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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

lunes, 14 de octubre de 2013

Surrealismo sexual


Y dijo el loco: "Quiero que el sexo no sea mi objetivo ni mi límite, sino mi sublime divertimento. El sexo no tiene forma de flecha, sino de esfera, y no sirve para apuntar a nadie ni para construir vallas, sino para expandirse. Delimitar la fidelidad con él es como hacerlo con el hambre".

Y dijeron los cuerdos: «Estás loco, nunca podrás decir "te amo, y juro por nuestro amor que no tendré hambre cuando tú no estés"».

Nos gusta firmar en la arena, o en el agua, o en el hielo, o incluso en el aire, y evocamos firmas que dejan de existir antes incluso de haberse rubricado para ejecutar avales sin sentido que van contra el aliento más básico de lo que somos.

¿Por qué no nos esforzamos casi nunca en pensar que la realidad es más amplia que nuestra capacidad de entenderla y lo hacemos al revés, es decir, que empequeñecemos la realidad al tamaño de nuestras acomplejadas entendederas? ¿A dónde nos puede llevar empeñarnos en considerar que el cielo sólo es maravilloso visto desde una montaña en concreto, o que el mar sólo habla en una playa, o que tiene que haber un mirador con un cartel para poder disfrutar de un paisaje?

Nos organizamos a base de desorganizar la naturaleza. Los límites que marcamos llevan el color de la presunción, del orgullo envanecido y del miedo. “Eres mía y no quiero que seas de nadie más”. ¡Menuda ranciedad! ¿Desde cuándo eres carcelero? ¿Qué te has creído que eres para pedirle a tu amante que no goce ni se sobrecoja allende tu propio cuerpo? ¿Por qué prohíbes galopar sobre caballos de viento? ¿Qué tipo de lógica quieres imponerle a la naturaleza para que quepa en tu cobardía? ¿Por qué insistes en hacer poesía con una hoja de cálculo?

Si eres más guarro que una mano estás perdido; el egoísmo vendrá a darte lecciones de decencia y tendrás que rehabilitarte, esconderte o quedarte muy solo. 

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