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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 2 de abril de 2013

Sexo trigonométrico




No puedo evitar ver metáforas en las figuras geométricas. Un punto, por ejemplo, es el origen y el final; una línea es la vida, el discurrir de algo; un triángulo es la relación con los demás; un cuadrado es un espacio para jugar, vivir o estar encerrado; una estrella son dos cuadrados superpuestos… y así juntando puntos, líneas y polígonos contamos una vida.

Pero hay una figura extraña, señera, observadora y observada que está por encima de todas las demás. Se presenta clara y diáfana, tangible incluso, pero con aura divina. De hecho no nos es accesible, pues hacen falta infinitos lados para componerla. Y sin embargo ahí está, dejándonos ver claramente la infinitud de su origen y haciendo visualmente posible lo imposible. Equidistando todo su ser. Una especie de soplido de perfección que no necesita un ejercicio de cogitación excesiva. Sólo hace falta mirarla. Parece que ahí estuviera encerrado todo el misterio de lo ignoto, y quizás así sea, pero resulta que tiene llave y no se deja abrir. Esconde una razón de infinitos decimales y se deja manejar pero no desnudar.

Billones de decimales se han llegado a desvelar de pi, pero no hay manera de terminar de bajarle las bragas a la circunferencia. Cuanto más se desnuda su razón, menos satisfechos quedamos y más lujuriosos de conocimiento estamos. Ni con los ordenadores cuánticos podremos violarla, quizás porque la belleza no es conquistable sino sencillamente admirable.

Quizás porque si supiéramos qué es exactamente una circunferencia podríamos definir también con exactitud qué es el bien, qué es el amor y qué estamos haciendo aquí. Y eso, amigo cuadrilátero, no está a nuestro alcance.


1 comentario:

  1. No se si me he enamorado de la Circunferencia o del circulo. Brillante!

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