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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

lunes, 15 de abril de 2013

Lo bueno siempre después del pero



  “Te quiero, pero no puedo vivir contigo”. Esta frase es una despedida, un alejamiento. Un hasta aquí. Vivir contigo era el objetivo y no se ha conseguido.

  “No puedo vivir contigo, pero te quiero”. Esto no es una despedida, es un te quiero en toda regla. En realidad es la confirmación de un encuentro para siempre. Vivir juntos es sólo un accidente pasajero; lo verdaderamente importante es que te quiero.

  Me impresiona esta esquizofrenia de las frases adversativas. Es el ejemplo más claro de esos casos en los que el producto queda alteradísimo al cambiar el orden de los factores. El resto de frases coordinadas juega con el efecto de recencia, con la fuerza que se lleva lo que dices al final, pero en el caso de las adversativas, además, todo lo que va después del pero acaba mandando dictatorialmente sobre lo que va antes. Aplastándolo, tanto cuando es bueno como cuando no.  

   Me dan miedo los peros. Casi siempre que los escucho o que tengo que utilizarlos mi corazón se encoge; sabe que algo malo está por aparecer. Algo malo o algo demasiado poco bueno, un consuelo vago en el mejor de los casos. Pero me he dado cuenta de que el pero no tiene la culpa. Él está ahí sólo para dar fuerza y se la da a lo que nosotros le pedimos. La culpa es nuestra que siempre le pedimos que nos haga perdedores. Dime cómo adversas y te diré cuán optimista eres. Adversa bien, y el pero te hará fuerte.

   Voy a jugar a poner sólo cosas buenas después del pero. No por eso voy a perder información por el camino, sólo la voy a sahumar; voy a hacer del pero un aliado, sin peros

4 comentarios:

  1. El Pero, en muchas partes de andalucia es una manzana amarilla...no es pera, espero que sirva de absurdo excepción en tu singular pericía..

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  2. Grande Moroto! Yo también he empezado este año: http://elultimopuchi.blogspot.com.es/

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