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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Fulcro vital


"Sólo sé que no sé nada". "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". Se me ocurre que estas dos frases que todos hemos escuchado alguna vez y que probablemente hemos utilizado alguna otra pueden conjugarse para dar a luz una nueva que sea, si no igualmente lapidaria, quizás sí tan densa como cada una de ellas, y puede, si cabe, que más pragmática.

Sobre la primera, empezaré con un rebatimiento: yo sí sé algo, y me refiero a algo de lo que estoy totalmente seguro. De todo puedo dudar menos de una cosa. Puedo dudar de que sea el amor lo que mueve el mundo -pues hay quien dice que es todo lo contrario-, de que mi padre sea quien es, de que mis hijos sean míos, y hasta de que lo que refleja el espejo sea verdaderamente yo. También puedo dudar de que el tiempo pase tal y como yo lo mido -pues ya dijo "el bigotes de los pelos revueltos" que es relativo-, y de que donde hay una cosa no pueda haber al mismo tiempo otra. De todo esto, y de todo lo demás, puedo dudar física y filosóficamente, pero sé con certeza absoluta algo indudable, y es que voy a morir.

Sobre la segunda frase, voy a ponerla en práctica utilizando como punto de apoyo la conclusión a la que acabo de llegar con la primera, es decir, voy a hacer palanca sobre mi muerte segura. No hay nada más fiable que la muerte, que a todos llega y a todos iguala – balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con el discreto. Al dejar este mundo, por tan estrecha senda va el príncipe como el jornalero, y no ocupa más pies de tierra el cuerpo del papa como el del sacristán, aunque sea más alto el uno que el otro, que al entrar en el hoyo todos nos ajustamos y encogemos, o nos hacen ajustar y encoger-. Puedo estar seguro, pues, de que el efecto palanca va a funcionar si lo apoyo en este imprevisible, equilibrante e inevitable evento. Fulcro fiable, por tanto, la muerte. 

¿Por qué se esprinta al final de las carreras? ¿Por qué sube el portero a rematar al final del partido? ¿Por qué se estudia con más intensidad el último día antes del examen? ¿Por qué, en general, se espera al final para darlo todo?

Parece que está en nuestra naturaleza dejarlo todo, o lo mejor, o lo más intenso, para el final. Si está en nuestra naturaleza y no podemos ir contra natura, podemos al menos preguntarnos cuándo empieza el final, cuándo llega el momento de empezar la traca definitiva, de echar el resto en la vida, de vivir con toda la intensidad de que somos capaces estimulados porque el juego se acaba… ¿Cuándo empieza la recta final de la vida para comenzar a darlo todo viviendo?

Cuando a Nasreddin le preguntaron dónde estaba el centro del mundo, respondió sin duda alguna señalando el punto en que se encontraba: "Aquí está el centro de la Tierra". ¿Cuándo empieza el final de mi vida? -me pregunto yo- y emulando a Nasreddin en esta versión temporal de su brillante respuesta espacial, me digo que, como mi vida también es redonda, ya que acaba cerrándose sobre sí misma, el final comienza ahoraHe aquí un ingrediente más para la nueva frase, mutante e híbrida de la de Sócrates y la de Arquímedes: 

Sólo sé que moriré, y sobre ese punto de apoyo viviré mi vida y moveré el mundo, ahora”. Morir me solaza y me estimula. No puede haber mensaje más vital si se lee al revés de lo habitual. ¡Vamoooos!

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