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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Nakupenda


Necesito y me gusta comunicarme, y me encanta ser humano porque puedo entender y utilizar un sistema lingüístico complejo que me permite expresar, con más o menos precisión, lo que pienso y siento. Hay infinidad de lenguas entre los humanos, y resulta por tanto imposible para uno solo dominarlas todas con un mínimo de fluidez, pero eso no hace sino estimular mis ganas de conocer, porque sabiendo que nunca llegaré a saberlas todas, tengo la certeza de que siempre tendré algo que aprender.

Me desazona mucho comprobar que hoy en día se utilicen las lenguas para separar, cuando en realidad todas están concebidas para unir, para comunicar, para poner en común. En mi opinión, intentar hablar la lengua de un lugar es la mejor manera de decirle a ese lugar que estás interesado en él y agradecido de su acogida. Además, este aprendizaje es grato en muchos sentidos, y es que en una mente sana pocas cosas hay con las que se sea tan automáticamente indulgente como con los errores de alguien que quiere hablar una lengua para él desconocida. Conseguir comunicarse con cierta fluidez en una lengua no materna produce una satisfacción personal y un agradecimiento ajeno difíciles de comparar con cualquier otro tipo de aprendizaje.

No voy a decir que sea una falta de respeto no intentar hablar la lengua local de cualquier lugar que visitamos, pero podría decirlo. Lo que sí está claro, es que hacerlo es una muestra sobresaliente de deferencia hacia nuestros anfitriones.

Con estas necesidades, gustos y consideraciones me muevo en lo que a aprender nuevas formas de comunicación respecta, y por eso el suajili supuso desde el principio un maravilloso estímulo intelectual con el que me volqué para poder decirle con fluidez a los tanzanos que me alegraba de estar con ellos.

Supongo que otras personas no tienen mi opinión ni mis querencias, y quizás sólo ven en los idiomas un inconveniente comunicativo y no una oportunidad de crecer, o quizás es que sencillamente a otros no les gusta, o les cansa, o lo interpretan de manera puramente funcional y sólo están interesados en aprender lo que les puede reportar un beneficio laboral. "Es mejor aprender alemán, por ejemplo, que suajili, porque con el alemán puedes conseguir un trabajo nuevo o promocionarte en el que ya tienes", he escuchado más de una vez. Si pensamos sólo en esos términos, podríamos llegar a decir que saber latín o griego clásico no vale para nada porque ya no lo habla nadie (no me voy a entretener aquí en desmentir tamaña gilipollez).

Para mí hablar un idioma nuevo es una aventura que empieza con el intelecto y que termina con el corazón. Pensando como pienso, y actuando de esta manera, pude despedirme de los niños del colegio dando un discursillo en su idioma -sin necesidad de que me tradujeran, como es habitual con el resto de voluntarios que terminan su colaboración con el proyecto-, y haciendo esto transformé mis horas de estudio, mi permanente curiosidad, y hasta diría que mís maniáticas ganas de aprender en un aplauso que aún hace eco en mi alma. Me fui de allí diciendo que les quería, y se lo dije en el idioma que habla su corazón, no en cualquiera de los que su cerebro puede llegar a entender. Resumo y traduzco a continuación lo esencial de mi despedida:

Watoto, katika wakati hiki pamoja na ninyi kila siku nimefundisha na nimejifunza. Nimefundisha lugha ya kiingereza, hisabati na kuandika na kusoma kiswahili, na nimejifunza kwamba ninapenda lugha yako, mazingira asili ya Tanzania, na watu hawa.
Sasa, ninaweza kusema nchi yangu Tanzania, nchi yangu jivunia.
Kwa kifupi nitaenda Hispania, lakini moyo wangu na roho yangu watabaki hapa.
Kwa hiyo, nina uhakika nitarudi, kwa sababu ninafurahi na kuna mambo mengi ya kufanya.
Asante, watoto. Nakupenda!

Chicos, durante mi estancia aquí con vosotros cada día he enseñado y he aprendido. He enseñado inglés, matemáticas y a leer y escribir en suajili, y he aprendido que me gusta vuestra lengua, la naturaleza de Tanzania y sus gentes. Ahora puedo decir que Tanzania es mi país y que estoy orgulloso de ello.
Dentro de poco partiré a España, pero mi corazón y mi alma quedarán aquí, así que estoy seguro de que volveré, porque soy feliz con vosotros y porque hay mucho por hacer.
Gracias, chicos. ¡Os quiero!

La emoción que siguió a estas palabras es difícil de sentir, más de contar, e imposible de traducir y de olvidar. No hay código lingüístico con el que la pueda expresar. 

2 comentarios:

  1. Qué bonito José, totalmente de acuerdo!

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  2. Nosotros tambien te "Nakupendeamos"...agoensos que buenas vibraciones...eres como tarzan de las comunicaciones orales...

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