cuanto más te mueves en la conversación más te hundes en la ciénaga de sus imbéciles consideraciones. Una tontería bien colocada tumba cualquier pensamiento elaborado, así que no matan por constricción sino por veneno paralizante y por agotamiento. Nada más fatigante y complicado que rebatir un sinsentido.

Si una tercera persona te escuchara discutir con un tonto podría no notar la diferencia entre él y tú porque la tontería todo lo cubre y todo lo confunde. El tonto siempre juega en casa, así que es mejor no discutir con él; no enseña nada, y encima cansa. En fin, que es una tontería.  

sábado, 15 de marzo de 2014

... es una habitación



El mundo de las emociones es una habitación enorme llena de jarrones de porcelana en la que entran elefantes ciegos que buscan un lugar para tropezarse.

Es plastilina de aire moldeada por la vida.
Es un volcán acariciando un niño, una ola gigantesca rompiendo contra un ojo abriéndose.

El mundo de las emociones no es un mundo, es un mundo de mundos con secretos que lo son tanto que cuando se cuentan siguen siendo secretos.

El mundo ese es lo que nos hace ser... o dejar de serlo.

jueves, 6 de marzo de 2014

Querencias


Cuando me pongo a escribir las entradas del blog me planteo si quiero desahogar algo que no me gusta o si quiero amplificar algo que me gusta. En cualquier caso, antes incluso de empezar a plantearme nada, tengo querencia a que las conclusiones y sensaciones a las que el texto conduzca sean para mejorar el estado presente. Por otra parte, si algo no me gusta ni me disgusta no suelo escribir sobre ello.

Si, por ejemplo, pienso en algo que no me gusta, la querencia de la que hablo consiste en manejar ideas del tipo: “en realidad tampoco es para tanto”, “al no gustarme puedo trabajar en soportar algo que no me guste”, “es inevitable que algo no me guste”, “preferiría que me gustara para degustarlo”, “sería muy gustoso que acabara no disgustándome o incluso gustándome”… y de esta manera, poco a poco, acabo llegando a algo como “me gusta que haya algo que no me guste”.
Así termina por gustarme lo que al principio no me gustaba, aunque haya tenido que traer las razones por los pelos. Esto se llama optimismo literario.

Si, por ejemplo, pienso en escribir sobre algo que me gusta, pues sencillamente me deleito. Interpreto el gusto como la confirmación de que no estoy solo, de que hay algo ahí fuera que en algún momento formó parte de mí, o yo de ello, y que el gusto que siento es como el perfil de África Occidental encajando perfectamente en el de América Meridional. Evidentemente hubo una vez en la que fueron la misma cosa. Así pues, navego en un océano de aguas gustosas y me entretengo creando mi propia deriva continental hasta encajar los continentes y formar una pangea de deleite. 
Y así termina por gustarme más lo que al principio ya me gustaba, y sin haber tenido que traer las razones por los pelos. Esto se llama disfrutar.

Hay otras dos querencias de las que intento huir, no ya como planteamiento para la entrada de un blog, sino como actitud para con las cosas de la vida. Una es empeorar lo malo y otra es empobrecer lo bueno. A menudo consigo escapar de ellas, aunque no sin dificultad porque resulta que mi hemisferio izquierdo es inatrapable y curioso, y además es un sinvergüenza, así que mis ideas tienen todos los nombres y mis planteamientos se acaban donde termina mi capacidad, lo cual es como pescar con red -que cualquier cosa puedes coger-, pero resulta también que ahora he puesto una puerta en mi hemisferio derecho para dejar pasar sólo los proyectos ideológicos que cumplan las dos primeras querencias, las de las mejoras.
Esto se llama optimismo vital. 

Aquí y en cualquier lugar (HIC ET VBIQVE), hay un cuadrivio de querencias, y estamos obligados a elegir; libremente, pero obligados. 

Hay cuatro querencias, ¿cuáles gustas?

domingo, 2 de marzo de 2014

Contrato cogitativo ante notario salvaje



REUNIDOS: 

De una parte, el riesgo y la irreverencia, y de otra, la prudencia y la sumisión, 

ACUERDAN: 

- Que cada una de las partes asume sus carencias y la imposibilidad de alcanzar la plenitud la una sin la otra. 

- Que el riesgo no se aliará con la temeridad y que la prudencia no lo hará con la cobardía.

- Que la irreverencia no se manifestará más que cuando la sumisión sea impuesta, y que la prudencia no monopolizará todas las actitudes, respetando además el espacio que el riesgo merece para poder descubrir y cultivar emociones y conocimientos nuevos.

- Que el riesgo deberá presentar un proyecto de viabilidad cada vez que quiera actuar, argumentando qué fin persigue, así como un medidor de sí mismo que deberá ser aprobado por la prudencia. 

- Que la sumisión física y logística puedan convivir en inestable armonía con la irreverencia ideológica. 

- Que ambas partes son conscientes de que el final del cuento será el mismo independientemente del cumplimiento que se haga de las cláusulas de este contrato. 

Y para que conste y se recuerde a los efectos reflexivos oportunos, 

se rubrican estos pensamientos con el documento gráfico adjunto de una inspiradora caricia furtiva a un león, acto en el cual comparecen todos los componentes citados de las partes arriba expuestas. 

En Zambia, a 29 de febrero de 2.014.