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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 9 de abril de 2013

Tiempo para una metáfora




He jugado al fútbol durante toda mi vida, y todavía de mayor quiero ser jugador de fútbol, así que mantengo la emoción que me transmite ese deporte con la más pueril e inocente de sus acepciones. Recuerdo, siendo un niño de verdad, celebrar goles con mis compañeros y gritar y reírme desencajadamente abrazado a ellos en un charco, el más grande y embarrado que encontrábamos camino hacia ninguna parte cuando corríamos enloquecidos de felicidad  después de meter un gol. Esos momentos han quedado grabados en piedra en mi recuerdo, y me son tan evocadores como un olor, como la tortilla de mi madre o como la canción de los globos numerados y la luna, que es un globo que se me escapó.

Con el paso del tiempo mi idea del fútbol se ha hecho más racional, aunque algo de aquello aún queda, porque hay cosas en las que he decidido no despertarme y dejarme soñar un ratito más. Más allá de la frivolidad con la que hoy en día se trata -pues las cosas de niños manejadas por adultos ya se sabe que acaban estropeándose- veo claras y enriquecedoras metáforas sobre la vida en este deporte. Se puede correr más, atacar más, estás más veces más cerca de marcar y sin embargo perder por una equivocación del árbitro, por simple mala suerte o por un contraataque miserable de un contrario con un planteamiento ruin. Además, es un deporte de equipo, así que no es difícil descubrir enjundiosas ideas sobre el compañerismo, el liderazgo, la motivación…

Hoy he recibido noticias desde Tanzania informándome someramente sobre cuál y cómo será mi tarea educativa, y entre otras cosas me dicen que son muy bienvenidos los rotuladores para pizarra blanca, los folios, y sobre todo las zapatillas y los balones de fútbol, porque con las espinas del terreno éstos se suelen pinchar enseguida y los partidos no duran más de cinco minutos. 

Quizás sea demasiado superficial y exagerada mi reflexión, no lo sé. Puede que lo sea tanto como las ganas que sigo teniendo de ser futbolista de mayor, pero no es justo que un partido dure sólo cinco minutos y que para continuar haya que esperar a que el balón venga del otro lado del planeta. La metáfora sigue existiendo, y supongo que también se grabará en piedra, pero es otra.

Tiempo para una metáfora. 

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