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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 24 de diciembre de 2013

Cigarra


Cuando uno trabaja mucho piensa poco, o, mejor dicho, tiene poco tiempo para pensar en lo que piensa. En estas circunstancias el cerebro se ocupa en resolver los problemas que le van llegando y el pensamiento va, por tanto, guiado a la resolución de algo, no a la reflexión. Hay gente que sólo se dedica a resolver problemas y no vive casi nunca la experiencia de que sus ideas vaguen libremente y se saluden unas a otras preguntándose cosas, que casi siempre tienen que ver con el por qué o el para qué, o incluso con la conveniencia de que se estén haciendo tantas cosas sin tiempo para tantas otras.

En nuestra sociedad moderna este vacío de reflexión se suele asociar con expresiones del tipo “voy tirando”, “podría ser peor”, “no puedo quejarme”… y hasta podría decirse que son felices los que durante el día por su trabajo y por la noche por su cansancio no tienen tiempo ni fuerzas para pensar en si son felices o no, y por defecto se dan por afortunados. Llevan vida de hormiga; de hormiga “feliz”, pero de hormiga.

Yo creo que es saludable sentarse con uno mismo de vez en cuando para considerar nueva o detenidamente algunas cosas, es decir, para reflexionar. Aceptamos con naturalidad que las relaciones con los demás que no se cultivan tienden a atenuarse -aunque también hay relaciones que necesitan de un período de barbecho, pero eso es otro tema-  pero nos parece demasiado profundo y prescindible considerar la idea, para mí tan clara, de que si no hablamos con nosotros mismos también acabaremos alejándonos de nosotros mismos y podemos terminar por alienarnos, poco a poco, como quien se va haciendo mayor, hasta llegar a desconocernos totalmente, incluso no teniendo precio como excelentes trabajadores.

Con la edad me va cayendo mejor la cigarra del cuento, y mi admiración por la hormiga se va convirtiendo en algo más parecido a la lástima. La reflexión fue inventada por un montón de cigarras griegas, y eso da que pensar...

1 comentario:

  1. Tuve un coach hace 4 años, algo así como un viejo sabío que me preguntó cuanto tiempo dedicaba a reflexionar...desde entonces antes de empezar en el tajo cada mañana "reflexiono" con papel y lápiz en mano y esbozo la brújula de un orden en el caos diario,,,me sirve de calentamiento cerebral para evitar roturas de fibras neunorales. Aún con o sin reflexión a lo largo del día acabo poniendome la careta fruto de alineación profesional...oppps perdón, de la alienación humana!

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