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No tenía fuerzas para rendirme, así que decidí emprender activamente una búsqueda eidética -es decir, de lo esencial- como alternativa empírica al estilo de vida occidental que tanto había llegado a hastiarme y que tan dramáticamente había reducido el ratio de aprendizaje por unidad de tiempo en mi vida. Pensé que el cambio que afrontaba merecía un decorado literario, y de ahí el blog. En él reflejo pensamientos, reflexiones y emociones que he vivido durante mi estancia en Tanzania enseñando inglés y suajili a niños de preescolar en un colegio rural de la organización Born To Learn, y actualmente en la India colaborando como profesor de francés para la Professional School of Foreign Languages de la Fundación Vicente Ferrer. Mi objetivo cabe en una palabra: Compartir.

martes, 31 de octubre de 2017

Despacito


Casi todas las personas se pasan toda su vida encarceladas en sus propios pensamientos creyendo que la vida es lo que piensan que la vida es. Viven, por tanto, en un zulo pequeñito del tamaño de sus ideas y desde ahí diseccionan la realidad. Al haber conceptualizado su propia existencia, hacen lo mismo con la de todo lo demás, de forma que el resto de seres y cosas pasan a ser un adjetivo, una experiencia o un deseo. La mariposa se convierte en un pin lepidóptero, el bosque en madera y las estrellas en objetos de investigación. Vivir así sólo genera miseria. 

Cuando uno no se ha desidentificado de sus pensamientos puede llegar a creer ciegamente que es burgalés, castellano, español y europeo, cuando en realidad todo eso son sólo ideas. Nadie es una idea, pero mucha gente se cree que es una idea y por tanto intenta defenderla como si fuera él mismo. Cuando este fenómeno se comparte se pasa de un falso yo a un falso nosotros, y lógicamente cualquier cosa que niegue o atente contra esa idea de nosotros será vista como un enemigo. Al aparecer el concepto de enemigo aparecen también los de enfrentamiento, violencia y guerra. 

Sin embargo, cuando dejas de creer en lo que piensas te das cuenta de que pensar es algo que sucede en ti, no algo que tú eres, y por tanto te separas de ello y encuentras otra dimensión de tu existencia que ha trascendido el pensamiento. 

Hasta que esto no suceda en todos los seres humanos, dará igual cuál sea el sistema político vigente, el estadio de evolución tecnológica en el que estemos y la religión con la que comulguemos. Los enfrentamientos seguirán produciéndose y el ser humano seguirá generando dolor y ruina.  Daría incluso igual que Vicente Ferrer fuera elegido como máximo responsable del Fondo Monetario Internacional y Teresa de Calcula presidenta de Corea del Norte; nada cambiaría esencialmente porque no se trata de que un individuo disponga unas ideas -por brillantes que estas sean- y de que los demás las sigan, sino de que todos los seres humanos liberen su identidad de cualquier idea. 

Esto no significa dejar de pensar, sólo significa dejar de creer que uno es lo que piensa, y en esto consiste el siguiente estadio de la evolución humana, un estadio al que que no se llegará de un día para otro, sino guerra a guerra, individuo a individuo, sufriendo,  pasito a pasito, des-pa-ci-to...


lunes, 30 de octubre de 2017

Palabras, vacuas todas



Palabras, vacuas todas,
harapos para las ideas,
meros punteros, jaulas de aire,
veletas que se creen viento.

Emociones, cascadas de ideas
que se despeñan por el cuerpo.
Medias verdades, 
verdades de cuento.

Quietud, silencio,
donde la verdad sueña y flota,
a ti te quiero y a ti vuelvo. 
El resto, pecio en mar rota. 

miércoles, 25 de octubre de 2017

El ego es una mano que sólo sabe ser puño


Pensando pensando y sintiendo sintiendo he llegado a sentipensar que el ego no es malo, es simplemente alguien que no sabe irse. Es como una de esas personas majas pero pesadas de las que ya te has despedido y con las que sin embargo y de repente, por un azar mal calculado, te vuelves a encontrar en el asiento de al lado de un autobús que te lleva muy lejos en un viaje muy largo. ¡No, otra vez este aquí, y sin huida posible! El viaje es la vida, el diálogo con él es un recreo de presunciones, y la huida sería la libertad, o, más bien, la liberación.

