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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 4 de agosto de 2013

Moroto wapi?



Durante mi estancia con los niños de Tanzania, dado que permanecí allí “mucho” tiempo, tuve que despedirme de mucha gente que iba y venía, y muchas veces, cuando la despedida era de alguno de mis compañeros, pude vivir su ausencia los días siguientes a su marcha a través de la pregunta ulterior de los niños, que siempre era la misma y en todos los casos venía cargada de nostalgia nominativa. Si se marchaba Imanol decían, Imanol wapi?, si era Alicia, la pregunta era Alicia wapi?, si era Tom, Tom wapi?, si Françoise, Françoise wapi?, si Simon, Simon wapi?, y si Anna, Anna wapi?, y así con todos, dando lugar a una batería de respuestas que más parecía una clase de geografía -pues cada uno venía de un país diferente- que una respuesta verdadera, ya que lo que los niños querían saber era dónde estaban los ausentes y por qué ya no estaban allí. De hecho cuando la nostalgia era mucha y el que se fue había dejado una huella más profunda, le dedicaban otra pregunta, esta ya más difícil de responder: Kwa nini?

Desde aquí escucho los ecos del Moroto wapi? (¿Dónde está Moroto?), y creo adivinar también los estertores del difícil Kwa nini? (¿Por qué?), que no sé si me vienen desde fuera o si nacen dentro de mí mismo.

Sólo ha habido en mi vida dos especies de ser vivo que me han recibido dando brincos todos los días que me he ido a encontrar con ellos: uno ha sido mi perra, a la que echo tanto de menos que a veces aúllo en sueños, y el otro los niños del colegio, para cuya profunda pregunta sólo tengo una frívola respuesta que se resume así: Moroto katika Hispania (Moroto está en España), pero esa respuesta no me vale ni a mí porque sigo sin saber muy bien por qué. 

Me fui unos meses para vacunar mi alma (ver primera entrada de este blog aquí: http://www.morowi.blogspot.com.es/2013/03/aupa-chavales-ahora-que-ya-tengo-el.html) y resulta que ahora me he vuelto adicto a las vacunas y necesito más. Me he hecho nómada y preguntón, y la estática curiosidad de este entorno -mi querida Hispania- en el que se valoran más las pseudorespuestas que las buenas preguntas me produce somnolencia, contra la que no sé si hay más vacuna que la ausencia.

Necesito una respuesta, o miles, para otras tantas preguntas, y me encanta que así sea, porque cuando crea que tenga todas las respuestas me habré muerto de presunción, y cuando no se me ocurran más preguntas me habré muerto de falta de curiosidad.

Me vacunaré, pues, de nuevo, porque tengo adicción a la búsqueda de respuestas del tipo kwa nini? (¿por qué?), aunque nunca llegue a descubrirlas -como pasa con el horizonte, eso hacia lo que uno se mueve pero no se alcanza- y seguiré buscando, muy a pesar de los que sólo ven la vida como una existencia funcional y no son adictos a las preguntas difíciles sino a las respuestas fáciles y a las pastillas para no soñar. 

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