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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

domingo, 19 de mayo de 2013

Ese terrón que me mira


"Viajar no es un empeño en busca de lo imaginado, no es la persecución de algo que uno quiere ver cerrando los ojos a todo lo demás. No es un deporte hecho para los que están seguros de lo que son, qué quieren y adónde van. Una sola pregunta puede justificar un gran viaje y el viaje está hecho para aquellos que no saben muy bien hacia dónde se dirigen ni conocen con exactitud lo que buscan. Está hecho para los que intuyen que encontrar no es lo importante y que cumplir un sueño puede ser, sobre todo, darse de bruces con la aventura. Es cierto que regresamos siempre, pero no debe viajarse con la intención de hacerlo. Viajar tiene algo de nacimiento". (Javier Reverte en "El sueño de África"). 

Ese terrón del fondo, manso y recatado, que va y viene al ritmo de las nubes y que mira a través de ellas como si de un antifaz se tratara, me ha terminado por embelesar. En un principio no me dejé impresionar por su reconocido prestigio de ser la montaña más alta de África, ni por saber que iba a convivir con ella todos los días, ni porque fuera requerida cada día de tanta gente de cualquier lugar del mundo. De hecho todo esto hizo que no sintiera ningún interés especial, como me suele ocurrir con los best sellers, que por ser tales no me atraen, como que en ello viera que de atracción van bien servidos y no necesitan de la mía, aunque quizás por ello en más de una ocasión haya condenado justos por pecadores; lo siento. En este caso simplemente hemos coincidido, ya que yo no vine a buscarla, ni necesitaba de su encanto, pero su encanto se me ha metido en la apetencia, la más incontinente de las emociones, y al final he decidido que el que la va a conquistar soy yo. 

Y lo decidí sin hacerlo realmente, es decir, que algo se disparó en mí para querer subir, como si mi volcán interno de búsqueda de emociones hubiera erupcionado de repente, de la manera que el mismo Kilimanjaro lo hiciera otrora. Decidí subir tras coincidir casualmente con un grupo que preparaba la expedición, y lo hice tomando una cerveza -por cierto, del mismo nombre que el monte, la más consumida aquí-  y hacerlo no me dejó resaca, ni la cerveza tampoco, porque al día siguiente estaba seguro de haber tomado una ruta enriquecedora. No sé muy bien hacia dónde me dirijo, como reza el texto de Javier Reverte, pero estoy dispuesto a darme de bruces con la aventura, sea cual fuere, y con quien fuere. Por cierto, que me encanta el futuro imperfecto de subjuntivo, un tiempo olvidado que no nos gusta conjugar por esa dosis de indefinición que lleva -en realidad es incertidumbre pura- pero que a mí, como digo, me atrae, quizás porque en vez de incertidumbre veo aperturismo y transigencia al futuro, fuere cual fuere

Lo más parecido que he hecho a una ascensión como esta ha sido aparcar un domingo en la sierra y tirar por el sendero de la derecha hasta que me canse, o el sol, el frío, el hambre o la hora me devuelvan al coche, así que de novedad voy a estar más que servido. La convivencia con el grupo en estas condiciones durante una semana de ascenso y descenso será también algo para mí antes no vivido, así como el paisaje, los -30º de la cima y respirar el mismo aire que inspiró a Hemingway para escribir "Las nieves del Kilimanjaro", relato este que prefiero leer cuando haya descendido, de la misma manera que en general prefiero leer el libro antes de ver la película. Curiosa circunstancia ésta en la que antes de leer algo decido vivirlo. Creo que es un buen síntoma. 

El eslogan de la cerveza Kilimanjaro dice así: "If you can not climb it, drink it" (Si no puedes ascenderla, bébela).  Bebibo ya he, escalar voy a, y bebiéndola lo celebraré. Y por supuesto, lo contaré.

Ese terrón me mira, y voy a ver qué quiere. 



1 comentario:

  1. Yo si que te he visto escalar a lo "NETSCAPE" en lúgubre noches pamplonesas por muros inhóspitos...fuere con quien fuere..no dejes de contarnos...

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