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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 26 de marzo de 2013

Pensar en sencillico


El otro día me llegó esta foto por Whatsapp.
Me hizo pensar, claro, pero me hizo pensar de una manera especial, digamos que en bajada, o en subida, según se mire.

Resulta que hay que deducir qué número hay que poner en el lugar de los interrogantes, y la respuesta es única y lógica, y es de esas que cuando lo has resuelto sabes que es correcta, es decir, que no hay lugar a dudas.

Hablaba de pensar en subida o bajada, o en evolución, porque cuando uno intenta resolver el problema suele tender a pensar en términos “adultamente lógicos”, elaborados, de cálculo complejo. Pensé incluso en potencias o exponenciaciones; me armé de lo más granado de mi cerebro para conquistar la respuesta. Pero ya lo dice en la foto: “Intenta pensar como un niño si quieres encontrar la solución”. Así que empecé a descartar cábalas demasiado complejas, potencias y exponentes, y cualquier cálculo que fuera más allá de una sencilla suma. Y por ahí me fui acercando a la solución, hasta que la hallé, claro, pero no porque soy muy listo, sino porque afortunadamente todavía llevo un niño dentro.

Más allá de la aventura neuronal que describí intentando resolverlo -esa aventura de pensamiento en evolución- me pregunté a continuación, y lo cuento ahora, ¡cuántas veces no habrá que afrontamos los problemas de una manera compleja, elaborada, pensando en nuestra capacidad cognitiva, educada en la dificultad, competitiva, e incluso elitista, cuando la solución pueda estar precisamente en desembarazarnos de los prejuicios de sabiduría que tenemos y que a veces nos impiden ver con claridad las cosas más sencillas!, precisamente porque las complicamos con nuestra mirada. Adulteramos lo que queremos medir con la propia mirada con que lo escudriñamos, y nos pasa que, como en los niveles cuánticos, al medir alteramos la medida y no damos con la respuesta.

Ahí queda la reflexión, para que no nos olvidemos de que a veces lo difícil no lo es tanto si lo afrontamos con la mirada de la sencillez. Y esto vale para todo, no sólo para responder a los amigos con un Whatsaap diferente de “pero... ¿cuál es la respuesta?”

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