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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

lunes, 10 de junio de 2013

Mamba negra



Hoy he amanecido con una mamba negra. No ha sido su deslizamiento sobre mi cuerpo lo que me ha hecho despertar, sino el balido de una cabra que fuera de la cabaña, atada a una piedra, rezongaba por un pasto escaso y su falta de libertad para buscar otro terreno. El gallo lo había intentado antes, pero se mezcló con mi cansancio y no lo había conseguido. La mamba seguía dormida, y en su sueño africano he descubierto que yo estaba viviendo otro; no uno deseado o buscado, sino sencillamente una experiencia onírica. No estaba dibujada en mi mente realista una pared tan desvencijada, ni un reloj que sobre ella sólo acertara un par de veces al día y sin embargo se mostrase orgulloso con sus agujas doradas, marcando las 10 y 10, con una sonrisa atemporal de ser lo que es aunque no sirviera para lo que debería servir, dejando al libre albedrío de la gravedad un descolgado segundero que parecía también seguir dormido, o algo aún más pacífico. 

La radio, que llevaba sonando como un acusma toda la noche, seguía diciendo cosas ininteligibles en swahili y apagándose tras los balidos de la cabra, que, gregaria también en esto, era acompañada por otra no más libre ni lejana que se unió a mi toma de consciencia matinal. Ahora me rodeaba un decorado inimaginado en el que el reloj presidía, la mosquitera coloreaba, las grietas de la pared y el techo de chapa hacían de mapa de mi ubicación, África, y sobre una mesita - que parecía haber vuelto de un largo viaje por un montón de vidas- el móvil me decía sin agujas lo que el reloj ya se había cansado de hacer hace mucho tiempo. Era una redundancia, pues la luz empezaba a colarse por entre las coloridas cortinas, que parecían un kanga de presumida ventana, y eso sólo podía querer decir que amanecía, y que por tanto eran las 7 para un occidental y la 1 para un tanzano. La proximidad del ecuador de estas tierras hace que el amanecer y el atardecer se produzcan todos los días a la misma hora, las 7 de la mañana y las 7 de la tarde, y los swahilis cuentan las horas en función de la lógica más aplastantemente lúcida: las 7, cuando amanece, son la 1. 

La mamba despertó, siseó los buenos días en swahili y se deslizó por el agujero de la cabaña con un trapío de reptil de sangre caliente que me dejó todo el tiempo del mundo, el que se le había perdido al reloj de pared, para disfrutar de las vistas de interior -tan reales como surrealistas- que ahora describo. 

Al levantarme y lavarme la cara con el sol comprobé que el tiempo se había esparcido por entre los campos de café, las grietas de los ladrillos de adobe y las sonrisas desdentadas de unas mujeres que lavaban la ropa dobladas como alcayatas. El día comenzaba y estaba todo por hacer, pero no había tiempo en el que ubicarlo. Era lunes por la mañana en una Tanzania rural en la que no conseguí escuchar -por más que mi hábito lo evocó- ruidos de motor, pitidos de prisa o desencanto, ni voces sujetando órdenes. Sentí que los relojes que dan la hora son estúpidos, y que la risa del de la pared no era de presunción sino de liberación. 

Sólo el siseo de la mamba negra y su mordisco salvaje me hicieron comprender que había pasado algo que tendría día y hora señalados; entonces sonreí como el reloj, marcando la hora de mi libertad. 





2 comentarios:

  1. Pues a la hora hora lógica de levantarse Fernoso, a la 1, eso me ha gustado, que ganas de complicar todo con los horarios de verano y de invierno, a la 1 uno se levanta uno y punto :-)

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