En mi opinión, la infancia, la juventud y los umbrales de la adultez -eso que para algunos es siempre un horizonte- sirven para que descubramos qué se nos da bien, cuáles son nuestros talentos, en qué somos buenos. Estos talentos normalmente los descubrimos a través de las loas ajenas. Detectamos que somos brillantes en algo porque cuando lo hacemos los demás nos cubren de alabanzas y nos hacen un traje de halagos. El plan de la lógica sería que después, durante la madurez –ese país de nunca jamás para otros muchos- utilizáramos eso en lo que somos buenos al servicio de los demás, es decir, de todo lo que hay de nosotros mismos fuera de nosotros mismos.

Pero no se ha fotografiado nunca al ego con los brazos abiertos. Aparece siempre recogido y encogido, y su risa es siempre hacia dentro. Cocinamos el pastel con fuego ajeno pero luego lo queremos para nosotros solos, porque está muy rico, porque es nuestro, y porque si lo damos nos quedamos sin él. Luchamos por un empacho a solas y nos perdemos una comida con los amigos. 

No es que el ego sea malo, simplemente es tonto. Es como una liebre que se emocionara y se olvidara de que sólo está para imponer un ritmo a las virtudes, no para ganar la carrera. Alguien que ignora que el verbo ganar es inconjugable sin que al mismo tiempo se conjugue perder, y sobre todo que no entiende que vaciarse no es quedarse sin nada, sino llenarse de acogida.

- 22 de mayo de 2015-

lunes, 11 de septiembre de 2017

Escucha

Hechos: 

Primero: Giordano Bruno fue un astrónomo del siglo XVI que acabó quemado en una hoguera por decir que el Sol era una estrella. 

Segundo: La bomba atómica, que técnicamente es un ejemplo sublime de inteligencia racional, mató a más de doscientas mil personas el 6 de agosto de 1945, lo cual es un ejemplo igualmente sublime de disfunción mental.

Si analizamos la historia del ser humano desde un punto de vista psicológico podríamos con toda tranquilidad decir que presenta un cuadro psicótico severo de deformación de la realidad con acentuada tendencia a la violencia. En fin, un ser loco, peligrosamente inteligente y muy violento. Hay sin embargo en la RAE una acepción del término humano que reza así: Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos. En fin, la única forma de maridar tan opuestos puntos de vista es la esquizofrenia, así que empezamos en la locura y terminamos en ella. Teniendo esto en cuenta yo me pregunto: ¿nos podemos fiar de nuestros propios axiomas sobre la vida con lo esquizofrénicos que estamos?

Hay un axioma en concreto tan comúnmente aceptado que creo que cuando lo superemos nos llamará tanto la atención haber estado sometidos a él como nos la llama ahora que alguien fuera quemado por decir que el Sol es una estrella. Se trata del axioma de las expectativas. En la vida hay que tener expectativas, hay que hacer algo para algo. ¿Cómo vamos a vivir sin expectativas? Eso va contra natura. Nos parece poco menos que una falta de respeto a la vida no tenerlas. No esperar nada de la vida es como no querer desenvolver un regalo, como poner mala cara a una comida cocinada con cariño. ¿Qué tipo de vida es la vida sin expectativas? Así vemos las cosas ahora.

Con la misma claridad con la que sabemos hoy que el Sol es una estrella y que no es él el que gira alrededor de nosotros sino al revés, sabremos también un día -aunque sólo lo sabrán los que quieran saber, claro- que la vida sin expectativas es vida de verdad, en estado puro, y que las expectativas no sirven para vivir, sino para que nos desvivamos. ¿Qué sentido tiene querer algo que no se tiene? -diremos algún día con toda naturalidad.

La vida es un curioso fenómeno que se enuncia en forma pasiva. Cuando llegamos, ella ya está ahí, es decir, que cada uno de nosotros al nacer se incorpora a un proceso que ya está en marcha -el proceso vital- que consiste en que ella se expresa a través de nosotros. La vida como sujeto agente nos utiliza para decir algo. Somos, pues, vividos por la vida. 

Debería vivirse siendo escuchada, dejándose llevar en un baile en el que ella marca los pasos. Ella es el bailarín, tú eres el baile. Es la consecuencia de algo, así que no tiene que hacer nada para completarse, precisamente porque ella es el fin en sí. No se trata, pues, de un ser para, sino de un ser, sin más. 

Si te preocupa la idea de progreso párate a preguntarte qué entiendes por progreso. Probablemente te des cuenta de que lo has confundido con tecnología, pero la tecnología no es progreso, es sólo algo que acelera el paso, y también lo acelera si se va hacia atrás. 

Vivir es escuchar a la vida, y vivir con plenitud consiste en no pedirle nada, precisamente porque es imposible pedir algo mientras se está escuchando, de la misma manera que es imposible espirar mientras se inspira.