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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

sábado, 30 de marzo de 2013

La idea del millón de euros


 Curiosidad y escepticismo. De eso estás invadido ahora, querido lector, porque te atrae la idea pero no te la crees.

 Puedes creértela, pero ya te advierto que no va satisfacer la más que probable codicia, que por pequeña que sea, se ha despertado en tu subconsciente, que por cierto cuando se trata de dinero tiene línea directa con nuestro consciente.

 No he conseguido encontrar algo que con tanta naturalidad manifestemos de manera socialmente aceptable como las ideas que el dinero siembra en nuestro subconsciente. Dinero es poder, tranquilidad, libertad, respeto, notoriedad, salud, hogar, comida para nuestros hijos… todo lo que quieras decir es bienvenido y entendible. Puede ser más o menos oportuno, más o menos frívolo, pero debidamente contextualizado se acepta siempre. Prueba a hacer lo mismo con el sexo, la religión o el amor, o con cualquier otra cosa. Enseguida la censura de tu cerebro se pondrá a trabajar para que no digas algo de lo que te puedas arrepentir y sea la censura externa -la de los demás- la que te castigue. El concepto se ha apoderado de todos los estamentos de nuestro cerebro hasta el punto de que nada de lo que concibamos es considerado sin que latentemente esté presente para calcular su coste, conveniencia, viabilidad y/o rentabilidad.

 Para empezar es algo que sólo existe aquí, en la Tierra. Si hay otra forma de vida y resulta ser menos inteligente que la nuestra no creo que haya llegado a concebir una idea económica de convivencia, y si es más inteligente seguramente ya la habrá superado, así que con toda seguridad podemos decir que todo el dinero de la Tierra es todo el dinero del Universo. ¡Somos universalmente ricos!

 Pues se conoce que de eso que sólo existe en nuestro planeta, el efectivo representa apenas del 2% del montante total así que en realidad el dinero -casi todo- es una posición de memoria en un ordenador. ¿No es increíble que la ultimísima manifestación "tangible" del dinero sea un bit?

 Pues ya que se trata de un bit, la idea del millón de euros es que todos y cada uno de nosotros tuviéramos ese bit a “1”, y que eso significara que todos y cada uno de nosotros tuviéramos 1 millón de euros. Si de repente todos tuviéramos un millón de euros, ¿qué pasaría mañana?

 Con el mismo aire, el mismo agua, los mismos alimentos, los mismos libros y los mismos medios tecnológicos, pero cambiando un bit, dejaríamos de entendernos. ¿O quizás empezaríamos a hacerlo?

 Por favor, no me llaméis cosas, que sólo hablo de cambiar un bit. Pensad en qué creéis que pasaría. Esa es la gracia de la idea, fértil para una novela, y diáfana sobre nuestra frágil “estabilidad”. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Oxímoron



Soñé que la nieve ardía,
soñé que el fuego se helaba,
y por soñar lo imposible,
soñé que tú me querías.


Combinación de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido. Una paradoja creativa; palabras, conceptos o ideas que en principio son excluyentes y que sin embargo, juntándose, dan lugar a algo nuevo híbrido de contrapuestos pero con una entidad diferente. Una creación hecha de opuestos. Eso es el oxímoron. 

Presente en la literatura, por supuesto, en las emociones, en el arte en general, y hasta en la física. Parece que en última instancia todo fuera un enfrentamiento creativo de opuestos, como que en vez de tales, fueran complementarios.

Desde el manido “silencio atronador” hasta expresiones con más enjundia poética como “ave subterránea”, “espíritu metálico” o “alimaña angelical”.
Desde llorar de alegría hasta amar con dolor.
Desde la estabilidad de la foto, con una “T” claramente inestable,  hasta el gato de Schrodinger, que está vivo y muerto al mismo tiempo por uno de esos caprichos cuánticos de la física.

Parece que está por todas partes, y que 1 – 1 no da 0 sino otra cosa, que además resulta no ser un número. Parece que incluso en el arte, o quizás ahí más que en ningún entorno, el oxímoron manda, y es que en las mezclas más extrañas florece la belleza de la originalidad. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Una de alfileres



Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán "La ociosidad es la madre
de todos los vicios". Niño profundamente virtuoso, creí todo cuanto me dijeron, y adquirí una
conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual. Pero, aunque mi
conciencia haya controlado mis actos, mis opiniones han experimentado una revolución”.

Así empieza el ensayo de Bertrand Russell “Elogio de la ociosidad”. Lo transcribo literalmente porque supongo que, como a mí, a muchos nos hará sentir identificados. No es que uno se haya cansado de trabajar, que también, sino que de tanto hacerlo sin saber muy bien por qué, y sin gustarnos mucho en qué, y sin variar demasiado el cómo, parece que pensar un poco sobre ello resulta inevitable, y aquí estamos, para estimular con este escrito la reflexión sobre todo esto.

Cuando uno encuentra una perla, más que trabajar sobre ella y modificarla, lo que apetece es mostrarla tal cual, y por eso no me voy a complicar mucho las cosas y voy a traer otro extracto de ese ensayo para ahorrarme comentarios que, ni que decir tienen, no estarían a la altura del autor.

Aquí tenéis, pues, el extracto que me interesa se lea detenidamente; va, como reza el título de esta entrada, de alfileres:

“Supongamos que, en un momento determinado, cierto número de personas trabaja en la manufactura de alfileres. Trabajando -digamos- ocho horas por día, hacen tantos alfileres como el mundo necesita. Alguien inventa un ingenio con el cual el mismo número de personas puede hacer dos veces el número de alfileres que hacía antes. Pero el mundo no necesita duplicar ese número de alfileres: los alfileres son ya tan baratos, que difícilmente pudiera venderse alguno más a un precio inferior. En un mundo sensato, todos los implicados en la fabricación de alfileres pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo demás continuaría como antes. Pero en el mundo real esto se juzgaría desmoralizador. Los hombres aún trabajan ocho horas; hay demasiados alfileres; algunos patronos quiebran, y la mitad de los hombres anteriormente empleados en la fabricación de alfileres son despedidos y quedan sin trabajo. Al final, hay tanto tiempo libre como en el otro plan, pero la mitad de los hombres están absolutamente ociosos, mientras la otra mitad sigue trabajando demasiado. De este modo, queda asegurado que el inevitable tiempo libre produzca miseria por todas partes, en lugar de ser una fuente de felicidad universal. ¿Puede imaginarse algo más insensato?

Si algo así no nos hace pensar es que estamos dormidos, o algo peor… 

martes, 26 de marzo de 2013

Pensar en sencillico


El otro día me llegó esta foto por Whatsapp.
Me hizo pensar, claro, pero me hizo pensar de una manera especial, digamos que en bajada, o en subida, según se mire.

Resulta que hay que deducir qué número hay que poner en el lugar de los interrogantes, y la respuesta es única y lógica, y es de esas que cuando lo has resuelto sabes que es correcta, es decir, que no hay lugar a dudas.

Hablaba de pensar en subida o bajada, o en evolución, porque cuando uno intenta resolver el problema suele tender a pensar en términos “adultamente lógicos”, elaborados, de cálculo complejo. Pensé incluso en potencias o exponenciaciones; me armé de lo más granado de mi cerebro para conquistar la respuesta. Pero ya lo dice en la foto: “Intenta pensar como un niño si quieres encontrar la solución”. Así que empecé a descartar cábalas demasiado complejas, potencias y exponentes, y cualquier cálculo que fuera más allá de una sencilla suma. Y por ahí me fui acercando a la solución, hasta que la hallé, claro, pero no porque soy muy listo, sino porque afortunadamente todavía llevo un niño dentro.

Más allá de la aventura neuronal que describí intentando resolverlo -esa aventura de pensamiento en evolución- me pregunté a continuación, y lo cuento ahora, ¡cuántas veces no habrá que afrontamos los problemas de una manera compleja, elaborada, pensando en nuestra capacidad cognitiva, educada en la dificultad, competitiva, e incluso elitista, cuando la solución pueda estar precisamente en desembarazarnos de los prejuicios de sabiduría que tenemos y que a veces nos impiden ver con claridad las cosas más sencillas!, precisamente porque las complicamos con nuestra mirada. Adulteramos lo que queremos medir con la propia mirada con que lo escudriñamos, y nos pasa que, como en los niveles cuánticos, al medir alteramos la medida y no damos con la respuesta.

Ahí queda la reflexión, para que no nos olvidemos de que a veces lo difícil no lo es tanto si lo afrontamos con la mirada de la sencillez. Y esto vale para todo, no sólo para responder a los amigos con un Whatsaap diferente de “pero... ¿cuál es la respuesta?”

domingo, 24 de marzo de 2013

Empiezo a picar



Ahora que ya tengo el billete, reservada mi plaza, acordado el visado y vacunado el cuerpo puedo decir que, salvo un indeseabilísimo imponderable, me voy el mes que viene a vacunar mi alma, y digo que huyo porque me voy con gusto del entorno social que me rodea, ya que por mucho que haya viajado, la verdad es que todo lo que he visto ha sido una cantinela cultural que más allá de pequeños detalles ha consistido en un más de lo mismo que no ha satisfecho mi más profunda curiosidad sobre lo que está pasando aquí. 

Por darme un poco de importancia, diría que quiero descubrir "lo esencial", es decir, aquello que es común a todos nosotros pero en lo que los espurios conceptos que manejamos día a día en nuestra sociedad no nos dejan profundizar. Me gustaría que me acuitaran otras cosas, porque de tanto quejarme me he llegado a hartar de mí mismo hasta padecer una cierta anhedonia que a estas alturas he considerado como un aviso para hacer  "algo". 

Busco con este negocio una rentabilidad emocional que creo tener ganada de antemano, ya que sólo con contároslo noto que me voy enriqueciendo. No puedo ni imaginarme el patrimonio que creo que voy a traer de vuelta, pero estoy seguro de que es de esos que uno necesitará compartir, y no os quepa duda de que lo haré con todos vosotros: antes, o sea, ahora; durante, o sea, desde allí; y después, es decir, cerveza en mano cuando vuelva. Os llevaré, pues, a todos conmigo, queráis o no. 

Me voy a Tanzania, a una escuela de niños con muy pocos recursos, donde la educación básica es lo primero de lo que adolecen, así que como "enseñando se aprende", entiendo que enseñando lo más básico aprenderé también lo básico, y eso tiene mucho que ver con lo que os decía líneas arriba, lo esencial, lo que es igual a todos cuando tiramos del mantel y quitamos "to la tontá" que nos sirven precocinada. 

Pretendo además ser prolijo en la descripción de lo que vea y sienta, así que esto es sólo una confirmación de mi partida, pero constituye también el comienzo de una gran historia que espero me rente de por vida a mí y a los que me rodeen. Escupo "parriba", como veis, en lo que a mis expectativas respecta, pero algo me dice que no me voy a manchar sino todo lo contrario.